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Liturgia del 4º DOMINGO ORDINARIO 2026 (A)

"Una Misa para iluminar y mover, sin dar órdenes a Dios"

Pobres

Comentario inicial:

¡Ojalá esta Misa sirva para iluminar y mover, no solo a los fieles, sino a los Sacerdotes que la celebran y presiden!

Negar al Dios verdadero, que lo tiene TODO hecho y bien hecho, y no le falta nada por hacer, cambiándolo por un "dios cicatero" al que hay que estar constantemente tirándole de la manga y diciéndole lo que tiene que hacer es un enorme sacrilegio.

Lo que necesitamos los fieles es que nos animen a seguir la LUZ de Jesús y a tomar decisiones sabias, a hacer lo que NOSOTROS debemos hacer, sabiendo que estamos habitados, iluminados y fortalecidos desde dentro, aunque nada pidamos.

TODO lo que ocurre en este mundo depende de NOSOTROS. Y cuánto me gustaría que me ayudaran a no errar, a encontrar el Camino, la Verdad y la Vida.

Pero están empeñados en que el "dios de la manga" nos saque las castañas del fuego y nosotros a vegetar y decir amén. Así salimos de Misa igual que entramos, con la indiferencia y la pasividad pegadas al cumplo y miento.

La gente, toda la gente, busca LUZ para su vida concreta y MOTIVACIÓN para esforzarse en el camino humano, recto y coherente.

¿Cuándo despertaremos? ¿Nos ayudarán o seguirán con sus rúbricas sin sentido común?

Con todo mi cariño

El amor permanente y entrañable de Dios Padre, que nos habita y sostiene, la presencia luminosa de Jesús Resucitado, su Luz y el impulso de su Espíritu están con todos vosotros.

MONICIÓN DE ENTRADA

El mensaje de hoy, las Bienaventuranzas, es quizás la página más desconcertante, provocativa y desafiante de la Buena Noticia, del Evangelio de Jesucristo; es justamente el corazón del mismo.

Jesús expone su programa y nos plantea con claridad que son realidades que se pueden alcanzar en esta vida y que no se trata de circunstancias irrealizables que solo se podrán contemplar en el Cielo, en la Vida Futura. Simplemente se trata de cambiar la mentalidad que el mundo nos propone y vivir, no pensando solamente en nuestra propia felicidad, sino buscando también la felicidad de los demás. Celebremos pues esta Eucaristía unidos a Jesús y unidos entre nosotros.

ACTO DE RECONOCIMIENTO

Jesús no solo nos propone su programa sino que en muchas ocasiones nos recuerda que Dios Padre nos ha dado las herramientas y medios para llevarlo a cabo: son los dones y cualidades que tenemos. Los reconocemos y le damos gracias.

Queremos comprometernos a vivir el don de la Paz, tanto interior, sintiéndonos habitados por Tí, como exterior, contribuyendo a sembrarla en los demás. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Queremos comprometernos a vivir el don del Amor, descubriendo cada día el gran amor que nos tienes y viviéndolo con los hermanos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Queremos comprometernos a vivir el don de la Bondad y la Ayuda, ayudándonos a nosotros mismos a progresar en nuestra realización personal y ayudando a los demás en todo lo que podamos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Dios Padre Amoroso tiene misericordia de nosotros, comprende nuestros fallos y nos guía de su mano a la vida eterna. Amén

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo….

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú tienes piedad de nosotros...

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú atiendes nuestras súplicas

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,  Tú tienes piedad de nosotros…

ORACIÓN COLECTA

Feliz seré…

…si soy sencillo y no miro con envidia

…si consuelo al que está triste,

…si ayudo al que sufre

…si echo una mano al que lo necesita

…si trabajo por un mundo mejor

…si regalo perdón a todos.

Feliz soy…

…porque Tú me haces feliz, Señor.

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13

Buscad al Señor, los humildes, que cumplís sus mandamientos; buscad la justicia, buscad la moderación, quizá podáis ocultaros el día de la ira del Señor. «Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.»

Palabra de Dios

SALMO 145

R.- DICHOSOS LOS POBRES EN EL ESPÍRITU, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS.

