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Un desahucio contra el Evangelio

El exsodálite Jaime Baertl niega haber cometido abusos en carta notarial al exobispo Reinaldo Nann

Un análisis de los descargos y anexos del sacerdote revela profundas contradicciones lógicas, falacias sobre su supuesta absolución y la opacidad de una investigación interna que excluyó por completo a la víctima.

Jaime Baertl

Una compleja batalla legal y de memoria histórica ha vuelto a encender los focos sobre los abusos sistémicos cometidos en el seno del Sodalicio de Vida Cristiana. El detonante de este nuevo capítulo es una carta notarial enviada por el sacerdote Jaime Baertl Gómez al exobispo católico alemán Reinaldo Nann, exigiéndole una rectificación pública inmediata bajo la amenaza de emprender acciones civiles y penales por los ilícitos contra el honor tipificados en el Código Penal peruano. El documento, lejos de operar como un blindaje efectivo, expone las grietas técnicas de la defensa institucional frente al testimonio de la víctima.

El detonante: el “mapa del abuso” y un libro bajo la lupa

Reinaldo Nann, quien se desempeñó como obispo de la Prelatura de Caravelí en Perú hasta su renuncia, publicó el libro investigativo ¿Cueva de abusadores o Iglesia segura? Los abusos sexuales contra menores en la Iglesia peruana y su futura prevención. La información de este texto sirvió de base para que la plataforma independiente Red de Sobrevivientes (sobrevivientes.pe) diseñara y publicara un “Mapa de casos de violencia sexual en la Iglesia católica peruana”.

Reinaldo Nann, exobispo de Caravelí (Perú)

En la página 52 de dicha obra, Nann recoge textualmente el testimonio de Martin Scheuch, un exmiembro del Sodalicio:

«Jaime Baertl: sacerdote y tesorero del SCV. Acusado por Martin Scheuch de un abuso sexual en 1979 antes de ser ordenado sacerdote. Ni Baertl ni el Sodalicio reconocieron la existencia de este abuso y no hubo proceso alguno».

En su carta notarial, fechada el 11 de septiembre de 2026, Baertl sostiene que el exobispo lo “calumnia” al incluirlo en una lista de “abusadores”. Su línea de defensa argumenta que la difusión de estas imputaciones lesiona su derecho fundamental al honor, a la buena reputación y a la propia imagen, puesto que sobre él nunca ha pesado una sentencia condenatoria sea civil o canónica.

Las debilidades del escudo legal de Baertl: El análisis documental

La defensa de Baertl apela al formalismo legal, pero un análisis riguroso de los propios anexos de su carta revela profundas contradicciones y vacíos argumentativos que debilitan su postura:

  1. La falacia de la defensa procesal y las indagaciones secretas: Baertl acusa de faltar a la verdad cuando el libro señala que «no hubo proceso alguno» sobre el caso. Para defenderse, el sacerdote muestra una investigación interna previa realizada en el año 2016. Sin embargo, la carta que adjunta del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (Vaticano, 27 de mayo de 2025), firmada por el secretario de la Sección Disciplinar, el arzobispo John J. Kennedy, confirma que en Roma «al momento no resultan esserci procedimenti penali» («al momento no resultan existir procedimientos penales») por delitos reservados a ese Supremo Tribunal contra su persona. Con ello, Baertl pretende equiparar una indagación previa de su propia institución con un verdadero proceso judicial, generando un argumento circular que confirma indirectamente el corazón de la denuncia del libro: que el caso jamás fue derivado ni sometido a un tribunal independiente o a un juicio formal. Además, de acuerdo con los estándares del derecho canónico, el Superior General de la organización no posee facultades legales para absolver o condenar a nadie, ya que su competencia se limita estrictamente a conducir investigaciones previas y no procesos legales. Emitir un veredicto exculpatorio bajo este esquema constituye un exceso de funciones que obliga a tomar dicha indagación secreta institucional con la máxima reserva.
  2. Sesgo institucional (juez y parte): El “Decreto Prot. 893-CIP-SG-16”, fechado el 25 de agosto de 2016 y exhibido por Baertl como prueba de su absolución, fue emitido de forma interna por el Sodalitium Christianae Vitae y firmado por Alessandro Moroni Llabrés en calidad de Superior General. Desde una perspectiva metodológica y legal, una pesquisa conducida, evaluada y resuelta en secreto por la misma organización a la que pertenecía el acusado —y de la cual era el tesorero histórico— carece de la neutralidad, el peso probatorio y la validez técnica que ostenta un dictamen de la justicia civil ordinaria o un órgano judicial externo.
  3. La trampa de la prescripción frente a la inocencia: El argumento de defensa más endeble de Baertl yace en el propio decreto del Sodalicio que utiliza como descargo. En la sección de “Considerandos” del documento eclesiástico de 2016 se lee textualmente un detalle crítico: «Sin perjuicio de la ausencia de pruebas incriminatorias, debe advertirse que, aún en el supuesto negado, que los hechos imputados al Rev. P. Jaime Baertl Gómez resultaren ciertos, los delitos o delito aplicable, la acción penal se encuentra prescrita». En el derecho canónico y civil, la prescripción extingue la posibilidad de perseguir y sancionar un delito por el vencimiento del plazo legal. Bajo el principio del debido proceso, la prescripción no dictamina la falsedad de los hechos denunciados ni certifica la inocencia moral o fáctica del investigado, constituyendo un mero cierre técnico por el simple paso del tiempo.
Jaime Baertl junto a la Madre Teresa de Calcuta en un evento en El Callao, Perú (agosto de 1989)

