Anabella Barroso, presidenta de la Asociación de Archiveros de la Iglesia en España: “Pensar en el futuro es la clave”
Desde el 8 al 12 de junio se celebra la Semana Internacional de los Archivos
“Ojalá tuviéramos todo digitalizado para poder aplicar IA… Ahora nos tenemos que centrar en la digitalización de los fondos, para conservar, para difundir y para preparar la futura aplicación de IA”
En medio de la visita de León XIV a España la vida de la Iglesia sigue y sus efemérides, jornadas, y actividades también siguen siendo actualidad, aunque la primera plana se la lleve el Santo Padre. Así esta semana se celebra la Semana Internacional de los Archivos, y los de la Iglesia son importantes. Por eso retomamos un reciente nombramiento que marca historia y abordamos esta celebración.
Anabella Barroso Arahuetes, laica de la diócesis de Bilbao y directora del Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia (AHEB-BEHA) fue recientemente nombrada presidenta de la Asociación de Archiveros de la Iglesia en España. Este nombramiento se realizó en la 272ª reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, celebrada en Madrid los días 24 y 25 de febrero.
Anabella Barroso ya fue la primera archivera diocesana, en 1997 y casi 30 años después, se ha convertido en la primera presidente laica de la Asociación de Archiveros de la Iglesia.
Barroso es Doctora en Historia Contemporánea (1993) y máster en archivística (2005) y en gestión de servicios de información (2018). Directora del AHEB-BEHA, del Centro Icaro y del Servicio Diocesano Archivos. Delegada Protección de Datos. Responsable de Transparencia y Gestión Documental en la Diócesis de Bilbao. Profesora colaboradora en la Escuela Universitaria de Magisterio BAM. Premio Acal 2024 a la mejor labor profesional.
Entrevista
Pregunta.¿Queda algún techo de cristal que romper en tu mundo de la archivística?
Respuesta. ¡Quién sabe lo que me depara el destino! Nunca ha sido mi objetivo. Pero sí es cierto que en mi trayectoria profesional he ocupado puestos que suponen un avance en ese sentido. Y de alguna manera he ido desbrozando el camino para que ser mujer y laica no suponga un obstáculo para dirigir un archivo diocesano o para presidir la Asociación.
P.¿Cuál es tu labor al frente de esta Asociación y si tienes proyectos para intentar implantar ideas en el mundo de los Archivos eclesiásticos?
R. Mi labor es estar al frente de la Asociación, con las funciones que marcan los estatutos, y presidir la junta directiva en la que estamos 7 personas y que es un equipo estupendo. Además la Asociación la formamos todas las personas que estamos asociadas y que trabajamos en diferentes tipos de archivos de la Iglesia (diocesanos, catedralicios, parroquiales, órdenes religiosas, asociaciones laicales). Precisamente esa es una de las líneas que queremos potenciar, la participación activa de todos los miembros, con la creación de comisiones, grupos de trabajo y colaboraciones puntuales. Hay muchos retos en este momento que van desde la normalización, la digitalización, a la inteligencia artificial pasando por la informatización, la difusión y la gestión documental. Sólo trabajando de forma colaborativa y con formación permanente podemos aprovechar todas las oportunidades. Creo que lo importante es poner en valor el patrimonio documental de la iglesia y también dar mayor visibilidad a un colectivo de personas que trabajamos con gran dedicación, mucha ilusión y también con gran profesionalidad muchas veces en condiciones que tienen mucho margen de mejora. Otra línea que me gustaría impulsar es la colaboración con otras asociaciones. Recientemente se ha celebrado el IV Encuentro de Archiveros Eclesiásticos de Europa en Viena y hemos coincidido diferentes personas de asociaciones de diversos países (Italia, Portugal, Francia, España, Polonia, Austria, Alemania entre otros) y hemos visto que los retos y desafíos son similares en todos los lugares y que la única forma de avanzar es la creación de redes y la colaboración personal e institucional.
Desde el 8 al 12 de junio se celebra la Semana Internacional de los Archivos, este año con un lema muy ambicioso: Archivos y Justicia. Derechos, Memoria y Futuro.
P.¿Qué busca este lema poner de relieve?
