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Feliz Pascua. ¡Cristo ha resucitado!

¿VÍA CRUCIS o VÍA LUCIS? El Viacrucis de quince estaciones

Cuando Benedicto XVI el pasado VIERNES SANTO concluía el Via Crucis tradicional de 14 estaciones, no podía despedirse de los fieles de otra manera que aludiendo a la 15ª estación, la Resurrección:

"Desde ahora deseo a todos una Feliz Pascua en la luz del Señor Resucitado."

Ha venido meditando la Iglesia el Camino de la Cruz desde los primeros siglos. Piadosos cristianos acudían a Jerusalén a celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor y recorrían la Via Dolorosa inundados de piedad y ternura hacia el Inocente. Concedían los Pontífices beneficios espirituales a los peregrinos. Pero más tarde se podía alcanzar indulgencia plenaria recorriendo las 14 estaciones de cualquier iglesia. Aunque se queda uno como colgado en la 14ª estación, el entierro de Jesús. Algo esencial echamos de menos...

"VÍA CRUCIS DE MARÍA"

Vamos a conocer tres Presentaciones de Viacrucis muy útiles para acompañar a Jesús, frente al altar del ordenador, en su Pasión y muerte. La primera, de 15 estaciones,"VÍA CRUCIS DE MARÍA", es muy completa y original. Excelentemente realizada. El problema es su peso en bits: 14 MB (pulsar aquí). Quien habla es María, que va siguiendo valientemente el rastro de sangre de su Hijo. Se desahoga, al fin, en la 15 estación, "Jesús resucitó de entre los muertos":

"Qué vacío sentí tratando de vivir sin Él, a quien amaba tanto. Pero solamente dos días más tarde, este vacío se llenó más allá de lo creíble. ¡Él había resucitado! ¡Nuestro Salvador abrió las puertas de la nueva vida! Esta es la manera como tenía que suceder, porque su amor inmortal por ti no podía detenerse ante nada. Ahora me alegraría para siempre y no en silencio..."

"VÍA CRUCIS DE ÁFRICA"

Otro Via Crucis de 15 estaciones: el "VÍA CRUCIS DE ÁFRICA", de 3,5 MB (pulsar aquí). En imagen, la visualización dramática, contemporánea, de la 8ª estación: "Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén". "El Via Crucis no es solamente el recuerdo de la Pasión de Cristo. Cada paso suyo, cada gesto, cada lágrima, cada caída, es una referencia a la pasión del hombre, a la pasión del pobre..."

Hermoso texto de la estación 15,"Jesús resucitó de entre los muertos":

"La pasión y la muerte de Jesús no tenían como destino el sepulcro, sino la resurrección. La vida vence a la muerte, el amor al odio. La resurrección de Cristo es nuestra resurrección. La pasión y la muerte de tantos hombres y mujeres inmigrantes, verdadero via crucis de una vida indigna a otra más humana, no puede tener más meta que alcanzar la "semejanza" con el Creador."

Pasemos, finalmente, a un último Vía Crucis, que ha sido, para mí, una sorpresa por su notable calidad poética. Se titula "El Romancero de la Vía Dolorosa", y es autor el presbítero mexicano Benjamín Sánchez Espinoza, "Fray Asinello". Premiado en Jalisco hace ya medio siglo, conserva su encanto original, y ha sido puesto en escena, magníficamente como siempre, por IRMA Barocio. Su peso en bits: 2,5 MB. (Pulsar aquí).

Leamos completo el romance de la 14ª estación, "El cuerpo de Jesús es depositado en el sepulcro", que tiene como lema inspirador el salmo 125,6: "De ida, llorando caminaban, arrojando la semilla." Se dirige el poeta a la Madre del Crucificado:

IÑA que llevas al pecho

siete puñales clavados,

Madre que vas a sembrar

a Dios bajo los granados:

ya vienen los sembradores,

con la semilla, llorando;

ya traen el cuerpo de Cristo

blanco sobre el lino blanco.

¡Señora, yo no quisiera

ni mirarte, ni mirarlo!

Tú me lo entregaste niño

como manojo de nardos;

yo te lo devuelvo muerto

como racimo pisado.

Trae mucha noche en las venas

y mucha nieve en los labios.

Se le congeló la vida

en el Corazón quebrado...

¡Señora, yo no quisiera

ni mirarte, ni mirarlo!

Ven y deshoja la última

flor de tu beso en sus labios

y deja que lo sembremos

en este surco de llanto.

¡Quien sabe si ya mañana

cosechemos el milagro

de que retoñen los dulces

latidos en su costado!

Si es un augurio de espigas

la muerte de cada grano,

si está la resurrección

bajo la tumba esperando,

¿por qué sembrar a los muertos

resultará tan amargo?

Qué diluvio de silencio

se vació sobre los campos...

¡La soledad, con sus aguas,

cubrió los montes más altos!

Niña que llevas al pecho

siete puñales clavados:

bajo el sepulcro dejaste

tu corazón, olvidado...

¿Por qué florece el silencio

con un inaudito cántico?

¿Y quién se pone a cantar

cuando los hombres lloramos?

En la segunda parte del poema -me atrevería a hablar de una 15ª estación- resucita Jesús, y se levantan con Él de sus tumbas los muertos... Por las arterias del campo cruje savia nueva:

EÑORA, los muertos cantan,

los muertos están cantando!

Entre las sombras agitan

el címbalo de sus manos:

que también para los muertos

llegó el Domingo de Ramos.

Ya va el Señor descendiendo

por caminos subterráneos:

de todos los cementerios

sube un clamor a su paso

mientras se impregna de vida

la tierra, con su contacto.

Un soplo de primavera

sacude los huesos áridos

y retrocede la Muerte

entre las tumbas aullando.

¿En dónde está tu victoria,

oh Muerte de dedos pálidos?

Ya van bajo los cipreses

las siemprevivas brotando...

Madrecita que sembraste

a Dios bajo los granados:

sobre el surco de tus lágrimas

han florecido los cánticos;

mañana, cuando el lucero

del alba bese tus párpados,

la tierra dará su fruto

inmortal y perfumado...

Entonces, cierra tus ojos;

entonces, abre tus labios

para que bebas el vino

del Hijo resucitado.

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