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Que acabe ya la guerra

Versos para orar en verano 11. QUIEN CREE, VE

Ha sorprendido muy gratamente la frase que preside este post y está tomada de la primera página de la reciente Encíclica del Papa Francisco “Lumen Fidei” (la luz de la fe). Veamos el contexto en que aparece:

Quien cree, ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso.”

Me enseñaron de pequeño que fe es creer lo que no se ve, y aquí se enseña que fe es ver lo que se cree. En la sección 4 del escrito pontificio se sugiere que, transformados por el amor de Dios Vivo, “recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro”. Los poemas de hoy vienen ambientados con el icono de un ojo vivo que se abre y cierra frente a la vida como una cámara fotográfica. Pero la mirada de fe es más profunda, pues descubre desde el corazón señales, huellas de divina Presencia en la humilde rutina del día a día. Lo comprobamos seguidamente.

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TODO ES PRESENCIA Y GRACIA

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Poema intenso de José Luis Blanco Vega que nos habla de un Dios que crea, por amor, naturaleza y hombres, en cuyas manos deposita el futuro de su obra. Dos cualidades destacan en el Creador: Presencia y Actividad. Presencia (“Todo es presencia y gracia”; “y estás de corazón en cada cosa”). Presencia y Actividad (“tus manos son recientes en la rosa”; “no hay brisa si no alientas...”). ¿Y cómo es la respuesta del hombre a la confianza que pone Dios en él?: "Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte”. Y, expresado en frase tremenda: “tú por la luz, el hombre por la muerte”. Misión del hombre como jardinero de la creación: perfeccionarla, a imagen de Dios, con manos hábiles y corazón respetuoso...

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ALFARERO DEL HOMBRE

Alfarero del hombre, mano trabajadora,

que, de los hondos limos iniciales,

convocas a los pájaros a la primera aurora,

al pasto, los primeros animales.

De mañana te busco, hecho de luz concreta,

de espacio puro y tierra amanecida.

De mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta

de los sonoros ríos de la vida.

El árbol toma cuerpo y el agua melodía,

tus manos son recientes en la rosa,

se espesa la abundancia del mundo a mediodía,

y estás de corazón en cada cosa.

No hay brisa si no alientas, monte si no estás dentro,

ni soledad en que no te hagas fuerte.

Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro:

tú, por la luz, el hombre, por la muerte.

¡Que se acabe el pecado! ¡Mira que es desdecirte

dejar tanta hermosura en tanta guerra!

Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte

de haberle dado un día las llaves de la tierra.

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Y LO RECONOCEMOS CUANDO... DESAPARECE

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El sorprendente lienzo de Rembrandt que nos preside, refleja, con la magia del claroscuro, la sorpresa del anfitrión al descubrir la verdadera identidad del Viajero que se ha sentado a su mesa. Es la hora crepuscular de los vampiros y los ovnis, de la ensoñación y los milagros. "A menudo volvemos a encontrarnos / al caer de la tarde con el mismo / Viajero de aquel día...", nos escribe Rafael Alfaro en sus versos. Le descubrimos en casa, en la intimidad de nuestro corazón. Nos encontramos con Él en el salón de la Casa de Todos, en la Iglesia y sus ritos, en nuestras escapadas por las aldeas del mundo. "¡Está, el Señor está / con nosotros! ¡Está vivo! ¿Lo veis?" No se trata de abrir más los ojos, sino de entornarlos y vislumbrar más allá de las apariencias. Quiero decir, que más que de abrir los ojos se trataría de abrir el corazón.

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EMAÚS

A menudo volvemos a encontramos

al caer de la tarde con el mismo

Viajero de aquel día. Y, al llegar

a casa, lo invitamos: "Quédate

con nosotros, la noche se echa encima,

y el camino es difícil, cada vez

más difícil, y no vas a irte solo..."

Y acepta el hospedaje.

Y preparamos rápida

la mesa, el pan, el vino y la amistad.

Y el Viajero nos mira con amor.

Y parte el pan con lentitud. Y dice

sus palabras. Y lo reconocemos

cuando... desaparece. Como entonces.

Mas su presencia ya es inextinguible.

Y nos impulsa a regresar al gozo

de la Comunidad, que abre sus puertas

para oírnos: "¡Está, el Señor está

con nosotros! ¡Está vivo! ¿Lo veis?"

Y nos ponemos a rezar unidos

con la dicha que no podrá quitarnos

ni el día, ni la tarde, ni la noche,

ni el tiempo, ni la vida, ni la muerte...

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MI FE ES UNA LÁMPARA DE ORO...

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La fe es un don de Dios. Pero es también valerosa apuesta del hombre, que se fía de Dios. "Mi fe es una lámpara / de oro / con cien mil soles dentro..." Así inicia Juan Ruiz Peña su poema "Lámpara de oro". Es triste el final, y esperanzado, porque el poeta creyente viene a reconocerse en el personaje bíblico que suplicaba: "Señor, yo creo, pero aumenta mi fe (Marcos 9,24)".