R. Es un lema que nos propone reflexionar sobre el papel de los archivos en la sociedad que no son únicamente patrimonio cultural, sino herramientas esenciales para proteger los derechos de las personas. Los documentos de los archivos acreditan identidad, prueban hechos, dejan constancia de las decisiones, en definitiva garantizan derechos de las personas. En el caso, por ejemplo, de los registros sacramentales se acredita el estado canónico de los fieles desde el bautismo. Se van anotando la confirmación, el matrimonio o las órdenes en el caso de presbíteros e incluso si solicitan la baja o apostasía. Los documentos reflejan la vida diaria, cuándo se crean parroquias, los nombramientos, las actas de los consejos, las fotografías etc. Toda la vida de la iglesia se ha documentado a lo largo de los siglos y se sigue haciendo, aunque hayan cambiado las formas y los soportes documentales. Todo esto permite construir la memoria colectiva de la comunidad cristiana a lo largo de los siglos en cada territorio y todo eso nos permite comprender el presente, no solo de la iglesia sino de la sociedad entera. El lema no sólo pone en valor el pasado, sino que también nos obliga a pensar en el futuro, en cómo seguir conservando esos documentos y cómo debemos transmitirlos a las nuevas generaciones. Pensar en el futuro es la clave.
P.¿Hay documentos clasificados en todos los archivos?
R. Sí y no. Me explico. El derecho canónico refiere la existencia de un archivo secreto. Pero creo que más que de documentos clasificados debemos hablar de documentos con acceso restringido por diversas causas. La más común es la protección de datos personales o el derecho al honor e intimidad personal. Por ejemplo, tenemos que garantizar los derechos de las personas a la protección de datos y por eso si los documentos se refieren a personas vivas, no van a poderse consultar sin autorización de la persona interesada. En otros casos puede ser por seguridad, por confidencialidad, etc. El Reglamento https://scrinia.org/consulta-el-reglamento-de-archivos-eclesiasticos-aqui/ de Archivos Eclesiásticos en España marca el plazo de 75 años. Normalmente la consulta de documentos de menos de 75 años no es de acceso libre. En esos casos habrá que hacer estudios de accesibilidad, teniendo en cuenta diversos factores tales como el interés legítimo de la investigación o la finalidad de la consulta y sobre todo garantizar que la consulta de esos documentos -y su posible difusión- no lesione derechos de otras personas. El entramado legal de nuestro país no nos lo pone fácil a los profesionales de archivos, pero tenemos que mantener el equilibrio entre la difusión, la transparencia y la protección de datos. Y este es un aspecto en el que la colaboración es clave para tener criterios comunes en los diversos archivos, evitando dar la imagen de opacidad o arbitrariedad.
P.¿Cómo es posible que hoy cuando la mayoría de los textos y documentos archivados han sido catalogados se sigan descubriendo manuscritos, y legajos que reescriben la historia?
R. Uy qué estupendo sería que la mayoría de los documentos estuvieran catalogados. Los archivos de la iglesia custodian muchos kilometros de documentación con un arco cronológico muy amplio. Y en muchos archivos trabajan 1 ó 2 personas y no siempre con dedicación exclusiva. Y además la mayoría de los archivos son archivos vivos a los que sigue llegando documentación.Casi te diría que tenemos trabajo para esta vida y la siguiente y con todo no terminaríamos de identificar, inventariar y catalogar una documentación muy rica y de gran valor. Hemos avanzado mucho y sobre todo la informatización, la clasificación intelectual, las páginas web, las bases de datos y la digitalización nos ayudan a dar a conocer los documentos que tenemos en los archivos. Lo que hacemos es planificar la descripción e ir de lo general a lo concreto, aplicando mayor profundidad descriptiva a los fondos más consultados aunque tengamos que “sacrificar” la catalogación exhaustiva. En mi opinión, es mejor tener una visión general de lo que hay en el archivo para poder orientar a los usuarios internos y externos que describir al máximo detalle una parte pequeña de todo el fondo documental.
R. Ahora bien, atendiendo a la segunda parte de tu pregunta, los documentos sólo hablan si alguien les pregunta y a cada pregunta pueden responder de forma diferente. La historia siempre es hija de su tiempo y la manera en que se escribe, interpreta y comprende la historia depende del contexto histórico, cultural e ideológico de quien la escribe e incluso de las inquietudes o preocupaciones de cada época. Por eso a veces las mismas fuentes dan lugar a interpretaciones diferentes o relatos distintos. Y por eso ningún tema de investigación está agotado, puede reescribirse siempre. Por ejemplo, añadiendo nuevas perspectivas en función del contexto de cada momento. Lo importante es consultar siempre las fuentes primarias, contrastar y trabajar con rigor científico
P.¿A lo largo de tu vida qué documentos te han impactado más y recuerdas de especial manera haber tenido en tus manos?
