Antonio Colinas 4. CON EL DIOS ESCONDIDO

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
12 may 2018 - 13:32
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Después de dos etapas primeras, emocional y metafísica, con la trilogía de la poética de la mansedumbre (“Los silencios de fuego”, “Libro de la mansedumbre” y “Tiempo y abismo”) evoluciona Antonio Colinas hacia una poesíamás humanista y más sencilla, de vuelta a la realidad, al ser humano, a los temas vivos.” En la página de hoy nos interesamos por “Tiempo y abismo(1999–2002); como se observa por las fechas de escritura, corrían años de fatigado fin de siglo y expectativas de nuevo milenio...

Explica Colinas cómo surgió esta obra:El desencadenante de este libro fue la muerte de mis padres. Fue una etapa muy difícil en la que primero falleció mi madre, luego mi padre. Es un libro también significativo para ver cómo nace la escritura. Yo he explicado que al día siguiente del funeral de mi padre nace el primer poema...

UN LIBRO DE TONO MUY FUERTE

El poeta bañezano reconoce que en “Tiempo y abismo” existe un proceso de viaje hacia la plenitud, que se expresará con mayor compromiso en su tercera parte (“Clamor del más allá”), donde, aunque se hable de silencio, se trata de un silencio y un vacío plenos, de un libro de tono muy fuerte, muy grave a veces, muy directo. Conoceremos, a continuación, dos interesantes poemas representativos de esta comprometida etapa con la vida en su misterio y su espiritualidad.

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UN HOMBRE LLEVA AL CEMENTERIO EL CUERPO DE SU HIJO

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El presente poema, “La corriente insondable” (la vida y muerte que se perpetúa como un río a través de generaciones) nos describe el desgarrador drama de un padre que acompaña en soledad al cementerio a su niño muerto. Ambos progenitores permanecen unidos en “la serenidad trágica y salvadora” que atormenta y consuela su perplejo corazón. Se pregunta el padre enterrador por el más allá de su hijo y de su propia esperanza: “¿Hacia qué luz tan pura o tan terrible / se hunde lo que un día fuera amor? / ¿Qué corriente insondable de misterio / tiene que arrastrar...?” Preside hoy el poema el dramático abrazo final de una madre a su hijo muerto, creación de la artista alemana Käthe Kollwitz (1867–1945), que con sensibilidad religiosa ha sido popularmente bautizado como “Pietá”.

El propio Antonio Colinas, refiriéndose al poemario “Tiempo y abismo”, que multiplica la palabra “muerte” en sus versos no menos de sesenta veces, ha comentado: “Uno de los grandes temas poéticos es el de la muerte; o, como yo prefiero decir, el del más allá, es decir, todo aquello que el ser humano desconoce, que suele ser mucho. Entre otras muchas cosas, el poeta tiene por misión hacerse esas preguntas decisivas. A veces, hasta obtiene algunas respuestas, un poco de luz. La palabra poética puede ser, en este sentido, una vía de esperanzada plenitud. La palabra, en el verso, resulta a veces salvadora.”

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LA CORRIENTE INSONDABLE

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(Guzmán)

Un hombre solo (sólo acompañado

por quien va conduciendo junto a él

un coche fúnebre),

lleva al cementerio el cuerpo de su hijo.

Este hombre ha dejado

dentro del laberinto de cemento

que es la gran urbe,

llorando a una mujer.

También lloraba, sin hablar, un padre.

Pero ambos se han quedado en compañía

de la serenidad

trágica y salvadora de una madre.

¿Ha salido a llevar este hombre a su hijo

a la fosa,

a la tierra,

al vacío del que vino,

o lo está conduciendo a una luz permanente?

¿Se está perdiendo en la mañana gris

en busca de un secreto que la muerte

no desvela jamás,

de un secreto que escapa a la razón,

de un secreto del que el amor no gusta?

¿A dónde va ese hombre

llevando a sus espaldas

su propia sangre muerta?

¿La desea sacar del laberinto

de cemento y dolor

o la va a ofrendar al ciprés tenebroso?

¿Hacia qué luz tan pura o tan terrible

se hunde lo que un día fuera amor?

