Antonio Colinas 3. LA LLAMA MÁS GOZOSA

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
12 may 2018 - 13:31
bblanco
bblanco
7593
7593

Asunción Escribano, en entrevista a Colinas que regresaba de las dos Coreas en una representación mundial de poetas de la paz, destacaba cómo en su obra y talante literario el poeta leonés solía expresar personalmente mucho de la forma sosegadamente lúcida de la vida oriental; y elogiando una mansedumbre conscientemente elegida, le formulaba la siguiente pregunta: ¿Qué piensas que debemos aprender los europeos?

Destacamos la respuesta del lírico hispano:

“No es que tengamos que imitarlos ni volvernos como ellos. Es una cultura en la que tenemos que ver un complemento de la nuestra. Es una visión de la realidad más global, más unitaria. A mí me ha interesado mucho el pensamiento taoísta, la presencia de la naturaleza como la ven ellos, la idea de totalidad, de universalidad… Últimamente yo la canalizo a través del Cristianismo, que me interesa mucho como visión global de la realidad, como unidad.”

En más reciente entrevista, es ahora Fernando Díaz de Quijano quien le solicita aclarar su afirmación de que “todo es sacro en el mundo para aquel que lo mira con ojos de piedad”. Y le cuestiona: ¿hasta qué punto su búsqueda de trascendencia tiene que ver con la religión? Así se explica el escritor de La Bañeza:

El término ‘sagrado’ no remite obligadamente a lo religioso, sino que es toda la realidad en armonía y humanizada. Por tanto, ese diálogo con lo mistérico expone una búsqueda del más allá. El poeta no es un fotógrafo de la realidad, sino que debe trascenderla con la palabra.”

bblanco
bblanco
bblanco
bblanco
juego71
juego71
bblanco
bblanco

Cuando abrimos la primera página del “Libro de la mansedumbre”, nos encontramos dos estimulantes pensamientos de alto voltaje lírico: “La violenta llama espiritual encendida en tu dolor” (Friederich Hölderlin) y “¿Será quizás el amor un estado de fuego?” (Marina Tsvietáieva). Inmediatamente después, ya en la sección “Aunque es de noche”, descubrimos los emocionados versos de “La llama”, que presentamos a continuación.

bblanco
bblanco
bblanco
bblanco

COMIENZO A ESCRIBIR Y TAMBIÉN LA ESCRITURA LLORA

bblanco
bblanco
bblanco
bblanco
manopluma313
manopluma313
bblanco
bblanco

En el poema “La llama”, Antonio Colinas realiza un ejercicio de meditación descansando la mirada en el fluir reposado de una encendida vela. Pasado y presente se funden en relajada y gozosa danza de amor y vida.

Algunos momentos de esa danza:

Como quien llora de plenitud saciado...

Como quien lleva un mar dentro del pecho...

Como si el ojo contuviese toda esa inmensa colmena

que es el firmamento en su breve pupila...

Qué gran gozo sentirme yo mismo esa palabra que va ardiendo...

No existe otra verdad que no sea esa llama,

es decir, la del amor que es don y es condena...

Y son llamas los ojos que lloran...

por el ser que ahora está mirando fijamente una llama

y que es, en soledad, la llama más gozosa...

bblanco
bblanco
vela-encendida-284
vela-encendida-284

LA LLAMA

Hoy comienzo a escribir como quien llora.

No de rabia, o dolor, o pasión.

Comienzo a escribir como quien llora

de plenitud saciado,

como quien lleva un mar dentro del pecho,

como si el ojo contuviese toda

esa inmensa colmena que es el firmamento

en su breve pupila.

Me enciendo por pasadas plenitudes

y por estas presentes enmudezco.

Lloro por tener cerca una mujer,

por el agua de un monte

que suena entre cipreses en un lugar de Grecia;

lloro porque en los ojos de mi perro

hallo la humanidad, por la arrebatadora

música que quizá no merecemos,

por dormir tantas noches en sosiego profundo

bajo el icono y en su luz de oro,

y por la mansedumbre de la vela,

que sólo es eso: llama.

Comienzo a escribir y también la escritura

llora, porque respira y quema, porque pasa.

Qué gran gozo sentirme

yo mismo esa palabra que va ardiendo.

(Porque yo también ardo y también paso.)

