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James Alison: "El Grupo 9 del Sínodo me hace sentir orgulloso de ser católico"

"Francisco nombró a un grupo de teólogos para elaborar un método para abordar 'cuestiones doctrinales, pastorales y éticas controvertidas'. Los asuntos relacionados con los homosexuales eran tema obvio. El resultado es el plan de ruta más esperanzador que conozco"

Sínodo de la Sinodalidad

En su viaje de regreso a Roma desde Aparecida en 2013, el papa Francisco marcó deliberadamente un cambio en el discurso católico al decir: «Si alguien es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar?». Esto fue acogido inmediatamente con alegría por muchos y con consternación por algunos. Mi pregunta en aquel momento, habiendo sido, ejem, un «humilde trabajador en la viña del Señor» en este campo durante muchos años, fue: «¿Cómo lo va a hacer?». Todas las confesiones cristianas que han permitido siquiera que esto se debatiera se han dividido efectivamente a causa de ello. Entonces, los católicos ¿vamos a experimentar el oficio Petrino como aquello que permite el cambio hacia un discurso no vehemente y razonado, como parte de su servicio a la unidad de la Iglesia, evitando al mismo tiempo el cisma?

Francisco, inevitablemente, se enfrentó a mucha violencia en este campo: en un sínodo anterior de su pontificado aprendió en tiempo real que los obispos reunidos no eran capaces de mantener por sí mismos una discusión adulta sobre este asunto. A partir de entonces, tendió a «retirar del orden del día», por así decirlo, el debate directo sobre este tema, al tiempo que seguía dando pequeñas señales que empujaban las actitudes en una dirección. Para cuando llegamos a la segunda sesión del Sínodo sobre la Sinodalidad, había nombrado a un grupo de teólogos para que, a partir de lo dicho, elaboraran un método para abordar «cuestiones doctrinales, pastorales y éticas controvertidas». «Los asuntos relacionados con los homosexuales» eran el tema obvio en su agenda. Su documento debía estar disponible, en forma provisional, junto con los de los demás grupos de estudio, en septiembre del año pasado. La muerte de Francisco, el cónclave posterior y el habitual «¿qué quiere de nosotros?» romano durante las primeras semanas de un nuevo pontificado retrasaron esto hasta noviembre.

Francisco y la homosexualidad
Para la segunda sesión del Sínodo sobre la Sinodalidad, Francisco había nombrado a un grupo de teólogos para que, a partir de lo dicho, elaboraran un método para abordar «cuestiones doctrinales, pastorales y éticas controvertidas». «Los asuntos relacionados con los homosexuales» eran el tema obvio en su agenda

Lo que leí entre líneas en el informe provisional me animó. Más tarde tuve acceso a un borrador del documento de trabajo y sentí mucha curiosidad por ver qué se incluiría en la «versión final». Ahora ya se ha publicado, y estoy aún más impresionado. El documento está disponible públicamente en italiano y vale la pena leer sus primeras 22 páginas incluso si no te interesan los «temas relacionados con la homosexualidad». Creo que es la mejor explicación teológica del pensamiento que subyace a la sinodalidad que he visto hasta la fecha. Si alguien puede dar alguna respuesta a la pregunta «¿cómo lo va a hacer el Papa?» en relación con la unidad y cómo evitar el cisma, entonces este documento es el plan de ruta más esperanzador que conozco. Debe de haber sido enormemente agotador para los miembros del grupo, y han sido, desde cualquier punto de vista, fieles a la confianza que se depositó en ellos.

Este documento es el plan de ruta más esperanzador que conozco

El documento es largo, así que solo destacaré algunos de sus logros. Si bien los «lo gay» es un tema barómetro en la vida de la Iglesia, lo que los autores ofrecen aquí se valorará mucho más allá de la ocasión inmediata de su redacción. Concretiza el paso de una forma a priori de resolver «problemas», que es invariablemente reactiva, almétodo inductivo que Francisco, y muchos otros, han reclamado. El método toma uno de los casos más difíciles de las disputas eclesiales actuales y lo utiliza para construir un paradigma de cómo podemos pasar de un conjunto de actitudes a otro como parte de nuestra atención al Kerigma y a la vida en el Espíritu sin perder la fidelidad al Evangelio. Y lo hace sin invocar ningún tipo de autoridad abusiva, sin huir de las dificultades ni ofrecer algo demasiado simplista en un terreno muy conflictivo.

El primer paso creativo es rechazar la noción de 'tema controvertido'

El primer paso creativo es rechazar la noción de «tema controvertido», prefiriendo en su lugar hablar de una «realidad emergente». Al lidiar juntos con esa realidad, aprendemos a ser humanos y, por tanto, a ser Iglesia. Esto es fiel a los constantes recordatorios de Francisco de que la realidad es más grande que las ideas. A continuación, los autores exponen una antropología teológica bien elaborada, del tipo necesario para una visión dinámica de vivir en y como Iglesia. Esto se vincula a una lectura de Hechos 10-15, cuya comprensión es normativa para cualquier enfoque de la catolicidad de la Iglesia —la base misma de «todos, todos, todos».

Además, el documento establece claramente que la catolicidad reside en el «cómo» mucho más que en el «qué»: la dinámica por la que pasamos de ser «un pueblo que crea incluidos y excluidos según nuestras definiciones» a un pueblo que está aprendiendo a superar esa tendencia al escuchar al otro marginado. Así nos convertimos en quienes estamos llamados a ser en nuestro agradecido descubrimiento mutuo ante Dios. Por último, los autores desarrollan el principio de la pastoralidad. Hay que reconocerles el gran mérito de hacerlo sin eludir las difíciles cuestiones de verdad que surgen, y que no pueden pasarse por alto simplemente siendo «amables». No se puede amar genuinamente a las personas sin ayudarlas a vivir en la verdad. Por eso, el aprendizaje y la pastoralidad van invariablemente de la mano. El documento en su conjunto podría describirse como «una antropología teológica del aprendizaje eclesial».

El documento en su conjunto podría describirse como 'una antropología teológica del aprendizaje eclesial'

Al llegar a la sección (relativamente breve) que trata directamente de las cuestiones LGBT (aunque indirectamente estas han estructurado el método que se ofrece a lo largo de todo el documento), los autores comienzan por donde todos debemos comenzar: con el testimonio. Porque, en última instancia, es el testimonio de lo que es verdadero, y de vidas vividas en la verdad, lo que permitirá el discernimiento eclesial —y, en última instancia, magisterial— de aquello que es de Dios.

Cristianos LGTBIQ+ durante la oración semanal convocada por Crismhom

La sección final del documento trata de la actividad y la asociación no-violentas en tiempos de guerra, y me encantó que se abordara este tema. El ejemplo que se da procede de un grupo de Serbia que había escrito al Sínodo. Muchos de mis amigos han participado precisamente en ese tipo de asociación y actividad, ya sea en Colombia, Irlanda del Norte, Timor Oriental o, muy recientemente, en Minneapolis. Si el discurso de la «guerra justa» tenía sentido cuando las cuestiones afectaban principalmente a combatientes armados, las formas modernas de guerra han escapado de esos límites tan convenientes, y la necesidad de que aprendamos a asociarnos de forma no violenta para hacer frente a las provocaciones militarizadas de conciudadanos sobrearmados se está convirtiendo en una realidad cotidiana para cada vez más personas.

 El reto que se nos plantea ahora es embarcarnos en la aventura de acoger el método que se nos ofrece y vivirlo.

(Este artículo aparece aquí en castellano con el permiso del editor de The Tablet, donde saldrá en original en inglés el 14 de mayo)

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