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Subió al monte a solas para orar

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En este domingo 19 del tiempo ordinario la liturgia de la palabra nos invita a contemplar y sentir la presencia de Dios en medio de nuestro caminar cotidiano.

En la primera lectura del libro de los Reyes, al entrar Elías a la cueva y ser invitado a salir y ponerse sobre el monte para reconocer la presencia de Dios, Elías distingue que Dios no está en el fuego, ni el terremoto ni en el vendaval sino en la brisa suave.

Transfiguración

En el evangelio de Mateo, los discípulos avanzan en la barca en medio de vientos contrarios, el cual se sigue manifestando cuando Jesús se acerca caminando por aguas y Pedro le dice: si eres tú, mándame ir a ti caminando.

Jesús hace que camine Pedro sobre las aguas, pero Pedro aún no supera sus miedos y apenas siente el viento fuerte comienza a hundirse y pide auxilio a Jesús para que lo rescate. Jesús lo rescata y sube con ellos a la barca y todo se calma, y se sienten seguros, una vez que Jesús sube con ellos a la barca.

A Pedro le hizo falta la confianza.

Al ir Pedro caminando hacia Jesús sobre las aguas, se revela que es Jesús el que está ahí caminando sobre el agua, pero el viento fuerte vuelve a hacerse presente, ese viento que ya había hecho que los discípulos tuvieran miedo y sintieran terror. lo mismo sucede en la manifestación del fuego, terremoto y viento huracanado en el monte con Elías.

El miedo, la angustia, la desesperación la vivimos en diferentes momentos de la vida, sobre todo cuando creemos que Dios no está con nosotros en la barca y que nos cansamos en las contrariedades y sentimos que no alcanzamos a llegar a nuestro destino o nuestras metas.

San Pablo en la carta a los Romanos, nos expresa la gran tristeza que taladra su corazón y su ánimo por los israelitas, de cuya carne, nace Jesús.

Pablo desea el mayor bien para los de su raza y desea sacrificarse él mismo con tal de que los de su raza obtengan el mayor bien.

Cuando se ama sinceramente, lo único que se desea es el mayor bien para los que son amados.

Jesús siente tristeza y angustia cuando comienza la prueba de su pasión, al estar orando en el huerto de los olivos.

Sin embargo, en medio de esta prueba, Jesús dice: que no se haga como yo quiero, sino que se haga Tu voluntad.

No es fácil caminar, en la ofrenda de nuestra vida, en medio de la tristeza, la angustia, la desesperación, pero no hay que dejar de ver la cercanía de Dios, su manifestación, como le pasa a Jesús, que, en el monte de los olivos, al orar con dolor y angustia, vienen los ángeles a consolarlo.

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