Contemplo una llama muy quieta en la penumbra

de suaves jardines,

a la orilla de un mar calmo y antiguo,

y me voy encendiendo con la dicha

de saber que no existe otra verdad

que no sea esa llama, es decir,

la del amor que es don y que es condena.

Son llamas las palabras y son llamas los ojos

que lloran sin llorar por el ser que yo fui

(aquel fuego cansado que temblaba

junto a otros jardines de otro mar)

y por el ser que ahora está mirando

fijamente una llama

y que es, en soledad, la llama más gozosa.

bblanco
bblanco
bblanco
bblanco
bblanco
bblanco

EL INFINITO CENTRO DE LO BLANCO

bblanco
bblanco
bblanco
bblanco
Adoratriz1
Adoratriz1
bblanco
bblanco

Dentro del “Libro de la mansedumbre”, nos encontramos ahora en el grupo de poemas “Manantial de la luz”, frente a los versos de “La dama blanca”. El autor sitúa la experiencia por Salamanca, en el interior del “Monasterio de la Veracruz”. Aquí dentro “se afervora un hondísimo misterio” que se corresponde esencialmente con la gozosa escena del cuadrito adjunto: “una mujer arrodillada” levanta la mirada al ostensorio y su pequeño círculo de Dios transubstanciado en pan, “el infinito centro de lo blanco”. “Ella, la dama blanca”, en quietud contemplativa, se siente arder envuelta en música, y probará “a cerrar las heridas del mundo” en fervorosa impetración... Al bajar a la lumbre de su pecho, con la mirada, la blancura del pan, “como nieve en hoguera”, santifica su cuerpo, extasía su alma...

El color blanco, frente a la oscuridad (“Tumba negra”, “Noche más allá de la noche”) aligera, intensifica, espiritualiza las vivencias (el color blanco recoge todos los colores). Así nos lo describe el autor del “Libro de la mansedumbre”: “Es un símbolo neutro, reflejo de la nada fértil, reflejo del vacío. También es un signo de plenitud, en los poemas de la luz blanca, la luz gozosa… Luego, claro, es el reverso de lo negro. Hay sobre todo a partir de Jardín de Orfeo la lucha en mi poesía de estos dos contrarios, lo blanco contra lo negro. Sobre todo se ve en un poema que titulo “Blanco/negro”.

bblanco
bblanco

LA DAMA BLANCA

(Monasterio de la Veracruz, Salamanca)

Sé bien que más allá de este horno de oro,

de las piedras doradas de este templo,

cruje el invierno en álamos amargos

y que el mundo no cesa

ostensorio411
ostensorio411

de entreabrir sus heridas.

Pero aquí dentro (nada de la nada)

se afervora un hondísimo misterio:

aromas y silencios cuajan luces,

se funde o se deshace la noche con el alba.

Una mujer arrodillada alza

sus ojos allá arriba, donde está

en la custodia el círculo del círculo,

el infinito centro de lo blanco.

Ella, la dama blanca, prueba,

envuelta en manso fuego no visible,

a cerrar las heridas del mundo sin mover

los labios, en quietud.

Siente ella en su interior como una esfera

de música o de llamas.

Y caen lentos sus ojos

como nieve en hoguera.

bblanco
bblanco
barrita22
barrita22

ANTONIO COLINAS

Encantamiento y misterio de su poesía

bblanco3
bblanco3
enlaces8
enlaces8

1. Los silencios de fuego

LA HORA INTERIOR

PARAÍSO EN LA NIEVE

2. Libro de la mansedumbre

ASCUAS

A NUESTRO PERRO EN SU MUERTE

LA VISITA DEL MAL (enlace)

3. La llama más gozosa

LA LLAMA

LA DAMA BLANCA

4. Con el Dios escondido

LA CORRIENTE INSONDABLE

CON EL DIOS ESCONDIDO

5. Me he sentado en el centro del bosque

LA LÁMPARA DE BARRO

POEMA XXXV

6. Canciones para una música silente

VALLEFONDO

GERMINACIÓN

EL LABERINTO INVISIBLE

7. Llamas en la morada

IV. ENCIENDO EL FUEGO

V. SILENCIO Y MÚSICA

VIII. IMAGINO POSAR MI MANO EN TU MANO

8. Recibe el Premio Reina Sofía

XXVII. SOLO QUISIERA

LOS ÚLTIMOS VERANOS

XXXV. ME HE DEJADO QUERER

bblanco
bblanco
barrita22
barrita22

También te puede interesar

Lo último

stats