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Pedros y Lucas

Me ha mandado un amigo un artículo del insigne médico, Gregorio Marañón, que se titula Pedro y Judas. Se publicó en el diario La Nación de Buenos Aires en septiembre de 1937. Lo he acortado porque es largo… pero precioso

           Tras un relato de ficción un estudiante se encontró con un maestro que había tenido que huir a otra tierra cuando cerraron la escuela. No se atrevió al principio a decirle que todos le habían abandonado, a darle el nombre de cada traidor y los detalles de cada apostasía. Pero como el maestro no pestañeaba se animó: “Maestro, eran todos unos Judas”. Y le contestó: “No, no son Judas, amigo mío, son solamente Pedros. Fíjate en que me han negado, no porque fueran malos, sino porque tenían miedo. El hombre no está hecho para desafiar el peligro más que cuando sus instintos son más fuertes que el miedo. Y ciertamente la dignidad no es un instinto, sino una cualidad brillante que llevamos con una condecoración en las grandes paradas de la humana vanagloria, pero que, cuando pasamos por un trance arriesgado, nos olvidamos de colocar sobre nuestra carne pecadora”

           Renegar no es traicionar y está al alcance de todos los hombres. Reaccionar es más difícil. Aquella sutil y sacrílega traición sólo Judas la pudo cometer. Estaba demasiado cerca de la verdad y la verdad resbaló sobre él como la semilla que cae en la roca. No pudo aliviar, con un granito de generosidad, su infinito resentimiento. Los que me niegan volverán en cuanto el miedo se les pase. Volverán como Pedro y volverán a ser humildes piedras de la escuela. Ni uno sólo es Judas; Pedros y sólo Pedros, cobardes por amor, pero incapaces de traicionar. El discípulo cerró los ojos para oírle, pero en aquel instante un gallo cantó

           

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