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Un camino espiritual compartido

La visita apostólica de León XIV ha sido una experiencia de comunión eclesial. Nos ha invitado a volver a lo esencial, Jesucristo. Y a la responsabilidad social. Dos mensajes relevantes para este sábado, que celebramos nuestra Asamblea Diocesana

Miles de católicos saludan a León XIV en Barcelona

Acabamos de vivir unos días de gracia. La visita apostólica del santo padre León XIV ha sido, ante todo, una experiencia de comunión eclesial. Como los primeros discípulos confirmados por los Apóstoles en la fe, también nosotros nos hemos sentido confirmados en aquello que es esencial: Jesucristo continúa caminando con su pueblo y la Iglesia está llamada a realizar un camino espiritual compartido, convirtiéndose en signo de esperanza en medio de nuestro mundo.

Las palabras del Papa han resonado entre nosotros con la sencillez y la profundidad del Evangelio. Nos ha invitado a volver constantemente a lo esencial: a Jesucristo, centro de nuestra vida personal y comunitaria. En una sociedad marcada a menudo por la rapidez, la fragmentación y la incertidumbre, hemos recibido una llamada clara a profundizar en la vida interior, a recuperar el valor del silencio, de la oración, de la escucha de la Palabra de Dios y de la celebración de los sacramentos. Solo una Iglesia arraigada en el encuentro con el Señor puede llegar a ser realmente misionera.

Doctrina Social de la Iglesia

Al mismo tiempo, su voz ha sido una llamada a la responsabilidad social. Fieles a la Doctrina Social de la Iglesia, hemos sido exhortados a poner en el centro la dignidad de toda persona, especialmente de los pobres, de los migrantes, de quienes sufren la soledad y de todos aquellos que corren el riesgo de quedar excluidos, fruto de una «cultura del descarte». La fe no nos aparta del mundo; nos envía a él como testigos de fraternidad, de justicia y de paz.

Este mensaje adquiere una relevancia especial mientras este sábado, día 13 de junio, celebramos nuestra Asamblea Diocesana. No nos reunimos únicamente para organizar actividades o definir objetivos, sino para discernir qué pide hoy el Espíritu Santo a nuestra Iglesia. La Asamblea es una oportunidad para crecer en la corresponsabilidad, para escucharnos mutuamente y para descubrir juntos los caminos por los que el Señor quiere conducir a nuestra archidiócesis de Tarragona.

La gran pregunta de nuestro tiempo no es solo qué pueden hacer las máquinas, sino qué tipo de humanidad queremos construir

En este contexto, la reciente encíclica del papa León XIV, Magnifica humanitas —que, además, será presentada en el próximo encuentro de formación para todos los presbíteros y diáconos de la Archidiócesis—, nos ofrece una luz particular. Ante los grandes retos de la inteligencia artificial y de la revolución digital, el Papa nos recuerda que la tecnología debe estar siempre al servicio de la persona humana y del bien común. Ningún progreso técnico puede sustituir la conciencia, la libertad, la compasión ni la capacidad de amar. La gran pregunta de nuestro tiempo no es solo qué pueden hacer las máquinas, sino qué tipo de humanidad queremos construir.

Isabel Villavecchia

Por ello, después de estos días intensos, podemos mirar el futuro con confianza. El Papa nos ha confirmado en la fe, la Asamblea diocesana nos invita al discernimiento compartido y el Evangelio continúa siendo nuestra brújula. Que el Espíritu Santo nos conceda la sabiduría para leer los signos de los tiempos, el valor para anunciar a Cristo y la humildad para servir a todos nuestros hermanos y hermanas.

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