Hazte socio/a
Última hora
Cuatro años de la invasión rusa de Ucrannia

Cuando el hombre quiere ser animal

"En las últimas semanas han aparecido testimonios de jóvenes que se definen como therians: afirman identificarse interiormente con un animal… Pero el hombre no es simplemente un animal más"

Therians

En las últimas semanas han aparecido en medios y redes sociales testimonios de jóvenes que se definen como therians: personas que afirman identificarse interiormente con un animal. Algunos dicen sentirse lobos; otros, felinos o aves. No hablan de un juego pasajero ni de un simple disfraz, sino de una vivencia que consideran parte profunda de su identidad. Sienten que tienen un animal encerrado en su cuerpo humano.

La primera reacción ante este fenómeno puede ser la sorpresa o incluso la ironía. Sin embargo, quedarse ahí sería superficial. Detrás de muchas de estas afirmaciones suele haber historias personales concretas: sensación de no encajar en el colegio, en el grupo de amigos o incluso en la propia familia; experiencias de aislamiento; dificultades para expresar el propio mundo interior. En ese contexto, encontrar un grupo que acoge y valida puede resultar profundamente reconfortante.

Vivimos en una cultura donde la identidad humana se entiende cada vez más como algo que se construye exclusivamente desde el sentimiento subjetivo. Si yo lo siento intensamente, parece que eso define lo que soy. Pero el ser humano no es solo emoción cambiante; es también realidad concreta, cuerpo, historia, vínculos y límites. 

No nos damos la vida a nosotros mismos, la recibimos. La vida no se comprende adecuadamente como resultado impersonal del azar, sino como algo recibido; y todo lo recibido remite necesariamente a quien lo otorga. El ser humano, por tanto, no es un proyecto arbitrario que cada uno redefine a voluntad, sino una realidad dada. Es criatura; y, según la fe cristiana, criatura querida y llamada a existir por Dios, portadora de una dignidad propia que no depende del reconocimiento social ni de la autopercepción subjetiva.

Therian

Los animales forman parte maravillosa del mundo creado, pero el hombre no es simplemente un animal más: posee una dimensión espiritual, racional y relacional que lo sitúa en un plano diferente. No como superior despótico, sino como responsable ante Dios y ante los demás.

El cuerpo, en esta perspectiva, no es una cárcel ni un error. Es parte esencial de la persona. Forma parte de la creación de Dios y, por tanto, tiene un sentido. Desvincular radicalmente la identidad del cuerpo implica, en el fondo, romper la unidad de la persona tal como ha sido creada. Cuando se pierde esta referencia a la creación y al Creador, la identidad queda flotando en el sentimiento subjetivo, sin un anclaje firme.

No todo lo que se agrupa bajo la etiqueta therian es necesariamente un trastorno psicológico. Sería injusto afirmarlo sin matices. Sin embargo, tampoco puede descartarse que en algunos casos haya sufrimiento real que necesita acompañamiento profesional. A veces la identificación con un animal puede ser una forma simbólica de expresar malestar, desconexión o deseo de pertenencia. Por eso, la respuesta no debe situarse ni en el juicio precipitado que simplifica el problema sin comprenderlo, ni en la aprobación automática que evita analizar sus consecuencias.

Lo que verdaderamente inquieta es el trasfondo cultural. Cuando una sociedad deja de ofrecer referencias claras sobre lo que significa ser persona, cuando se diluye la idea de que existe una naturaleza humana recibida, creada, y no inventada, se abre la puerta a que cualquier vivencia intensa se convierta en definición estable de uno mismo. Sin una antropología sólida, que incluya también la dimensión trascendente del ser humano, la identidad se vuelve frágil y cambiante.

Al mismo tiempo, me llama la atención el contraste con otras realidades del mundo. Mientras millones de personas luchan por sobrevivir en condiciones extremas, nuestras sociedades desarrolladas concentran parte de su debate en cuestiones que, vistas desde fuera, pueden parecer desconectadas de los problemas más urgentes. Esto no significa despreciar las inquietudes personales, sino reconocer que el bienestar material puede llevarnos a una excesiva concentración en el propio yo, olvidando que la vida tiene un horizonte más amplio que uno mismo.

Mi postura es contraria a esta manera de entender la identidad humana, pero no es una postura de condena. Si creemos que el hombre ha sido creado por Dios y llamado a una dignidad que no depende de sus sentimientos cambiantes, entonces también creemos que nadie se reduce a una etiqueta ni a una vivencia pasajera. Quienes viven estas experiencias no necesitan burla ni agresividad, sino escucha, orientación y acompañamiento. Necesitan redescubrir que su valor no nace de lo que imaginan ser, sino de lo que ya son ante Dios.

Cuando el hombre quiere ser animal, lo que está en juego no es la zoología, sino la comprensión de la persona y de su origen. Y sin referencia al Creador, la criatura termina perdiendo el sentido de sí misma. Recuperar esa mirada, que reconoce a Dios como autor de la vida y al ser humano como parte singular de su creación, no limita la libertad; la ilumina y la protege.

Therian

Tal vez el verdadero desafío no sea discutir etiquetas, sino volver a ofrecer una palabra serena y razonable sobre lo que significa ser hombre. Una palabra que no humille ni ridiculice, pero que tampoco renuncie a la verdad. Si dejamos de proponer una visión sólida de la persona, otros relatos ocuparán inevitablemente ese vacío.

Hace falta educar en una antropología realista, acompañar con paciencia a quienes se sienten desorientados y recuperar en la vida pública la convicción de que la identidad humana no es un experimento, sino un don. No basta con criticar; es necesario formar, sostener y orientar.

Porque cuando el hombre olvida quién es, termina probando cualquier identidad posible. Y cuando recuerda que ha sido querido y creado, descubre que no necesita dejar de ser hombre para sentirse valioso.

También te puede interesar

Lo último

UN SONETO SOBRE EL YO VERDADERO

Despertar al Ser