El poder del clero que anula la conciencia
La jerarquía católica representa una estructura de poder que se divide en dos grandes dimensiones: el poder temporal y político y el poder espiritual y ascético. Como víctima de abuso, me acerqué a este poder, en ambos sentidos. Tanto una cosa, como la otra, solo me destruyeron aún más
La jerarquía católica representa una estructura de poder que se divide en dos grandes dimensiones: el poder temporal y político (ejercido desde la cumbre eclesiástica) y el poder espiritual y ascético (basado en el dominio de sí mismo y la devoción).
Como víctima de abuso de un sacerdote me acerqué a este poder, en ambos sentidos. Tanto una cosa, como la otra, solo me destruyeron aun más. El problema de la parte del dominio de si mismo y la devoción ( algo positivo aparentemente), es que me fue incrustada en mi corazón con la carga de la culpa, el pecado y el miedo.
Yo, también, caí en la trampa de querer este tipo de poder para obtener mi reconocimiento, mi reparación, mi justicia y mi autoestima. Fui novicio en un movimiento, en mi juventud, ese hábito con la cuerda de tres nudos en la cintura, me daba poder, pero ocultaba mis traumas.
Ya mayor, habiendo desbloqueado mi recuerdo de aquella violación de un sacerdote en mi niñez, también caí en la trampa de querer tener poder con la exposición pública y así exigir a este clero lento, y muchas veces encubridor de aquel delito; quise así, de esta manera, presionar a los responsables de aquel sacerdote para obtener una justicia y reparación; lo único que he logrado fue casi lo contrario: autodestruirme frente a semejante poder.
De todo lo anterior nace está reflexión que dedico a todo el clero, seminaristas y religiosos que se cubren con esa "vestimenta" que los sumerge en ese poder.
También para todas las personas de buena voluntad, incluido algunos de ellos, claro está, que quizás como yo, caen en la trampa de este poder.
Este poder se transforma en algo tan perverso que no es capaz de atender a las víctimas de abuso sexual de todo el mundo de forma urgente. Pero sí es capaz de organizar viajes y eventos donde acuden millones de personas. El poder necesita publicidad y movilizar a las masas. Pero a las víctimas solo una hora, en secreto, en silencio.
La solución es clara: "Dios" no se manifiesta en nuestras vidas utilizando ese poder absurdo. "Dios" solamente desea nuestra libertad y nuestra verdad. Y que vivamos acorde a esa verdad. Con paz y bienestar.
Os comparto mi reflexión:
El refugio del poder
Hay quienes creen que el poder eleva. Yo he aprendido que, muchas veces, solo aleja.
Se acerca en silencio, con el rostro amable del reconocimiento, del prestigio, de la autoridad. Se posa sobre los hombros como una túnica que promete identidad y termina ocultando el cuerpo. Poco a poco deja de escucharse la voz interior. Poco a poco el personaje ocupa el lugar de la persona.
Entonces ya no se vive para la verdad, sino para conservar el traje.
He visto ese refugio. Lo he visto en hombres revestidos de hábitos, de púrpuras y de solemnidades. He visto cómo una institución puede convertirse en el escondite perfecto para quienes un día dejaron de mirarse por dentro. No porque la fe sea el problema, sino porque el poder sabe disfrazarse incluso de Dios.
Hay palabras que aprendí a escuchar con cautela.
Cuando la misericordia no abraza la justicia, deja de ser misericordia y se convierte en un velo. Un velo que cubre heridas, silencia víctimas y protege conciencias que ya no soportan el peso de la verdad.
También aprendí a desconfiar de quienes hablan sin descanso de la familia tradicional y del derecho a la vida mientras guardan silencio ante el dolor que habita tantas casas. Las palabras más sagradas pueden convertirse en refugio cuando se pronuncian para no actuar.
El poder tiene miedo de la verdad, porque la verdad no se arrodilla ante ningún trono.
Yo también conocí el silencio. También caminé por la oscuridad del abuso, del miedo y del abandono. Pero un día comprendí que la libertad comienza cuando uno deja de buscar refugio en aquello que impresiona a los demás y empieza a habitar aquello que nadie puede arrebatarle: su propia conciencia.
Hoy ya no busco poder.
Busco la verdad, aunque incomode
Busco la libertad de caminar con el alma desnuda.
Porque quien necesita revestirse de poder quizá aún no ha descubierto que la única autoridad que no esclaviza nace de una conciencia limpia.
Y esa... no necesita túnicas, ni púrpuras, ni tronos.
Solo necesita el valor de permanecer de pie frente a la verdad.
Gracias por leerme.