Una investigación fantasma: la exclusión de la víctima

El cuestionamiento más severo a la validez de la exculpación corporativa de Baertl proviene de la completa exclusión de la víctima durante el procedimiento de recolección de pruebas de 2016. El decreto del Sodalicio asegura que el investigador «ha desarrollado su tarea de modo exhaustivo». No obstante, esa comisión investigadora nunca contactó a Martin Scheuch para preguntarle por más detalles, nunca se le comunicó quiénes eran los miembros de esa comisión y nunca se le dijo cuáles eran los argumentos para considerar inverosímil su relato.

En un e-mail enviado a Scheuch el 31 de enero de 2017, Alessandro Moroni le indicó vagamente que un «investigador profesional asignado para estos casos» concluyó en su informe que «no encontró evidencias para afirmar la verosimilitud de este caso». El propio Scheuch denunció públicamente en su blog la opacidad de este proceso fantasma:

«Pues resulta que este “investigador profesional” nunca se puso en contacto conmigo para averiguar más detalles sobre el incidente, los cuales se los hubiera dado con mucho gusto».

Incluso años después, esta opacidad institucional se mantuvo invariable en los pronunciamientos de la organización. El 13 de septiembre de 2024, el nuevo Superior General del Sodalicio, José David Correa González, envió otra carta a Scheuch en la que insistía en escudarse en el desacreditado procedimiento:

«Con respecto al incidente que refieres como ocurrido en el marco de una sesión de consejería espiritual, debo informarte que, según una investigación externa (sic) realizada en 2016, no pudo establecerse de manera inequívoca que la persona que señalas haya incurrido en una conducta como la descrita».

José David Correa, último superior general del Sodalicio de Vida Cristiana | Foto: Natalia Reis

Para los analistas, resulta contradictorio que en la misma misiva del 13 de septiembre de 2024, el Superior General extienda un «sincero pedido de perdón por todos los sufrimientos» y ofrezca una propuesta de acuerdo extrajudicial con un gesto de reparación junto al pago de terapia psicológica, mientras simultáneamente la institución evita asumir una posición frontal e inequívoca sobre la responsabilidad directa de Baertl en el incidente de la consejería.

La contradicción frontal con las medidas punitivas del Vaticano

La postura de la defensa de Baertl colisiona de forma directa e insalvable con las resoluciones y los pronunciamientos oficiales de la Nunciatura Apostólica en el Perú. En un comunicado oficial, se informó que el Santo Padre Francisco, tras evaluar minuciosamente las denuncias y pruebas que emergieron durante la Misión Especial enviada a Lima, aprobó de forma específica la expulsión fulminante de Jaime Manuel Baertl Gómez de la sociedad de vida apostólica.

El decreto pontificio precisó explícitamente que para tomar tal decisión:

«Se ha considerado la gravedad del abuso sexual cometido por uno de los acusados, así como la responsabilidad personal de estos dos consagrados en numerosas irregularidades e ilícitos cometidos por empresas vinculadas al Sodalitium Christianae Vitae».

