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Tras las críticas a Anselm Grün, su centro de ayuda a sacerdotes asegura que desde 2010 no admite a agresores sexuales

Corinna Paeth, responsable del centro vinculado a Anselm Grün, detalla los protocolos actuales, el rechazo a ciertos perfiles y la imposibilidad de investigar casos antiguos por el secreto profesional y la destrucción de archivos.

Foto: Recollectio-Haus

En Alemania, la Iglesia católica lleva más de una década confrontando una profunda crisis por los casos de abusos sexuales a menores y personas vulnerables. En ese contexto, un centro de retiro para sacerdotes y religiosos agotados ha vuelto a centrar la atención mediática. Se trata del Recollectio-Haus, situado en la abadía benedictina de Münsterschwarzach, en la región de Franconia (Baviera). Allí, monjes y psicólogos ofrecen acompañamiento espiritual y psicológico a clérigos en crisis. Su figura más conocida es el padre Anselm Grün, monje benedictino de 81 años y autor de libros de espiritualidad que han vendido millones de ejemplares en todo el mundo.

La controversia se reavivó a principios de septiembre de 2026 a raíz de un informe de la comisión independiente de investigación de abusos del arzobispado de Paderborn, según publicó el medio católico alemán katholisch.de en un reportaje de Michael Althaus (KNA) el 10 de septiembre.

El caso de los años noventa que reabre heridas

De acuerdo con ese informe y estudios históricos previos, en 1990 un vicario de la diócesis de Paderborn habría realizado actos sexuales con un joven de 16 años durante una actividad eclesiástica. El sacerdote lo reconoció en el procedimiento penal y recibió una orden penal. Tras la denuncia de la familia, la diócesis lo envió a una larga estancia en el Recollectio-Haus, fundado apenas un año antes por Grün y el psicólogo Wunibald Müller.

Documentos de la época recogen que, en una conversación de junio de 1992 entre Grün, el sacerdote y el responsable de personal de Paderborn, el monje habría confirmado que el clérigo no tenía orientación homosexual y se habría mostrado abierto a que pudiera volver a ejercer la pastoral, incluso sugiriendo un posible traslado a la diócesis de Wurzburgo. El sacerdote terminó trabajando allí entre 1992 y 2009, y después en Erfurt.

P. Anselm Grün OSB | Foto: Recollectio-Haus

Grün negó inicialmente recordar el caso y afirmó que nunca daba recomendaciones de ese tipo. Sin embargo, la abadía de Münsterschwarzach matizó después esa reacción: reconoció que el monje se había mostrado favorable a un nuevo destino pastoral, aunque la iniciativa, según el monasterio, partió de Paderborn. El consejo de afectados de la Conferencia Episcopal Alemana ha pedido una investigación independiente para aclarar si el centro facilitó en el pasado el regreso a la pastoral de otros acusados o condenados por abusos. La abadía responde que no es posible por el secreto profesional de las terapias y porque los archivos más antiguos ya han sido destruidos al cumplirse los plazos legales de conservación.

En sus primeros años, el Recollectio-Haus sí acogió a personas con antecedentes de agresiones sexuales. El punto de inflexión, según el monasterio, fue 2010. Ese año se hicieron públicos los graves casos de abusos sistemáticos ocurridos en las décadas de 1970 y 1980 en el Canisius-Kolleg, un prestigioso colegio jesuita de Berlín. El entonces rector de la escuela, el padre Klaus Mertes, envió una carta a cientos de antiguos alumnos pidiendo que rompieran el silencio; al hacerse pública, desencadenó una oleada de denuncias en todo el país. Fue el detonante del gran escándalo de abusos en la Iglesia católica alemana: a partir de entonces se multiplicaron las revelaciones en diócesis y órdenes religiosas, se crearon comisiones de investigación, se revisaron las directrices internas y muchas instituciones dejaron de admitir a clérigos acusados o condenados por abusos sexuales. El Recollectio-Haus se sumó a ese cambio y desde entonces no acepta a quienes hayan cometido ese tipo de delitos.

Las reglas actuales, según la directora del centro

En este escenario, la actual directora del Recollectio-Haus, la psicóloga clínica Corinna Paeth (que trabaja allí desde 2016), explicó en una entrevista publicada el 18 de septiembre de 2026 en katholisch.de (Christina Denk) cómo funciona hoy la casa y por qué las normas son mucho más estrictas.

