León XIV, a los cardenales: "La guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios"
El Papa 'abre' el consistorio extraordinario con una misa en San Pedro recalcando que "nuestra colegialidad resume la sinodalidad en la que participan todos los bautizados, en la unidad del pueblo de Dios" y pidiendo ayuda: "La autoridad del primado (...) es propia de quien escucha y solo por eso guía, de quien aprende y sólo por eso enseña"
Tajante, expresivo, rotundo. Hacia dentro, y hacia fuera. Sin menciones a posibles cismas lefebvrianos pero con una llamada directa a la "concordia en la obediencia" y un clamor, uno más, contra la violencia. "La guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios, porque el Creador nos ha dotado de inteligencia y voluntad para resolver los conflictos como seres humanos y no como animales, aun cuando se esté dotados de armas hipertecnológicas. La unidad de la familia humana precede a los pueblos y naciones individuales", señaló León XIV durante la misa de apertura del consistorio extraordinario de cardenales, celebrada a primera hora de la mañana, antes del inicio formal de los trabajos, en la basílica vaticana.
En su homilía, el Papa quiso ofrecer los trabajos del consistorio a Dios y a "las comunidades y los pueblos que llevamos en el corazón, así como los proyectos y las experiencias pastorales, tanto las alegres como las difíciles". "Mientras pedimos a Dios que nos conceda fuerza y sabiduría, resulta significativo que nuestro Consistorio tenga lugar en la víspera de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo", incidió el pontífice, quien pidió seguir el ejemplo de las dos 'columnas' de la Iglesia para "compartir en la fe la verdadera libertad".
"La fe es esa virtud, nunca dada por sentada, que da vida a la Iglesia, porque corresponde a la gracia que nutre los sarmientos de la única vid. La Iglesia viva es la Iglesia que cree, por el don del Espíritu Santo derramado en nuestros corazones: esta es la Iglesia que da mucho fruto", explicó, exigiendo "que demos testimonio de ella con entusiasmo".
Así, clamó por "el don de la paz en la unidad". En la Iglesia, y fuera de ella, pues "mientras invitamos a todos los pueblos a la fe, en la cual somos verdaderamente libres, las tensiones internacionales y los conflictos hieren gravemente a la familia humana". No hizo una mirada apocalíptica Prevost. Más aún, agradeció cómo "se multiplican en la Iglesia y en el mundo iniciativas y experiencias que llaman al respeto de la dignidad humana, de la justicia, del derecho, en pocas palabras, de lo que es humano".
La Iglesia, al anunciar el Evangelio entre alegrías y persecuciones, nunca toma partido: es para todos, y a cada uno dirige una misma palabra de conversión y de salvación
"Esto es motivo de esperanza", proclamó, porque "cuando se hiere a este signo, todos somos heridos. Cuando se corrompe, todos sufrimos las consecuencias. Cuando se le aniquila, todos nos sentimos desgarrados". Por eso, subrayó, "la guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios, porque el Creador nos ha dotado de inteligencia y voluntad para resolver los conflictos como seres humanos y no como animales, aun cuando se esté dotados de armas hipertecnológicas".
"La unidad de la familia humana precede a los pueblos y naciones individuales", insistió, citando varios párrafos de Magniífica Humanitas. "La paz es un deber de justicia porque somos una única familia humana, una magnifica humanitas que halla en Cristo a su único jefe y redentor". Como sucediera en plena Guerra Fría, "el testimonio cristiano se convierte en profecía de un mundo nuevo, en evangelización y servicio, en un proyecto cultural y social que promueve de manera integral el desarrollo humano". "La Iglesia, al anunciar el Evangelio entre alegrías y persecuciones, nunca toma partido: es para todos, y a cada uno dirige una misma palabra de conversión y de salvación", recalcó el Papa.
Finalmente, invitó a los cardenales a que "disfrutemos hoy y siempre de la concordia en la obediencia, es decir, en la escucha que reconoce el don del Verbo, hecho carne por nosotros", a través del cual el Espíritu guía a la Iglesia, "señalándonos Él mismo los problemas y las oportunidades pastorales, purificando las intenciones y corrigiendo lo que se desvía del camino común".
"La sinodalidad y la colegialidad son, en efecto, formas de la fraternidad cristiana que nos une como bautizados y como obispos"
En este sentido, el Papa reivindicó "la puesta en práctica del Sínodo, por la que nos estamos esforzando", que "invita a todos a avanzar en la unidad de la fe, en la promoción de la paz y en la obediencia a la Palabra viva, que es Jesús". "Cuando se marchitan las ideologías del mundo, el Espíritu Santo hace florecer en la Iglesia la comprensión fraterna, la caridad y el impulso misionero", subrayó León XIV, quien animó a "trabajar juntos", pues así "nuestra colegialidad resume la sinodalidad en la que participan todos los bautizados, en la unidad del pueblo de Dios".
"La sinodalidad y la colegialidad son, en efecto, formas de la fraternidad cristiana que nos une como bautizados y como obispos", cerró el Papa, quien insistió en que "la ayuda que puedan prestarme en el ejercicio del ministerio petrino encuentra en mí a quien pide, no a quien manda. La autoridad del primado, de hecho, es propia de quien escucha y solo por eso guía, de quien aprende y sólo por eso enseña, siempre siguiendo al único Maestro".