Hazte socio/a
Última hora
Feliz Pascua. ¡Cristo ha resucitado!

Bienaventurados los que trabajan por la paz… incluso en Irán

Los ataques contra civiles, sobre todo contra niños, o la deshumanización de los iraníes son contrarios al mensaje de Jesús, quien otorga dignidad a todos los seres humanos, incluso a los combatientes enemigos. Son muchos los documentos eclesiásticos —Pacem in Terris, Caritas in Veritate o Fratelli Tutti— en los que encontramos la idea de la dignidad universal como uno de los pilares de la humanidad

El precio de la maldita guerra

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mateo 5:9) o “Al que te abofetee en la mejilla derecha, preséntale también la otra (Mateo 5:39). Las palabras de Jesús y la Doctrina Social de la Iglesia están llenas de mensajes contradictorios con lo que está ocurriendo en Irán. La guerra como acto, atenta contra la dignidad y en ningún caso puede ser utilizada como instrumento para alcanzar la justicia. El Papa lo ha dicho incluso de forma más clara en la bendición urbi et orbi del Domingo de Resurrección: “Que callen las armas”

Uno de los puntos fundamentales del mensaje de Jesús es la dignidad humana, en la que, además, se basan los derechos humanos. Todos los seres humanos son hijos de Dios y han sido creados a su imagen y semejanza (imago Dei). Este mensaje es contradictorio con la demonización del enemigo e incluso de sus líderes, ya que como dice Pablo de Tarso en “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre”. Los ataques contra civiles, sobre todo contra niños, o la deshumanización de los iraníes son contrarios al mensaje de Jesús, quien otorga dignidad a todos los seres humanos, incluso a los combatientes enemigos. Son muchos los documentos eclesiásticos —Pacem in Terris, Caritas in Veritate o Fratelli Tutti— en los que encontramos la idea de la dignidad universal como uno de los pilares de la humanidad.

Tampoco podemos olvidar la búsqueda del bien común, un principio cristiano que parece haber dejado de guiar a muchos mandatarios internacionales. La política exterior de Washington no parece estar basada en el bien común, sino más bien en un interés oscuro y ajeno al bien de la humanidad. La motivación de las acciones norteamericanas no solo es contraria al Destino Manifiesto americano, sino también al propio cristianismo. Documentos como Gaudium et Spes o Pacem in Terris nos hablan de las condiciones necesarias (bien común) para que las personas puedan alcanzar su perfección. El propio Juan XXIII, en Pacem in Terris, nos decía que la paz se basaba en la verdad, la justicia, el amor y la libertad, que se presentan en la encíclica como los cuatro pilares de la paz.

En una línea similar, tenemos que mencionar la responsabilidad de todos los gobernantes, sobre todo de los más poderosos, de promover la solidaridad internacional. Juan Pablo II dejó claro en la encíclica Sollicitudo Rei Socialis que los pueblos y sus gobernantes tienen una responsabilidad para con los pueblos menos desarrollados, y que esta responsabilidad debe centrarse en la búsqueda de la paz como objetivo central de la vida de los seres humanos. Son muchos los documentos eclesiásticos (Pacem in Terris, Populorum Progressio, Fratelli Tutti etc… ) que guían a los cristianos en esta dirección y que, por tanto, rechazan y condenan acciones como las que están desarrollando Estados Unidos e Israel en Irán.

Tumbas para las víctimas de un ataque aéreo de Israel y Estados Unidos contra una escuela de niñas en la ciudad de Minab, Irán

Como punto final habría que hablar de la Guerra Justa y analizar si este supuesto pudiera aplicarse a lo que está ocurriendo en Irán. La doctrina social cristiana establece al menos seis condiciones para considerar una guerra justa. En primer lugar, debe responder a una causa noble o, al menos, a una agresión grave, un hecho que en el caso de Irán no se había producido. En segundo lugar, debe ser llevada a cabo por una autoridad legítima, lo que, a nivel internacional, implica recurrir al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Al igual que con la primera condición, esta segunda tampoco se ha dado. En tercer lugar, debe haber proporcionalidad, un elemento que no se da, sobre todo, porque no hay agresión previa. En cuarto lugar, como dijo Juan Pablo II al referirse a la intervención de 2003 en Irak: “La guerra es siempre una derrota para la humanidad”, y como derrota solo debe usarse como último recurso. En quinto lugar, hay que asegurarse de que la guerra tenga probabilidad de éxito, ya que de esta forma se limitaría el daño a los civiles. A pesar de que la mal llamada Oficina de la Fe de la Casa Blanca organice sesiones de oración conjuntas para ganarse el favor de Dios en Irán, este comportamiento no es muy cristiano ya que, citando de nuevo al Papa León XIV, Dios rechaza las oraciones de quienes tienen las manos llenas de sangre

Si analizamos estos puntos y los aplicamos a la intervención estadounidense e israelí en Irán, nos damos cuenta de que no es una guerra justa, ya que no ha habido agresión previa, se está llevando a cabo sin el consentimiento de la autoridad competente y sin proporción alguna. Tampoco se han valorado otras opciones a la guerra y se han descartado otras vías, como el diálogo y la diplomacia, herramientas propuestas por el Papa León XIV cuando habló de buscar “una vía de escape” de la guerra. No podemos olvidar que la operación se inició en el marco de una negociación entre Washington y Teherán, lo que puede afectar la credibilidad de Washington en una futura salida negociada. Por último, a pesar del desequilibrio de fuerzas entre los contendientes, no parece que esta operación, que ya es una guerra, vaya a terminar con éxito a mediano plazo, lo que nos asegura meses de dolor en ambas orillas del Golfo Pérsico.

Para concluir, conviene recordar que “la obra de la justicia será la paz (Isaías 32:17)” y que una guerra injusta nunca traerá paz.

También te puede interesar

Lo último