Un hombre, un jesuita, un líder (en memoria de Jesús Hortal)
El P. Jesús Hortal Sánchez era, ante todo, un justo. De la misma estirpe que aquellos que la Escritura señala como ejemplos de conducta para el pueblo elegido
(Jornal do Brasil).- La primera semana de febrero comienza con una noticia triste, pero a la vez hermosa. El padre Jesús Hortal Sánchez SJ falleció en São Paulo, a punto de cumplir 99 años, el próximo día 16. La tristeza se debe a que nos sentimos más pobres sin la presencia viva y aún tan lúcida de este gran hombre, gran jesuita y gran educador. Pero la belleza se impone a la tristeza al contemplar esta larga vida que deja un legado tan profundo y fecundo, y que ha marcado a tantas generaciones.
Conocí al P. Hortal cuando aún era una recién doctora en Teología, joven profesora de la PUC-Rio. El nuevo director llegaba del sur del país, jesuita español, gran especialista en Derecho Canónico. Nuestra expectativa era la de alguien serio y rígido, amante de la Ley y disciplinado. Pero... ¿tendría el nuevo director la flexibilidad necesaria para el complejo entramado de la misión de un departamento de Teología en una prestigiosa universidad católica donde se respiraba un ambiente de compromiso político y lucha por los derechos humanos, entre otras causas seculares?
Llegó y poco a poco se ganó al cuerpo docente por su competencia, firmeza, delicadeza y gran sentido del humor. Afrontó situaciones difíciles y delicadas, sabiendo siempre manejar con maestría la fidelidad a la Iglesia y el espacio abierto de la libertad académica. Se le echó de menos cuando se marchó para ser vicerrector académico y, posteriormente, rector de la PUC-Rio, cargo que ocupó durante quince años. Allí se dio a conocer a nivel nacional e internacional, destacando en el ámbito académico.
Si me preguntaran, por tanto, cuál es la mejor palabra para definir a este hombre que durante quince años condujo la PUC-Rio hasta el lugar que hoy ocupa en la vida académica del país, en un primer momento me quedaría indecisa. Se me ocurrirían tantas palabras... Convivi y trabajé con él durante casi tres décadas como profesora del departamento de teología, como directora del Centro Loyola de Fe y Cultura, como decana y vicedecana. En esos momentos tuve la suerte de descubrir diversas facetas de su rica personalidad. No es tan fácil determinar cuál es la que más destaca.
Lo primero que llama la atención al tratar con este ibérico de pura cepa, amante de su España natal y de todo lo bueno que ofrece, incluidos los buenos vinos, es sin duda su brillante inteligencia. Conversar con el P. Hortal era un placer y un aprendizaje continuo. Dotado de una mente clara, una percepción aguda y precisa y una cultura muy amplia, se sentía cómodo tanto en el Derecho Canónico y la Teología, sus especialidades académicas, como en temas sociales, políticos, económicos, culturales y literarios.
Entre las lenguas que dominaba se encontraban el griego, el hebreo y el latín, por las que transitaba con tanta soltura como si estuviera paseando por el campus de la universidad que dirigió durante tantos años. Llevaba sus múltiples diccionarios en la memoria de su teléfono móvil. Lo mismo ocurría con el Código de Derecho Canónico. Nunca le vi titubear ante una pregunta y no tener una respuesta precisa y directa. Incluso cuando se trataba de números. Conocedor de las estadísticas y los índices del país, del estado y de la universidad, conversaba con desenvoltura con matemáticos e ingenieros, esgrimiendo precisiones e incluso correcciones y ajustes a lo que le presentaban los especialistas.
Si el tema era literatura, historia general y de Brasil, música clásica o popular, el P. Hortal también tenía algo que decir y presentar. Lector voraz, era un apreciador de lo bello y lo erudito y de todas las expresiones artísticas y literarias auténticas. Una vez lo vi emocionarse profundamente al escuchar a la añorada profesora y académica Cleonice Berardinelli comentar un hermoso sermón del padre Antonio Vieira. Abierto a lo nuevo, dotado de un inmenso buen gusto, en él el sentido estético se aliaba con el sentido del humor. Era capaz de animar una reunión con su erudición, hablando tanto en lenguaje coloquial como académico.
