Heiner Wilmer: un mediador entre conservadores y reformistas
Perfil del nuevo presidente de los obispos alemanes No es de los que golpean la mesa con el puño. Cuando habla de liderazgo, enfatiza la escucha. "Los tiempos en que el obispo era un soberano han pasado", dijo una vez en una entrevista. Quiere asegurarse de que otros asuman responsabilidades
De una granja en el distrito de Emsland (noroeste de Alemania) pasando por el Bronx en Nueva York hasta la Iglesia universal en Roma, el camino de Heiner Wilmer hacia el obispado está marcado a la vez por un arraigo que mantiene los pies en tierra y una dimensión internacional. Desde 2018, el religioso está al frente de la diócesis alemana septentrional de Hildesheim. Ahora ha sido elegido presidente de la Conferencia Episcopal Alemana. Sucede al obispo de Limburgo, Georg Bätzing, quien ocupó el cargo durante seis años.
Wilmer es considerado un mediador entre conservadores y reformistas. No es de los que golpean la mesa con el puño. Cuando habla de liderazgo, enfatiza la escucha. «Los tiempos en que el obispo era un soberano han pasado», dijo una vez en una entrevista. Quiere asegurarse de que otros asuman responsabilidades.
Heiner Wilmer nació el 9 de abril de 1961 en el distrito de Emsland (Baja Sajonia). Ha permanecido con los pies en la tierra, sabe conducir tractores y, además de varios idiomas, habla también el dialecto regional conocido como Plattdeutsch o bajo alemán. A los 19 años ingresó en la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos). Estudió teología y humanidades en Friburgo, París y Roma, mostrando desde temprano una mirada que trascendía las fronteras nacionales. En 1991 se doctoró en Friburgo con una tesis sobre la mística en la filosofía de Maurice Blondel.
Durante un tiempo, Wilmer enseñó como profesor en el Bronx de Nueva York, luego dirigió el instituto de bachillerato de la congregación en Handrup (Emsland) y en 2007 fue nombrado provincial en Alemania de la orden. En 2015 se trasladó a Roma. Como superior general asumió su responsabilidad por la congregación a nivel mundial. De esa época provienen sus contactos vaticanos y su experiencia de que las reformas en la Iglesia universal avanzan sólo paso a paso.
Hace tres años, Wilmer fue considerado posible candidato para el cargo de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Vaticano. Sin embargo, el entonces papa Francisco optó por su compatriota argentino Víctor Manuel Fernández.
En Hildesheim, Wilmer asumió una diócesis que se hallaba en la cuerda floja. Extendida entre el macizo montañoso del Harz y el Mar del Norte, las cifras de miembros oficiales de la Iglesia iban en descenso y las finanzas estaban bastante ajustadas. Continuó la política de austeridad de su predecesor Norbert Trelle y avanzó en una reforma inmobiliaria. Para 2030 se prevé renunciar a aproximadamente a la mitad de los cerca de 1.400 edificios que son de propiedad de la diócesis. Al mismo tiempo, buscó nuevas vías pastorales —por ejemplo, acompañando jóvenes en rutas de peregrinación— para conocer qué les mueve y qué esperan de la Iglesia.
Poco después de su ordenación episcopal, Wilmer prometió esclarecer sin miramientos los casos de abuso sexual. Actualmente considera el procesamiento de este tema como una tarea permanente. En la diócesis de Hildesheim ya ha habido varias investigaciones independientes. El año pasado encargó otro estudio que abarcará el período de 1945 a 2024, incluyendo así la primera parte de su propio mandato. «Hasta bien entrado el presente hay que traer luz a la oscuridad», declaró.
A ojos del país alemán, Wilmer es percibido como voz política y social. En la Conferencia Episcopal Alemana presidió hasta ahora la Comisión para Asuntos Sociales y de la Sociedad. En una reciente presentación en la conferencia de prensa federal de Berlín abogó por compromisos en la reforma de los sistemas de pensiones y sociales. «No puede ser que la carga se traslade de forma desproporcionada a las generaciones más jóvenes», dijo. Pero tampoco debe ocurrir que la generación mayor, tras años de trabajo y cotizaciones, caiga en la pobreza en la vejez. Una prolongación de la vida laboral tampoco debería ser tabú.
También le importa mucho la protección del clima. Diez años después de la encíclica ambiental Laudato si del papa Francisco, criticó el año pasado que el mundo se esté volviendo cada vez más cínico y que los acuerdos internacionales amenacen con convertirse en una farsa. En el ámbito ecuménico apuesta por la cooperación práctica: en Baja Sajonia se introducirá progresivamente a partir del curso escolar 2026/27 una enseñanza religiosa cristiana conjunta bajo responsabilidad de las Iglesias católica y evangélica de manera compartida, una novedad en Alemania.
Además, Wilmer sigue siendo un hombre de espiritualidad. En 2024 publicó Herzschlag (Latido del corazón), un diálogo ficticio con la judía Etty Hillesum, asesinada en Auschwitz. Al nuevo papa León XIV lo conoció en noviembre y lo elogió como «hombre de tonos silenciosos» que continúa la opción por los pobres.
A Wilmer le gusta montar en bicicleta, lee mucho y mantiene fidelidad a su club local de fútbol FC Schapen 27. Como obispo y ahora también como presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, probablemente le quedará poco tiempo para estas aficiones.
Fuente: katholisch.de