Ascensión: Jesús descendió a nuestros infiernos, para ascender con todos a Dios
01. Bajar y ascender: un lenguaje simbólico.
S Lucas narra el relato de la Ascensión de Jesús junto a Dios, (Evangelio y Hechos), S Marcos hace un apunte al final de su evangelio a la Ascensión: el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. (Mc 16, 19).
El evangelista San Mateo no tiene ningún relato de la Ascensión. Las comunidades de la tradición de S Mateo creen en que JesuCristo sigue con ellos hasta el fin de los tiempos.
Podemos pensar que los relatos de la Ascensión (y Pentecostés - Espíritu) no hablan de un hecho histórico. Resurrección y Ascensión son el mismo acontecimiento fragmentado un poco pedagógicamente (liturgia). No es que la Ascensión tuviera lugar el mismo día de Pascua o a los cuarenta días… La Resurrección es, implica la Ascensión.
La Resurrección, la Ascensión y Pentecostés son, pues, aspectos diversos del mismo acontecimiento que es la Pascua. Los celebramos fragmentados como momentos distintos por un poco de pedagogía y otro poco de liturgia para poner de relieve el rico contenido que hay en el hecho de pasar Cristo de este mundo al Padre.
La Resurrección nos habla de que Jesús no permaneció en la muerte (y nosotros tampoco).
La Ascensión expresa que Jesús termina en Dios.
Pentecostés significaque el espíritu de Jesús sigue entre nosotros.
La Ascensión no es, pues, una subida espacial -física- de Jesús, como si fuese un cohete y esa subida le acercaría más a Jesús a Dios. Se trata de un hecho teológico, cristiano narrado en un lenguaje alegórico.
Jesús resucitado ya no está físicamente presente entre ellos -ni entre nosotros-. No está en nuestro espacio y tiempo.
Es un modo de hablar. Jesús es el que ha bajado del cielo: Yo soy el pan que ha bajado del cielo, (Jn 6,51-56). El mismo Jesús (Logos), que ha bajado del cielo, asciende a los cielos.
“Subir” y “bajar” es un lenguaje simbólico, metafórico para hablar de la Encarnación de Cristo. La Palabra de Dios vino, “descendió” anosotros y ahora “asciende” junto a Dios.
Estas consideraciones habríamos de aplicarlas también a nuestras representaciones de Dios. ¿Dónde está Dios? ¿Dónde vive Dios? También habríamos de aplicar estos criterios a muchos “acontecimientos” bíblicos y teológicos. El lenguaje humano, la doctrina, los dogmas son representaciones simbólicas.
La Ascensión del Señor supone la cercanía de JesuCristo con Dios Padre. El “·asunto” Jesús no terminó en la cruz, en la muerte, en el sepulcro, sino en Dios.
02. Jesús descendió a los infiernos, se abrieron los cielos y ascendió junto al Padre.
En el Credo decimos que “Jesús descendió a los infiernos”.
El bautismo de Jesús es el descenso de Jesús a lo más profundo de los infiernos de la miseria humana. Jesús descendió a las zonas más sombrías de la humanidad.
Jesús es solidario con la humanidad y desciende de la plenitud de Dios hasta el abismo de los infiernos humanos.
En el bautismo en el río Jordán a manos de Juan Bautista, el que no era ni tenía pecado, descendió con nuestro pecado a las aguas bautismales.[1] Y cuando Jesús “ha tocado fondo” es cuando los “cielos se abrieron”. Los cielos: la vida, la felicidad, la salvación estaban cerrados. Cuando Cristo comparte nuestros abismos, se rasgan los cielos, se abre la vida, tenemos acceso a la casa del Padre...
Cuando vivimos en el abismo, en el infierno del odio, de las guerras e injusticias, de la maldición y de los mil problemas, Cristo asciende, nos bendice y nos eleva hacia la vida, hacia los cielos.
Es hermoso que S Lucas termine su evangelio diciendo que Jesús se despida de los suyos bendiciéndonos…
01. teó-filo
San Lucas comienza el Libro de los Hechos (primer “diario” de las comunidades cristianas) dirigiéndose a Teófilo, que significa: “amigo de Dios”.
Amigos de Dios somos todos. Dios es nuestro amigo siempre.
Mateo dice que los Once fueron a Galilea. Falta alguien en la Comunidad: Judas.
¿Por qué la Iglesia naciente conserva la memoria de un hombre traidor y fracasado? Quizás porque el ser humano, el creyente y la iglesia ha de contar siempre con el mal, la traición, el fracaso...
Dios es amigo también del fracasado, también del traidor y del suicida, como Judas.[2] Dios siempre es amigo: theos – filos del ser humano. Decía el papa Francisco que para el Dios de Jesús nadie es completamente “des - gracido”.
Es la experiencia cristiana (y humana) más radical: sentirse amigos, queridos por Dios.
En determinadas situaciones y a ciertas edades de la vida, es una dicha vivir pensando que lo más importante de nuestra vida es que Dios es nuestro amigo.
La Ascensión expresa su retorno a Dios, su estar en Dios Padre.
Pentecostés, la presencia del espíritu de Jesús, significa su nueva forma de presencia en la historia.
La Ascensión es una consecuencia de la resurrección, hasta tal punto que la resurrección es la verdadera y real entrada de Jesús en la gloria. Mediante la resurrección Cristo entra definitivamente en la gloria del Padre.
Cristo asciende, nos bendice y nos eleva hacia la vida, hacia los cielos.
Es hermoso que S Lucas termine su evangelio diciendo que Jesús se despida de los suyos bendiciéndonos…
alzando las manos los bendijo. Y mientras los bendecía se apartó de ellos y fue llevado al cielo. (Lc 24,50-51).
04. La última mirada llena de esperanza y de alegría
Lo vieron levantarse, marcharse y dejarles solos en la vida.
Es como la última mirada que dirigimos al ser querido que marcha o que nos deja definitivamente. Y dejas Pastor santo, que dirá Fray Luis de León (1527-1591).
La Ascensión es una fiesta de gran calado por lo que tiene de esperanza definitiva.
Curiosamente dice S Lucas que los discípulos se llenaron de alegría al verle marchar a Jesús…
Es una fiesta en la que intuimos y celebramos nuestro final. Vamos a terminar como Cristo, (y como la Virgen María: Asunción). Y ello es motivo de gran serenidad y alegría.
“Esto” termina bien.
Del cielo no hablamos ya ni los curas, ni los obispos en los funerales. Sin embargo el “final” es decisivo para que el presente tenga sentido.
Hoy en día andamos con grandes devaneos eclesiástico-curiales, litúrgicos, ortodoxias con vocación totalitaria, etc. y quizás no sabemos hacia dónde vamos... Y vamos hacia Ti, morada santa...
El cielo no es un lugar, sino un estado personal en Dios. Nuestro final es el abrazo de Dios a la humanidad.
La Ascensión del Señor es de enorme consuelo. La entendamos como despedida o como permanencia con nosotros: Yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos, esta fiesta, la Ascensión es la fe en la esperanza.
No os quedéis plantados mirando al cielo, pero mirad al cielo
[1] En nuestro modo de hablar humano solemos decir: ¡Qué bajo ha caído tal persona! No nos referimos a un descenso, a una caída física, sino personal.
[2] La lectura cristiana del suicida es que también él muere, como todos, en la misericordia de Dios. Y para Dios no hay nada imposible. Jesús no le increpó nada al buen ladrón, más bien le dijo: amigo, hoy estarás conmigo en el Paraíso.