R. Yo trabajo en un archivo de una diócesis joven (el año pasado cumplió 75 años) aunque hay documentos de más de 700 años y mi ámbito de investigación es la historia contemporánea, con lo cual he tratado documentos muy diferentes. En mi día a día, llegan muchas peticiones de usuarios que estudian los temas más diversos e incluso como también trabajo en el archivo de curia, las peticiones son muy variadas y a veces lo que más me emociona es encontrar lo que me piden. Por ejemplo, tuve que documentar San Juan de Gaztelugatxe y encontrar un documento del siglo XI en el Archivo Histórico Nacional me permitió acreditar la propiedad de la ermita. Me encantó ver documentos del siglo IX en el archivo diocesano de Vic. Cuando fui al archivo Vaticano fue impresionante ver el depósito y ver documentos del Concilio de Trento o el año pasado consultar documentos referentes a la creación de la diócesis de Bilbao. Y es estupendo ver fotografías en blanco y negro de las primeras salidas misioneras de las Mercedarias de Berriz o de las Misiones Diocesanas Vascas o poder guardar la bula de nombramiento de nuestros Obispos. Incluso emociona poder escuchar la voz de personas a las que entrevisté en el programa de Fuentes Orales sobre la diócesis de Bilbao.. Hay documentos realmente preciosos, que impactan por su estética, pero a mí lo que más me importa es el contenido y recuerdo de mi época de tesis sobre el clero vasco en el franquismo emocionarme si encontraba documentos que me permitían seguir avanzando en la línea de investigación iniciada, aunque fuera una mera nota informativa en el archivo de la dirección de asuntos eclesiásticos.. Me encanta visitar archivos y me sigo emocionando cuando me enseñan documentos y siempre digo que el día en que ya no me emocione si veo un pergamino del siglo XII, sabré que tengo que dedicarme a otra cosa.
P.¿La IA para el mundo de la archivística es un problema o una ayuda?
R. La IA es una herramienta y como tal nos va a ayudar a sistematizar procesos, nos puede ayudar en la identificación y descripción de documentos y también en las búsquedas documentales, porque ha avanzado muchísimo en la lectura de documentos manuscritos (algo que hace 20 años era impensable). Ojalá tuviéramos todo digitalizado para poder aplicar IA… Ahora nos tenemos que centrar en la digitalización de los fondos, para conservar, para difundir y para preparar la futura aplicación de IA.Precisamente de esto hablé en mi ponencia en el IV encuentro europeo que he mencionado antes. En los archivos de la iglesia podemos ir haciendo algunos proyectos piloto aplicando IA pero aquí sería importante establecer proyectos colaborativos para optimizar recursos. Pero no hay que olvidar que la IA es una herramienta y hay que utilizarla como tal y no olvidar que puede tener sesgos y que hay que planificar su uso y contrastar siempre. Y no hay que olvidar que todos los proyectos tienen que se sostenibles tanto social, como económica y medioambientalmente. Este asunto daría para varias entrevistas más.
P.Tomando parte del lema de esta Semana Internacional: Qué puede quedar de relevante a futuro poner en marcha en el mundo de los archivos y que tu como presidenta de la Asociación vas a intentar hacerlo realidad.
R. Pues creo que lo importante del lema de este año es insistir en que los archivos conectan pasado, presente y futuro y eso es en lo que me gustaría profundizar para que en nuestros archivos de la iglesia haya continuidad y homogeneidad de tratamiento archivístico en los archivos administrativos y los históricos. Tenemos que salir de la visión de los archivos como algo que sólo se refiere al pasado y pensar que nuestros documentos pueden servir para garantizar o recuperar derechos, tal y como se ha demostrado en estos 3 años pasados con la Ley de Memoria Democrática. Los archivos diocesanos hemos realizado una importante labor subsidiaria, atendiendo miles de solicitudes de partidas de bautismo, gracias a las cuales muchos han obtenido doble nacionalidad.
R. Y sobre todo, del lema, tenemos que quedarnos con lo de “futuro”. Tenemos la obligación de conservar lo que nos han legado nuestros antecesores y también de transmitirlo a las nuevas generaciones y para ello tenemos que conservar también los documentos que generamos actualmente en todo tipo de soporte. Los documentos de nuestro presente son los documentos que serán el pasado para las futuras generaciones y tenemos que hacérselos llegar y que puedan recuperar la información. Me gustaría que desde la Asociación se apostara por proyectos colaborativos para la digitalización, para la aplicación de nuevas tecnologías y de la IA para garantizar la conservación y difusión de los archivos. Esto implica que las personas que trabajamos en los archivos, tengamos que tener competencias digitales y capacidad de liderazgo y gestión, por lo que es fundamental poner en marcha un programa de formación permanente. Si tuviera que definir en pocas palabras mi “programa” sería crear redes de colaboración personal e institucional, mayor visibilidad social y formación permanente para adquirir nuevas competencias que nos permitan afrontar con optimismo la gestión de los archivos con criterios del siglo XXI.