El Señor hace justicia a los oprimidos,

da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos. R.-

El Señor abre los ojos al ciego,

el Señor endereza a los que ya se doblan,

el Señor ama a los justos,

el Señor guarda a los peregrinos. R.-

El Señor sustenta al huérfano y a la viuda

y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,

tu Dios, Sión, de edad en edad. R.-

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios 1, 26-31

Hermanos:

Fijaos en vuestra asamblea: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y así --como dice la Escritura-- «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

Palabra de Dios

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1- 12a

R/Gloria a tí Señor

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

– Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

– Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

– Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

– Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

– Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

– Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

– Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

– Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

– Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Palabra del Señor.

Gloria a tí Señor Jesús

HOMILÍA

Ya puede cambiar la Historia, avanzar la técnica, alterarse las fronteras, inventarse nuevas dietas, variar los regímenes políticos de nuestro mundo…: Los hombres de todos los tiempos han buscado y buscarán la felicidad. Cuanto más duradera, mejor. En esto no hay cambios. Y la buscan por muchos caminos. Pero ¡hay tantos que no la encuentran, y que parece que no tienen derecho a ser felices!

Por eso titulamos esta reflexión, LA SINFONÍA DE UN NUEVO MUNDO.

Jesús el Maestro se «mudó» a nuestra tierra, y se encontró con la «orquesta» del mundo bastante desafinada. Cada instrumento había cogido «el tono» que le había dado la gana, e interpretaba la partitura que más le apetecía. ¡Todo ruido!

Poco a poco los «músicos» se habían ido acostumbrando a que «sonara así», y hasta se olvidaron que podría «sonar bien», de otra manera. Se han olvidado de cómo se afinan y acompasan los «instrumentos». Y se multiplican los «directores» de orquesta, cada uno con «su tema», aumentando el «desconcierto» (nunca mejor dicho).

Y el Maestro se ha dicho a sí mismo:¡Que no! ¡Que así no podemos seguir!

Al echar un vistazo a los encargados de cada grupo de voces y cuerdas (los Sacerdotes, Legisladores, Gobernantes y Políticos…), los encontró bastante «des-concertados»: Los unos se han metido en sus templos y se han dedicado a las liturgias y las disquisiciones teológicas, a las condenas y exclusiones.

Los otros parece que legislan más pensando en sí mismos que en el bien y la justicia para las gentes. Y los pobres, los enfermos, los parados en las plazas de todos los pueblos, los niños, las mujeres… ¡qué solos y qué desesperanzados! Espectadores de la última fila del patio de butacas, con la consigna de que se estén callados. ¿Qué hacer?

El Maestro se fue a buscar ayuda. Menos mal que pudo encontrar algunos corazones limpios, personas dispuestas a nacer de nuevo, idealistas y utópicos, soñadores con los pies en la tierra. En definitiva discípulos que le ayudaran a interpretar la Sinfonía del Mundo Nuevo

Los llama con autoridad y con prisa: – Déjalo todo, ven y sígueme. Olvídate de las viejas redes, del pescado maloliente, de ese charco grande de Galilea, deja de una vez tus monedas y ven… ¡Hay mucho que hacer!

Con todos ellos sube a lo alto de un Monte (como Moisés), y empieza a gritar como voz en el desierto del mundo, entonando los primeros acordes de su sinfonía, para todos aquellos que estén dispuestos a afinar sus instrumentos, o quieran aprender a tocar con él (a nacer de nuevo, con Aires Nuevos). Suenan los acordes de su escala de 9 notas en clave de «Bienaventuranza». Los hemos escuchado en el Evangelio de hoy.

Las Bienaventuranzas son un retrato, un perfil del estilo de vida que Jesús llevó y quiere que nosotros imitemos. Como perfil nos concretiza las características de ese estilo de vida: austeridad, mansedumbre, compasión, justicia, misericordia, sinceridad, humildad, coherencia, apertura, cercanía… En suma, las Bienaventuranzas nos describen el perfil de una “buena persona”, de una persona “muy humana” (honrada, bondadosa y solidaria).

El que cumple este perfil es feliz, dichoso. Y la razón de esta felicidad es: porque en ello encuentras a Dios, formas parte de su Reino. Las Bienaventuranzas son el camino para descubrir a Dios en ti mismo (tu bondad, tu parte divina) y en los hermanos con quien Dios se identifica y encarna, “a mí me lo hiciste”.