Hombre de profunda fe, amaba a la Iglesia. Su fidelidad en este sentido, sin embargo, se unía a un compromiso abierto con el diálogo ecuménico e interreligioso
Hombre de profunda fe, amaba a la Iglesia. Su fidelidad en este sentido, sin embargo, se unía a un compromiso abierto con el diálogo ecuménico e interreligioso. Con la comunidad judía, fue uno de los interlocutores más respetados y asiduos. Era un líder destacado en el Grupo de Diálogo Católico-Judío. A menudo participé con él en eventos con interlocutores judíos, rabinos y académicos. Su voz siempre se hacía oír en el sentido del respeto y el diálogo.
A medida que avanzaba en edad y sabiduría, seguía de cerca las nuevas tecnologías. Experto internauta, siempre respondía al correo electrónico y al WhatsApp con la rapidez del rayo y daba brillantes conferencias con sofisticadas presentaciones de PowerPoint preparadas personalmente.
Todo ello le valió el reconocimiento no solo de la universidad en la que fue rector hasta el 30 de junio de 2010, sino también el respeto de la comunidad académica más allá de las fronteras de la PUC-Rio, habiendo sido elegido tres veces personalidad educativa del año y recibido el Doctorado Honoris Causa de la PUC de Paraná. Figura destacada de la sociedad como educador, acumuló premios y reconocimientos de diversas instancias, que recibió con naturalidad y sonriente modestia.
Toda esta brillante trayectoria, sin embargo, no se acerca ni remotamente a la palabra que mejor lo define y que solo pude encontrar en las Sagradas Escrituras, tan conocidas y asimiladas por él. El P. Jesús Hortal Sánchez era, ante todo, un justo. De la misma estirpe que aquellos que la Escritura señala como ejemplos de conducta para el pueblo elegido. Y su formación como jurista sin duda perfeccionó aún más esa justicia constitutiva de su persona. Durante las décadas en que trabajamos juntos, lo tuve como jefe. Como he indicado anteriormente, estuve bajo su liderazgo como director del departamento de teología, vicerrector académico y, finalmente, como rector. En sus manos estaba la toma de decisiones, a menudo en situaciones difíciles o delicadas. Nunca lo vi pensar, actuar o hablar movido por pasiones o bajo el viento voluble de emociones desordenadas. Mucho menos bajo el impulso de simpatías o antipatías, gustos o disgustos.
Su rectitud firme y sobria le hacía permanecer equilibrado como el vástago de una balanza, incluso en los momentos más cruciales al frente de una institución tan compleja y grande como la universidad. Inspiraba confianza a todos y permitía sentir que la PUC-Rio navegaba segura y tranquila, enarbolando bien alto su bandera.
Hoy celebro su Pascua y, a pesar de la nostalgia, me alegra verlo entrar en la plenitud de la luz del Resucitado. Su muerte ha provocado una serie de homenajes que llegan de todas partes. Aquí dejo el mío. Y me siento impulsada a repetir lo que le dije en mi discurso de fin de mandato como decana del Centro de Teología y Ciencias Humanas (CTCH), que coincidió con el final de su rectorado. Allí dije que sentía que se le aplicaba la frase del salmo: La boca del justo habla sabiduría y su lengua expresa justicia. (Sal 37,30) Y también, y no menos, la frase de Jesús de Nazaret en el cuarto evangelio, al ver al joven israelita Natanael bajo la higuera: He aquí un hombre en quien no hay falsedad (Jn 1,47). Reafirmo todo esto hoy. Y solo puedo expresar mi profunda gratitud por todos estos años de convivencia y aprendizaje.
Estoy segura de que el Señor lo recibe, fiel servidor, con alegría en su vida que no tiene fin. Que su luminoso legado siga inspirándonos hoy y siempre.
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Maria Clara Bingemer fue durante 43 años profesora del departamento de teología de la PUC-Rio. Es autora de varios libros en varios idiomas, siendo el más reciente A sede de Deus nos desertos contemporâneos (La sed de Dios en los desiertos contemporáneos). Aproximaciones teopoéticas, SP, Editora Recriar, 2025. Su sitio web personal se puede encontrar en http://agape.usuarios.rdc.puc-rio.br/quemsou.htm