El voto de obediencia no es sumisión al sacerdote: el drama silenciado de las monjas abusadas en África
La religiosa togolesa Mary Lembo, asesora del Vaticano, denuncia el abuso sexual, espiritual y de poder contra monjas en África. El clericalismo, el patriarcado y el miedo a represalias imponen el silencio. Iniciativas de safeguarding y redes de monjas abogadas, respaldadas por llamamientos del papa Francisco en su momento, empiezan a romperlo.
El debate global sobre los abusos en la Iglesia católica suma un nuevo frente que, hasta hace poco, permanecía bajo un estricto velo de silencio: el sufrimiento de las religiosas. Aunque Europa occidental ha avanzado en visibilizar estas denuncias, la realidad de las monjas en el continente africano sigue siendo una asignatura pendiente debido al miedo a las represalias, el estigma social y una cultura que coloca a los clérigos en una posición de poder casi incuestionable.
En una reveladora entrevista publicada el 24 de septiembre de 2026 por el portal alemán katholisch.de, la psicóloga y religiosa togolesa Mary Lembo expone los hallazgos de sus investigaciones sobre el abuso sexual, espiritual y de poder contra las monjas en varios países de África subsahariana. Lembo, quien actualmente es asesora del Vaticano en el departamento encargado de velar por la protección de las religiosas, detalla los complejos mecanismos que perpetúan este silencio.
El peso del patriarcado y el “clericalismo”
El arraigo de estas conductas se explica, en gran medida, por la estructura social de muchas regiones de África occidental y oriental, donde el varón tradicionalmente ejerce una autoridad indiscutible en el ámbito familiar y comunitario. Esta dinámica de sumisión cultural se traslada de forma automática a las parroquias, consolidando al sacerdote católico como una figura de poder absoluto e intocable que facilita el clericalismo y distorsiona por completo las promesas religiosas:
- La distorsión del voto: El voto de obediencia que hacen las monjas al ingresar a una orden no significa sumisión ciega a cualquier sacerdote, sino una búsqueda común y un diálogo con sus superioras. Sin embargo, muchos clérigos manipulan este concepto para forzar la sumisión.
- Abuso multidimensional: Las víctimas no solo sufren agresiones de carácter sexual (como tocamientos o acoso), sino también un profundo maltrato psicológico, emocional y “espiritual”, donde se utiliza la fe para manipular la conciencia de la mujer.
El precio del silencio: expulsión y chantaje
Romper el silencio en estas comunidades conlleva un riesgo altísimo para las víctimas. Durante el inicio de sus investigaciones de campo en cinco naciones de África, Lembo se topó con un muro de desconfianza. Incluso las superioras de las propias órdenes religiosas admitían conocer casos de abuso, pero se negaban a colaborar formalmente por temor a las consecuencias institucionales.
Las represalias directas contra las monjas que intentan denunciar van desde la expulsión inmediata de sus congregaciones religiosas hasta el chantaje financiero y la extorsión contra sus propias familias. Al no contar con redes de apoyo externas y enfrentar la vergüenza social de un tema tan íntimo, la inmensa mayoría prefiere callar antes que destruir la reputación de su orden o de la propia Iglesia.
Brotes de esperanza frente a una misma matriz
A pesar de que las mujeres africanas se atreven a denunciar menos que las europeas debido a estas barreras culturales, Lembo insiste en que los patrones y dinámicas del abuso son exactamente los mismos en cualquier parte del mundo. Sin embargo, el panorama empieza a cambiar lentamente gracias a programas de concienciación y prevención (safeguarding), orientados a crear entornos institucionales seguros y respetuosos.
Una de las iniciativas más prometedoras en países como Kenia es la creación de redes como la Catholic Sisters in the Legal Profession (CASILEP), una asociación de monjas que han estudiado Derecho Civil y Derecho Canónico. Estas religiosas abogadas ofrecen ahora asesoría legal y protección técnica a las congregaciones de la región. El camino hacia la justicia es complejo, pero la visibilización del problema, que fue respaldada incluso por llamamientos públicos del papa Francisco para detener estos abusos, ha comenzado a fracturar un silencio que parecía eterno.