Cardenal Ambongo: "La RD del Congo necesita comunión"
Con estas palabras, el arzobispo de Kinsasa acogió la decisión del presidente Tshisekedi de iniciar un diálogo entre la población, anunciada a mediados de julio. El purpurado quiso mostrar de inmediato el apoyo personal y de toda la Iglesia a un proceso que la sociedad civil y la propia Iglesia venían pidiendo desde hacía tiempo.
(Luca Attanasio / Vatican News).- «El Congo necesita comunión». Con estas palabras, el cardenal Fridolin Ambongo Besungu, arzobispo de Kinsasa, acogió la decisión del presidente Félix Tshisekedi de iniciar un diálogo inclusivo entre la población de la República Democrática del Congo (RDC), anunciada a mediados de julio.
El purpurado quiso mostrar de inmediato el apoyo personal y de toda la Iglesia a un proceso que la sociedad civil y la propia Iglesia venían pidiendo desde hacía tiempo. La iniciativa fue definida por el cardenal como un paso fundamental hacia el fortalecimiento de la unidad nacional, en un momento en que el país continúa afrontando situaciones de inseguridad y agresiones externas, y que llega «al término de nuestras conversaciones con el jefe de Estado, quien propuso iniciar un diálogo entre los hijos y las hijas del Congo, un diálogo inclusivo».
El compromiso por el diálogo
La Iglesia católica, siempre en primera línea en la búsqueda del diálogo y de la colaboración nacional, está muy implicada y comparte con otras confesiones el compromiso de salvaguardar un espacio libre de diálogo. «El diálogo —explica a los medios vaticanos el padre Aurélien Kambale Rukwata, presidente de la Comisión diocesana para la Justicia y la Paz de la diócesis de Butembo-Beni, provincia de Kivu del Norte— siempre es positivo, porque nos permite armonizar nuestras opiniones y encontrar un consenso, dado que el país nos pertenece a todos.
Hay que subrayar que este diálogo, tal como ha sido convocado, es una iniciativa de la Conferencia Episcopal del Congo y de la Iglesia de Cristo en el Congo (protestante, N. de la R.), las dos principales Iglesias del país. Creo que ya es un paso significativo que estas dos grandes confesiones religiosas puedan unirse para hablar con una sola voz sobre el bienestar de la población. Otro punto clave, en mi opinión, es que este diálogo debería nutrirse de las experiencias del pasado; pienso en particular en la Conferencia Nacional Soberana, y aprender de aquello que entonces no funcionó».
Predomina el pesimismo
La RDC vive desde hace mucho tiempo gravísimas tensiones. Solo el año pasado, casi diez millones de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares a causa de los enfrentamientos armados. La inmensa mayoría de ellas se encuentra en la parte oriental del país, donde hay más de 100 grupos armados y donde está en curso una verdadera ocupación por parte de milicias como el M23, apoyadas por Ruanda. La cuestión, por tanto, va más allá de las fronteras nacionales y exige abordar temas de relaciones internacionales.
«Esperamos que el diálogo produzca un amplio consenso interno —retoma el padre Rukwata— porque está previsto que, si todos lo aceptan, posteriormente se pueda dialogar con los países vecinos. No podemos olvidar que el Congo está dividido y que esta situación se debe en gran medida a la ocupación en curso en Kivu del Norte y Kivu del Sur por parte de la AFC-M23».
En los últimos meses, la intervención de potencias extranjeras como Qatar y Estados Unidos y la posterior apertura de mesas de negociación entre la RDC y el M23, y entre la RDC y Ruanda, habían suscitado algunas esperanzas. Pero los escasos resultados y la aparente disminución del interés de Doha y Washington están haciendo que predomine el pesimismo.
El nudo de la inseguridad
«Los procesos de Doha y de Washington —explica Stewart Muhindo, activista de la organización Lucha, entre las 67 organizaciones de la sociedad civil que en diciembre firmaron un llamamiento a favor de un diálogo nacional— no han producido resultados concretos.
Los compromisos asumidos por los diversos actores no se respetan y la situación, en términos de seguridad y humanitarios, continúa empeorando, con consecuencias directas para la población civil. Hoy, aún más, se necesita un diálogo nacional inclusivo que involucre realmente a todos, independientemente de la orientación política o militar, comenzando por la sociedad civil. Si los participantes proceden de todos los sectores de la sociedad, las resoluciones surgidas del diálogo podrán aplicarse fácilmente y en todas partes, incluidos los territorios controlados por los grupos armados».
El drama humanitario lo viven en particular las familias indígenas que, desplazadas, han encontrado refugio en Mambasa (ANSA) (ANSA)
Débiles atisbos de negociaciones
Pero el camino del diálogo nacional, aunque sea el que tiene mayores probabilidades de éxito y sea capaz de atraer un consenso transversal, ya encuentra diversas dificultades. «Por el momento —indica asimismo Muhindo— es difícil saber cuándo comenzará el diálogo; el decreto de convocatoria aún no ha sido publicado y las partes interesadas parecen no haber llegado todavía a un acuerdo sobre quién participará en la mesa, dónde se celebrará, qué presupuestos deberán tenerse en consideración, etcétera. A la luz de las dificultades actuales, aún pasarán meses antes de llegar efectivamente al diálogo».
Sin embargo, en las últimas horas, la República Democrática del Congo y el M23 han acordado una hoja de ruta para las conversaciones de paz, según una declaración conjunta publicada por Suiza después de haber acogido las negociaciones.