Hazte socio/a
Última hora
Oficial: el Papa vendrá a España del 6 al 12 de junio

Contra la diplomacia de la fuerza: León XIV exige paz con derecho, no con armas

Las claves de la geopolítica ‘agustina’ de León XIV

El Papa y el cuerpo diplomático

El reciente discurso al cuerpo diplomático revela a un Papa León XIV con una agenda geopolítica nítida: frenar la “diplomacia de la fuerza”, rehabilitar un multilateralismo eficaz, defender sin complejos la libertad de conciencia y de religión, y reordenar el debate global en torno al derecho a la vida y la dignidad humana.

Su lectura de san Agustín le sirve para denunciar una “ciudad terrena” dominada por el orgullo, la guerra y los “nuevos derechos” que vacían de contenido los derechos humanos clásicos.

Guerra, multilateralismo y papel de la ONU

León XIV diagnostica un cambio de época en el que “la diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso” está siendo sustituida por “una diplomacia basada en la fuerza”, con “la guerra de nuevo de moda” y un principio básico roto: la prohibición de usar la fuerza para violar fronteras.

El Papa y el cuerpo diplomático

Sitúa ahí su primera gran clave: reconstruir un multilateralismo real, con una ONU reformada que no viva “en la posguerra”, sino en la geopolítica actual, y que no se pierda en “ideologías”, sino en “políticas destinadas a la unidad de la familia humana”.

Frente a la tentación de buscar la paz como imposición armada, recuerda que la paz es “un orden querido por Dios” y exige respeto estricto del derecho internacional humanitario: condena la destrucción de hospitales, infraestructuras básicas y viviendas, y la participación directa o indirecta de civiles en operaciones militares.

En esa lógica, repasa los grandes focos de conflicto: reclama “alto el fuego inmediato” y diálogo en Ucrania; insiste en que en Tierra Santa la única perspectiva institucional viable sigue siendo la solución de dos Estados y denuncia el aumento de la violencia contra civiles palestinos en Cisjordania; expresa “profunda preocupación” por la escalada en el Caribe y el Pacífico americano, con mención expresa a Venezuela, donde pide respetar “la voluntad del pueblo” y reconstruir el país “en justicia, verdad, libertad y fraternidad”; y recuerda Haití, Sudán, Sudán del Sur, el Sahel, los Grandes Lagos, Myanmar o Asia oriental como laboratorios de un mismo error de fondo: creer que “la paz sólo es posible mediante el uso de la fuerza y la disuasión”.

Frente a esa lógica, alerta del peligro de una nueva carrera armamentística (incluida la inteligencia artificial aplicada a armas) si no se renuevan acuerdos como el START.

El Papa saluda al cuerpo diplomático

Lenguaje, libertad de conciencia y “cortocircuito” de derechos

Una segunda clave geopolítica prevostiana pasa por el lenguaje y el marco de derechos. León XIV sostiene que sin un lenguaje anclado en la verdad no hay diálogo posible: las palabras se han vuelto “fluidas”, “ambiguas” y se usan como armas.

Por eso, denuncia un “lenguaje orwelliano” que, en nombre de la inclusión, termina excluyendo a quienes no se ajustan a determinadas ideologías y estrecha de hecho la libertad de expresión.

También avisa de que la libertad de conciencia se ve cada vez más cuestionada incluso en “Estados que se dicen basados en la democracia y los derechos humanos”, y reivindica con fuerza la objeción de conciencia como “acto de fidelidad a uno mismo”, tanto ante el servicio militar como ante prácticas como aborto o eutanasia.

En el mismo bloque sitúa la libertad religiosa, que llama “el primero de todos los derechos humanos”, con un dato de fondo alarmante: alude a un panorama donde una gran parte de la humanidad sufre graves vulneraciones de este derecho, con persecuciones abiertas (Nigeria, Sahel, Bangladesh, Siria, Mozambique) y formas “sutiles” de discriminación de cristianos también en países de mayoría cristiana, cuando se les intenta silenciar en la defensa de los más débiles o de la familia.

Su tesis es que estamos asistiendo a un auténtico “cortocircuito de los derechos humanos”: libertades clásicas (expresión, conciencia, religión, vida) son restringidas “en nombre de otros pretendidos nuevos derechos”, de modo que el sistema entero “pierde vitalidad y deja espacio a la fuerza y la opresión”.

Discurso del Papa al cuerpo diplomático

Vida, familia, migraciones: la agenda antropológica

La tercera gran línea es antropológica y con fuertes implicaciones políticas. León XIV afirma que el “derecho a la vida” es el “fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano” y denuncia que se destinen fondos públicos a facilitar el aborto transfronterizo mientras no se apoya suficientemente a madres y familias. Condena “categóricamente” el aborto como rechazo del “don de la vida”, critica los programas que financian viajes para abortar y reclama invertir en políticas de apoyo real a la maternidad y la familia.

En la misma lógica, rechaza la gestación subrogada, porque convierte al niño en “producto” y explota el cuerpo de la mujer, y se opone a la eutanasia, que califica de “falsa compasión”, llamando a desarrollar cuidados paliativos y políticas de auténtica solidaridad.

Su defensa de la vida se extiende a migrantes y presos: recuerda que “cada migrante es una persona” con derechos inalienables, y advierte contra medidas antitráfico que se conviertan en excusa para deshumanizar. Pide abolir la pena de muerte, “medida que destruye toda esperanza de perdón y renovación”, y condena la instrumentalización de los reclusos, incluidos los presos políticos.

Todo ello converge en una crítica a un modelo de sociedad que “descarta la vida” desde el vientre materno hasta la vejez y la enfermedad, y en la reivindicación de la familia como “guardiana responsable” de la vida frente a su marginación institucional y la proliferación de “familias frágiles, rotas y que sufren”.

La ciudad de Dios

Dios, orgullo y orden mundial: la lectura agustiniana

León XIV relee La ciudad de Dios para interpretar el desorden geopolítico actual: la “ciudad terrena”, centrada en el “amor de sí” y la sed de poder, tiende a absolutizar bienes inmanentes y a expulsar a Dios del espacio público, lo que rompe la “tranquilidad del orden” y alimenta el orgullo, “raíz de todos los conflictos”. Advierte de que, si se niega a la “ciudad de Dios” su “derecho de ciudadanía”, solo queda una política sin horizonte trascendente, gobernada por el miedo y la confrontación.

Esa visión papal no desemboca en teocracia, sino en una llamada a que los cristianos, “habitando la ciudad terrena”, aporten una ética que busque “convivencia más justa y pacífica entre los pueblos”, desenmascare nacionalismos cerrados y falsos liderazgos, y sostenga una cultura de paz paciente, no de victorias rápidas.

¿Dónde encaja todo esto en la geopolítica? En que el Papa propone un orden internacional basado en tres pilares:

El Papa y el cuerpo diplomático

Con san Francisco de Asís como modelo de “hombre de paz y diálogo”, León XIV lanza un mensaje final: la paz es “difícil, pero posible”, exige “la humildad de la verdad y la valentía del perdón” y se construye con “corazones humildes volcados hacia la ciudad celestial”, capaces de resistir tanto a la lógica de la guerra como a la de la cultura de descarte.

También te puede interesar

Lo último