En carta de 1981 a José Antonio Sáez informa el escritor gaditano cómo en sus años juveniles de Sevilla su lema era el pensamiento de Ibsen: "Sé tú mismo". Y continúa: "Más tarde concentré en un aforismo toda mi postura vital y poética: "Sol pequeño, pero con luz propia". Y escribimos nosotros: "Sol pequeño, pero con luz propia. Lámpara 'con cien mil soles dentro', pero necesitada todavía de más luz, de tu Luz, Señor..."

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LÁMPARA DE ORO

Mi fe es una lámpara

de oro,

con cien mil soles dentro,

pero su claridad es poca

aún, y mi alma

apenas un temblor, sonido, hoja

de otoño o suspirar amarillo del bosque.

Qué importa, si te siento

en mi sangre, en hervor,

si te escucho, resuello de niño dormido,

si te respiro, iris teñido de ilusión.

Te busco con mi lámpara,

pasan los años,

y soy tiempo

desnudo, soledad, trabajo, amor,

tonel de sufrimiento.

Yo te ofrendo la vida,

dame la paz en cambio,

oh Invisible, mi lámpara no puede alumbrar más.

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ENCONTRAR A DIOS EN TODAS LAS

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COSAS

“El universo se desarrolla en Dios, que lo llena todo. Entonces hay mística en una hoja, en un camino, en el rocío, en el rostro del pobre. El ideal no es sólo pasar de lo exterior a lo interior para descubrir la acción de Dios en el alma, sino también llegar a encontrarlo en todas las cosas, como enseñaba san Buenaventura: «La contemplación es tanto más eminente cuanto más siente en sí el hombre el efecto de la divina gracia o también cuanto mejor sabe encontrar a Dios en las criaturas exteriores» (Francisco, Laudato si', 233).

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VERSOS PARA ORAR

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EN VERANO

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Vacaciones con Dios

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0.Preparando las vacaciones

LA MARCHA, de M. V. Atencia / AL EMPRENDER UN VIAJE, de J. Mauleón / DUELE LA TIERRA DE HERMOSA, de J. Mauleón / DIOS DE ALEGRÍA, de Jorge Carrera Andrade...

1.La luz

ORACIÓN DE LAS HORAS, de Ángel Sanz Arribas / REGALO, de Ángel Sanz Arribas / MÁS LUZ, de Ángel Sanz Arribas

2.El Espíritu Santo

ESPÍRITU DIVINO, de Ángel Sanz Arribas / A VECES, POR LAS VENAS DE LAS COSAS, de Juan Bautista Bertrán...

3.Un templo, una catedral

TE SIENTO AQUÍ, SEÑOR, de Juan Bautista Bertrán

4.A orillas del mar

ORACIÓN CON EL CUERPO, de Antonio Pereira / DIOS Y EL MAR, de Carmen Conde...

5.Ya amanece en la tierra

YA AMANECE EN LA TIERRA, de E. de Champourcin / COMO UN DÍA, de Jesús Mauleón / HIMNO DE LA MAÑANA, de Victor Manuel Arbeloa

6.Con los ojos de Dios

SI YA FLORECIÓ EL ALMENDRO, de M. Ángeles Gómez / COMO LAS BANDADAS DE PATOS..., de Ernesto Cardenal / SALOMÓN Y LA ROSA, de Fina García Marruz / ACABO DE VER, de Juan Ruíz Peña

7.Entre la fe y la duda

SÚPLICA, de Susana March / LLAMANDO, de B. Mostaza / UN MAR DE OSCURAS VOCES, de Bartolomé Mostaza

8.Esos niños que nos miran

NIÑOS NUESTROS, de G. Diego / EL HACEDOR, de J. G. Nieto / LOS NIÑOS. TODAVÍA VEN LOS ÁNGELES, de R. Alfaro

9. El placer de la conversación

SOBRE EL PLACER DE LA CONVERSACIÓN, de R. Alfaro / YO TE FUI DESNUDANDO, de Dulce María Loynaz / VOLVIERON LAS PALABRAS, de Ernestina de Champourcin

10.La hora de Completas

TIEMPO DE LA NOCHE, de E. de Champourcin / CANCIÓN DEL AGUA NOCTURNA, de Leopoldo Panero / EL SUEÑO, HERMANO DE LA MUERTE, de Bernardo Velado

11.Quien cree, ve

ALFARERO DEL HOMBRE, de J. L. Blanco Vega / EMAÚS, de Rafael Alfaro / LÁMPARA DE ORO, de Juan Ruíz Peña

12.Despedida

QUIERO ESTA NOCHE BENDECIRTE, de R. Alfaro / LA TIERRA ES TUYA, de Concha Zardoya / DESPEDIDA, de R. Alfaro

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