Las Bienaventuranzas y el Reino de Dios se dan la mano. En la formulación de cada bienaventuranza hay dos partes: Lo que exige y lo que promete. Exige: imitar el estilo de vida de Jesús, llevar una vida austera (pobre, no mísera), renunciar a la violencia, com-padecerse con los otros, autenticidad de entrega y disponibilidad, misericordia, justicia etc… 

Promete: tu plenitud humana y divina (humanidad divina), es decir, el Reinado de Dios en ti. Esto te hace feliz porque has encontrado el tesoro escondido, Dios en ti; porque te pareces a Dios; porque tu vida tiene sentido; porque has hallado razones para vivir.

CREDO

Sacerdote.- ¿Creéis en Dios, que es nuestro Padre, que ha hecho todas las cosas y nos cuida con amor?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en Jesucristo, que ha puesto su Morada entre nosotros, para hacernos conocer a Dios Padre?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en el Espíritu Santo que vive entre nosotros, y anima a la Iglesia y a todos para hacer un mundo mejor?

Todos. Sí, Creemos.

Sacerdote: ¿Creéis en la resurrección y en la Vida eterna, que ya comenzamos a disfrutar aquí y disfrutaremos plenamente al final de nuestro camino por esta vida?

Todos. Sí, Creemos.

ORACIÓN UNIVERSAL

Hermanos, las bienaventuranzas nos dibujan el perfil de los seguidores de Jesús de Nazaret. Oremos.

Agradecemos Jesús tus bienaventuranzas

• Dichosos los que eligen ser austeros. Nos invitan a que nuestra Iglesia sienta siempre la llamada a alejarse del poder, a ser humilde con los humildes.

Agradecemos Jesús tus bienaventuranzas

• Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia. Nos invitan a que los creyentes seamos anuncio y denuncia, que trabajemos en favor de la igualdad, la justicia y la paz.

Agradecemos Jesús tus bienaventuranzas

• Dichosos los que prestan ayuda. Nos invitan a que todos nosotros seamos próximos con quienes sufren en los hospitales y en la soledad de sus casas.

Agradecemos Jesús tus bienaventuranzas

• Dichosos los limpios de corazón. Nos invitan a que estrenemos mirada y corazón, que acertemos a ver lo bueno, lo bello, lo posibilitador de cada persona.

Agradecemos Jesús tus bienaventuranzas

• Dichosos los que trabajan por la paz. Nos invitan a que sintamos con fuerza la llamada a la unidad universal y que seamos siempre fuente de bien y paz.

Agradecemos Jesús tus bienaventuranzas

Padre bueno, agradecemos infinito darnos cuenta cómo en Jesús se encarna cada una de las bienaventuranzas que él proclamaba y sentir la llamada a seguir sus huellas. El que vive por los siglos de los siglos. Amén

En el momento de presentar la OFRENDA de toda la Iglesia oremos a Dios Padre Misericordioso

El Señor reciba de tus manos esta OFRENDA

ORACIÓN OFRENDAS

Estamos delante de Ti, Señor, para ofrecerte el vino y el pan, que simbolizan la vida de todos los hombres, mujeres, jóvenes y niños, su trabajo, sus alegrías y tristezas. Te presentamos estos dones y nuestro compromiso de trabajar para que sean Pan de Vida y Bebida de Salvación para todos los seres de la tierra.

A ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

PREFACIO

El Señor está con vosotros  

Y con tu Espíritu

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor

Damos gracias al Señor nuestro Dios

Es justo y necesario

Te damos gracias, Dios y Padre Nuestro,

porque a través de tu Hijo Jesús,

has querido compartir

las alegrías y los sufrimientos de los hombres.

Durante su vida en esta tierra,

recorrió los pueblos de Palestina,

anunció las Bienaventuranzas,

ayudó y socorrió a los enfermos,

y estuvo al servicio de los necesitados.

Le seguía una gran muchedumbre

y los atendía con amor y cariño.

No sólo llamó bienaventurados a los sencillos,

a los que sufren, lloran, padecen hambre,

son perseguidos por causa de la justicia,

sino que también Él fue sencillo,

lloró y fue perseguido

hasta ser condenado a muerte

y ser ajusticiado en una Cruz.

Por eso es el Bienaventurado entre los Bienaventurados.

Nosotros ahora, nos unimos a los Santos,

y a la personas de buena voluntad

para entonar un himno de alabanza

diciendo:

SANTO, SANTO, SANTO…

CONSAGRACIÓN Y PLEGARIA

Bendito sea Jesús, tu enviado

el amigo de los niños y de los sencillos.