¿Qué corriente insondable de misterio

tiene que arrastrar,

tierra abajo, el cadáver de ese niño

para que tenga justificación

su muerte?

Un hombre solo (sólo acompañado

por quien va conduciendo junto a él

un coche fúnebre),

lleva al cementerio el cuerpo de su hijo.

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AMOR QUE ENCIENDE MÁS AMOR

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Antologiza el poeta leonés, en su antología de poesía amorosa “Amor que enciende más amor” (Plaza & Janés, 1999), un generoso ramo de tiernos versos. Observad su bonita portada: un racimo oscuro de uvas (oscuro como lo misterioso, lo profundo, lo mágico). Me vienen al corazón algunos versos del Cantar de los Cantares: “Son tus pechos como racimos de uva” (Cantar 7,9) y “Ay, tu boca es vino generoso” (Cantar 7,10). Pero asomémonos ya al poema “Con el Dios escondido”, donde atisba el poeta una Presencia que “va y viene en silencio como música” en el arrobamiento que trasciende la cotidianidad.

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DIOS NOS ENVUELVE COMO FUEGO

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Una mujer y un hombre arden en su silencio. Desgrana el enamorado poeta sus versos como cuentas de rosario: este lugar es sagrado, acaso la danza de la llama sea la respuesta del Amor. Hay entre tú y yo atmósfera gozosa, pues “algo viene y va entre nuestros cuerpos”, entre nuestras almas. “Acaso lo que fluya de manera tan dulce / sea ese otro silencio / del Dios desconocido"... / que "nos envuelve como fuego...”.

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CON EL DIOS ESCONDIDO

Una mujer y un hombre arden en su silencio.

¿Qué hacemos tú y yo

aquí en esta penumbra?

Tú escuchas mi silencio

y yo escucho el tuyo,

y hasta parece que hemos olvidado

ese otro silencio de este lugar sagrado

por el que aquí estamos, en principio

sin saber para qué.

Acaso sea por esta ignorancia

que cerramos los labios,

y cerramos los ojos como si

nada nos importaran nuestras vidas ni el mundo.

Una mujer y un hombre arden en su silencio,

buscan en su interior

lo que no encuentran fuera:

¿el escondido Dios, el Dios desconocido,

ese ser, o ese espíritu o silencio,

que calla más que nadie desde hace muchos siglos?

¿O que habla temblando en la llama del ara?

Y, sin embargo, hay entre tú y yo

atmósfera gozosa,

pues algo viene y va entre nuestros cuerpos,

de tu mente a mi mente,

de tus ojos cerrados a mis ojos cerrados,

de tu silencio a mi silencio.

Acaso lo que fluya de manera tan dulce

sea ese otro silencio

del Dios desconocido que se esconde,

mas que, a la vez (¡qué cierto!) nos envuelve

como fuego,

pues va y viene en silencio como música,

nos recuerda y nos prueba

que estar contigo aquí,

que vivir, simplemente, es un milagro.

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ANTONIO COLINAS

Encantamiento y misterio de su poesía

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1. Los silencios de fuego

LA HORA INTERIOR

PARAÍSO EN LA NIEVE

2. Libro de la mansedumbre

ASCUAS

A NUESTRO PERRO EN SU MUERTE

LA VISITA DEL MAL (enlace)

3. La llama más gozosa

LA LLAMA

LA DAMA BLANCA

4. Con el Dios escondido

LA CORRIENTE INSONDABLE

CON EL DIOS ESCONDIDO

5. Me he sentado en el centro del bosque

LA LÁMPARA DE BARRO

POEMA XXXV

6. Canciones para una música silente

VALLEFONDO

GERMINACIÓN

EL LABERINTO INVISIBLE

7. Llamas en la morada

IV. ENCIENDO EL FUEGO

V. SILENCIO Y MÚSICA

VIII. IMAGINO POSAR MI MANO EN TU MANO

8. Recibe el Premio Reina Sofía

XXVII. SOLO QUISIERA

LOS ÚLTIMOS VERANOS

XXXV. ME HE DEJADO QUERER

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