Este severo correctivo de la Santa Sede desmorona los intentos de Baertl por presentarse como un clérigo libre de cuestionamientos penales o canónicos. El proceso de fiscalización de Roma fue tan contundente que derivó en la decisión del Papa de disolver definitivamente al Sodalicio de Vida Cristiana, tras quedar plenamente acreditadas las graves irregularidades y la existencia de un patrón sistemático de abusos de diversa índole contra sus propios integrantes.

Jaime Baertl junto al papa Juan Pablo II

El amparo constitucional de las investigaciones

Desde una perspectiva jurídica, las menciones sobre Baertl en la literatura investigativa no constituyen un acto difamatorio, sino el ejercicio legítimo de los derechos constitucionales a la libertad de expresión, opinión e información. Dichas publicaciones se sustentan en hechos públicos de notorio interés para la sociedad y en fuentes de alta credibilidad, como el libro testimonial Las Líneas Torcidas. 30 años en el Sodalicio de Vida Cristiana de Martin Scheuch, publicado originalmente en Perú en 2025 por Laboratorio Editorial y posteriormente editado en España en 2026 bajo el sello de Universo de Letras.

De acuerdo con los estándares jurisprudenciales nacionales e internacionales, en los casos de agresiones sexuales que ocurren en entornos cerrados o bajo asimetrías de poder, el testimonio de la víctima es un elemento de información fundamental y sustancial debido a la naturaleza clandestina de los hechos, gozando de pleno respaldo legal frente a las amenazas de demandas y presiones legales.

La milimétrica verosimilitud del relato de Martin Scheuch

Frente a los desmentidos de la institución, el testimonio original de Martin Scheuch —reproducido y detallado en su libro testimonial— se sostiene sobre pilares de alta credibilidad jurídica e interna.

Jaime Baertl, haciendo “apostolado” con niños en los años setenta

Según Scheuch, en 1979, cuando tenía apenas 16 años y Baertl operaba como su consejero espiritual, este le ordenó desnudarse por completo en la “salita de consejos” de la comunidad San Aelred en Magdalena del Mar. Posteriormente, empleando un lenguaje vulgar, le ordenó simular un coito con una silla grande. El relato describe una escena incómoda, torpe, desprovista de erotismo, donde el propio Baertl se tapaba la cara con la mano y miraba solo de reojo tras haber ido a “consultar” la acción con el superior Germán Doig.

El testimonio sobrevive a los intentos de demolición de Baertl debido a factores analíticos clave:

El colapso del entorno institucional

La estrategia de Baertl de tildar de “calumniosa” la mención de su nombre recurre a una interpretación victimista. Los textos investigativos no ejecutan una imputación penal directa, sino que ejercen el derecho constitucional a la libertad de expresión e información al consignar un hecho histórico, público y de notorio interés social. Pretender que la narrativa de una denuncia histórica equivale a una difamación automatizada constituye un recurso legal desproporcionado que busca silenciar la memoria de las víctimas bajo la apariencia de defender la propia reputación.

El intento de amedrentamiento notarial de Jaime Baertl choca directamente con el contexto histórico de la institución que representaba. La Misión Especial Scicluna-Bertomeu, enviada directamente por el papa Francisco en 2023, destapó un esquema transversal de abusos físicos, psicológicos, espirituales y financieros dentro del Sodalicio.

Mons. Charles Scicluna y Mons. Jordi Bertomeu con el papa Francisco

El epílogo de esta crisis institucional se dictó desde la Santa Sede. Tras confirmarse las prácticas delictivas y los patrones sistemáticos de encubrimiento, el papa Francisco decretó la expulsión fulminante del fundador Luis Fernando Figari y de la plana mayor de la organización, un grupo en el que se incluye explícitamente a Jaime Baertl. Los comunicados de la Nunciatura Apostólica de 2024 especifican el abuso de menores entre las causales de las expulsiones. Aunque Baertl intente defender un honor formal mediante cartas notariales amparadas en archivos por prescripción, el máximo tribunal de su propia Iglesia parece haber emitido un veredicto definitivo sobre el ecosistema de abusos que él ayudó a sostener durante décadas.

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