Él vino para enseñarnos

cómo debemos amarte a Ti

y amarnos los unos a los otros.

Él vino para arrancar de nuestros corazones

el mal que nos impide ser amigos

y el odio que no nos deja ser felices.

Él ha prometido que su Espíritu Santo

estará siempre con nosotros

para que vivamos

como verdaderos hijos tuyos.

 

Recibimos tu Espíritu con alegría

para que santifique este pan y este vino y

se conviertan para nosotros

en el sacramento del Cuerpo y + la Sangre de Jesús, 

 

El mismo Jesús,

poco antes de morir,

nos dio la prueba de tu Amor.

Cuando estaba sentado a la mesa con sus discípulos, tomó el pan,

dijo una oración para bendecirte y darte gracias,

lo partió y lo dio a sus discípulos, diciéndoles:

 

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros.

 

Del mismo modo, tomó el cáliz lleno de vino,

te dio gracias con la plegaria de bendición

y lo pasó a sus amigos, diciendo:

 

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por todos los hombres

para iluminar vuestras vidas.

Haced esto en conmemoración mía.

 

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

 

Por eso, Padre bueno, recordamos ahora

la resurrección de Jesús, el Salvador del

mundo, y renovamos nuestra fraternidad

Él se ha puesto en nuestras manos

para que te lo ofrezcamos como ofrenda nuestra

y junto con él nos ofrezcamos a ti.

Tú nos escuchas, Señor Dios nuestro;

y nos das tu Espíritu de amor

a los que participamos en esta comida,

para que vivamos cada día

más unidos en la Iglesia,

con el santo Padre, el Papa León,

con nuestro Obispo N...,

los demás obispos,

y todos los que trabajan por tu pueblo.

 

No nos olvidamos de las personas que amamos

ni de aquellas a las que debiéramos querer más.

 

Te damos gracias porque nuestros

hermanos difuntos… familiares

amigos y miembros de nuestra Comunidad

están ya contigo en Tu casa del Cielo.

 

Y un día, nos reuniremos contigo,

con María, la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, su esposo San José, los santos

y todas las personas de bien

para celebrar la gran fiesta del cielo.

Entonces, todos los amigos de Jesús, nuestro Señor, podremos cantarte sin fin. 

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

PADRENUESTRO

 

PADRE Y MADRE NUESTRA

EN QUIEN SOMOS Y VIVIMOS.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo

TÚ NOS DAS HOY 

NUESTRO PAN DE CADA DÍA.

TÚ PERDONAS NUESTROS PECADOS

Y NOSOTROS QUEREMOS PERDONAR

A LOS QUE NOS OFENDEN.

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amén.

Señor tú nos ayudas a vencer nuestros males.

Tú que dijiste a tus apóstoles : “la paz os dejo,

la paz os doy”, no tienes en cuenta nuestros 

pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra nos das la paz y la unidad. Tú que vives

por los siglos de los siglos. Amén.

CORDERO DE DIOS

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú NOS DAS la paz

Jesús nos invita a ser pan partido y repartido para los demás.

ORACIÓN FINAL

Señor Jesús,

gracias porque tus Palabras me animan:

¡Bienaventurados! ¡Dichosos! ¡Felices!

¡Qué bonito!

Si eso es lo que quiero,

es lo que me gustaría que todos alcanzasen.

Tus Palabras, Señor Jesús, son aire fresco

de esperanza, novedad permanente.

Como Tú decías, esencia del Reino de Dios;

aunque, a decir verdad, no cuadran

en mi mundo, desentonan totalmente.

Cuando me paro y me fijo en tu Persona

en tus acciones, en tus reacciones,

en tu manera de vivir

descubro que Tú viviste cada una

de estas Bienaventuranzas:

Y, Tú, Señor Jesús, impúlsanos

para que, como Tú hacías, penetrados de tu Espíritu,

trabajemos por un mundo en el que se llore menos,

en el que todos tengan lo que necesitan

para vivir dignamente,

en el que no haya injusticias,

en el que no existan guerras,

en el que no se necesite el perdón

porque no hay ofensas, etc.

Así sea.

BENDICIÓN

El Señor os bendice, os guarda

y en sus palmas os lleva tatuados.

Os acompaña en todos los caminos.

Y hace prósperas las obras de vuestras manos.

Sentíos siempre abrazados y bendecidos por este Dios enamorado,

Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Amén.

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