Corinna Paeth | Foto: Recollectio-Haus

Paeth es rotunda: actualmente no admiten a personas que hayan cometido abusos sexuales. La razón principal es proteger a los demás participantes. En un grupo de terapia y convivencia, la presencia de un agresor podría retraumatizar a víctimas que también acuden buscando ayuda. Desde poco después de 2010, y según el propio Grün durante unos 15 años, no se ha aceptado a nadie con ese historial. Paeth afirma que en su etapa no ha conocido ningún caso de ese tipo.

Si en la entrevista previa surge la sospecha de un abuso, el centro intenta mantener el contacto para animar a la persona a acudir a la policía, pero no puede asumir esa labor y se limita a derivar. A veces la información completa no sale en el primer encuentro, sino más adelante por vergüenza o miedo. Si se confirma un caso durante la estancia, el equipo interrumpe el curso, pide la autorización para romper el secreto profesional y contacta con el responsable de personal de la diócesis correspondiente. El objetivo es evitar que ese sacerdote vuelva a ser destinado a labores pastorales. Si la persona no autoriza la comunicación y no hay peligro inmediato para terceros, no pueden avisar ni a la policía ni a la diócesis, pero en ningún caso continúan el tratamiento.

Cómo detectan problemas y qué perfiles rechazan

Para detectar posibles irregularidades, el equipo combina conversaciones individuales con la observación en terapia de grupo y en la vida cotidiana. Se reúnen semanalmente para comentar los casos (espirituales, psicólogos y terapeutas creativos). Además, las psicólogas realizan supervisiones externas y sesiones de intervisión (reuniones entre colegas para revisar mutuamente su trabajo), además de formación continua. Hay perfiles que no atienden: depresiones graves con riesgo de suicidio, adicciones activas, trastornos del espectro esquizofrénico o pedofilia.

Equipo terapéutico del Recollectio-Haus | Foto: Recollectio-Haus

Respecto a Anselm Grün, Paeth lo describe como una persona íntegra y responsable con los huéspedes. Considera posible que en los años noventa un paciente no hubiera dicho toda la verdad, algo que puede ocurrirle a cualquier terapeuta. Hoy el centro solo ofrece recomendaciones a las diócesis (si el interesado lo autoriza) sobre lo que necesita el clérigo para recuperarse tras un agotamiento, por ejemplo. La decisión final sobre si puede volver a ejercer la corresponde exclusivamente al obispado.

Abuso de poder y límites de la investigación histórica

Sobre la orientación sexual, Paeth recuerda que desde 1991 la homosexualidad no se considera trastorno. Puede abordarse en las conversaciones si genera sufrimiento, pero no es un criterio para las recomendaciones a las diócesis. En cambio, sí aparece con frecuencia el tema del abuso de poder, el abuso emocional o el abuso espiritual, casi siempre desde la perspectiva de quienes lo han sufrido. En algún caso el equipo ha detectado tendencias manipuladoras y las trabaja en terapia; si hay autorización, las comunica al responsable de personal con sugerencias de acompañamiento posterior. Paeth no conoce ningún caso en el que un sacerdote con esas tendencias detectadas en el centro haya vuelto a ser destinado.

Sobre la petición de investigar casos antiguos, la directora reconoce la voluntad de colaborar, pero insiste en el problema práctico: los archivos más viejos ya no existen por los plazos legales de conservación (alrededor de diez años). El periodo que más interesa al Consejo de Víctimas es precisamente el que no cuenta con documentación.

El caso ilustra la evolución de las prácticas eclesiales alemanas frente a los abusos: de una época en la que a veces se priorizaba la reinserción pastoral del clérigo acusado a un enfoque actual centrado en la protección de posibles víctimas y en la exclusión de agresores de estos espacios de ayuda. El Recollectio-Haus, pensado originalmente para sacerdotes quemados, se ha convertido en un ejemplo de cómo las instituciones religiosas alemanas intentan —con retraso, según los críticos— ajustar sus protocolos a las exigencias de transparencia y prevención surgidas tras las grandes revelaciones de 2010.

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