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Especial Bergoglio: un año después
Vuelve a ver el webinar-homenaje al Papa Francisco

"Laudatio" al papa Francisco

La Universidad de Río Cuarto (Argentina) invistió con el Doctorado Honoris Causa "in memoriam" al papa Francisco: Es el primero que recibe, fue la universidad pública, laica, quien lo otorgó por unanimidad y los impulsores fueron los jóvenes

Francisco con la bandera argentina

Juan Carlos es un trapito. Hace muchos años que sostiene la vida de su familia con una actividad estigmatizada en un presente donde la aporofobia, el odio a los pobres, se enseñorea en las conciencias de tanta gente, incluso de los bienintencionados. Dice Juan Carlos: “Me dolió la muerte del Papa Francisco”. Su rostro, curtido, denuncia que ha padecido una enfermedad hace años que le ha dejado una notable desproporción entre un ojo y el otro. No solo desproporción, también están desalineados entre sí: uno más arriba y el otro, más abajo. Su lengua es pastosa, no siempre puede articular una palabra de pronunciación impecable. Sorprende cuando dice: “¿Sabe? Cuando el padre Cacho Tissera era el párroco de la Catedral, vino el Padre Bergoglio. Le conté que necesitaba una bendición en mi casa, cuando yo vivía todavía en el Santa Teodora… ¡Y vino! ¡El Padre Bergoglio, el Papa Francisco estuvo en mi casa! Y me dijo: Juan Carlos, Dios nunca te va a dejar solo. Ni a vos ni a tu familia”

Para corroborar tuve el atisbo de hablar con aquel Padre Cacho, actual Obispo de Quilmes, pero desistí, porque por más allá de tantas anécdotas que la gente cuenta del amado Papa Francisco, anécdotas que lo ubican llamando a la gente por teléfono para preguntarle si había conseguido trabajo o había sanado el hijo, si la lucha por la vida plena y digna del Reino de Dios de algún movimiento social estaba dando frutos, o el llamado diario al Padre Romanelli, párroco de la única parroquia católica en Gaza en medio de la guerra; más allá de todo eso hay una certeza que nos conmueve: si Juan Carlos puede decir que el Padre Jorge, como gustaba ser llamado, estuvo en su casa, es porque el pueblo pobre se ha apropiado de su figura. Y como el pueblo está siempre adelante en la historia, hoy la academia recoge el guante que deja la gente simple: si Francisco ya es del pueblo, hoy la Universidad también lo recibe, lo homenajea, y reconociéndolo le hace justicia.

Pido disculpas por no haber comenzado estas palabras agradeciendo la oportunidad, pero más que siguiendo ese modo tan de Francisco de romper protocolos, inicié esta “laudatio” dando voz a los que no tienen voz; ser la voz de los descartados, de los olvidados y de las periferias es la vocación de la Iglesia, la cual Francisco encarnó magistralmente. Hoy agradezco a la Universidad que me hayan pedido este discurso. Lo agradezco al Consejo Superior en la persona de la Sra. Rectora, Prof. Marisa Rovera, de la Vicerrectora, Prof. Mabel Bianconi y al Sr. Decano de la Facultad de Ciencias Humanas, Prof. Cristian Santos. Y no es a título individual: lo agradezco porque no se trata de otra cosa que el reconocimiento a los 40 años que hace que la Pastoral Universitaria celebraba en este campus su primera misa; cuatro décadas buscando encarnar el Evangelio en esta formidable comunidad que es la Universidad, comunidad que hemos querido siempre enriquecer con nuestro compromiso integral en lo académico, en los vínculos, en la defensa de los derechos humanos, en el transmitir que una profesión no es un privilegio sino una respuesta a la llamada que brota del corazón a construir el Reino de Dios. El 13 de marzo de 2013, cuando el Padre Jorge apareció en aquel balcón con el nombre de Francisco, en el Equipo de Pastoral Universitaria sentimos que se nos confirmaba en el sueño de construir la Iglesia pobre y para los pobres. En nombre de todos los que en estas cuatro décadas hemos sido y seguiremos siendo la presencia de la Iglesia Diocesana en la universidad es que hoy les comparto estas palabras.

Seguramente uno de los riesgos que corremos en este momento es el de reducir a Francisco a un cúmulo de anécdotas simpáticas, risueñas o emotivas. El argentino más importante que ha dado la historia merece mucho más.

Una de las cosas que atraviesa el pontificado de Bergoglio es conjugar hechos y palabras: dice que los migrantes son antes que nada personas llenas de sueños y, enseguida, va a Lampedusa y ofrece un gesto que atraviesa e impacta al mundo. Tal vez muchos no sepan que, a continuación, visitó a sus hermanos jesuitas en Roma. Y les propone algo que lo pinta de cuerpo entero: les pregunta por qué han convertido viejos conventos vacíos en hospedajes para turistas; le responden que con el dinero recaudado sostienen algunas obras en otros lugares del mundo. Inmediatamente les invita a mirar las cosas de otro modo: hay muchos hermanos que en la llamada Ciudad Eterna duermen en la calle, no tienen qué comer ni dónde bañarse; les exige cambiar prioridades: primero las personas, con sus necesidades concretas: después, y sólo después, y sólo para servir a las personas, es que los cálculos económicos tienen su lugar. Pero no se queda allí: les regala a los pobres de la Plaza San Pedro una serie de instalaciones que los dignifica en sus vidas, come con ellos y los defiende frente a tantos que no entienden nada, porque no entienden ni a Jesucristo ni a su Evangelio. Sería interminable la lista de los gestos concretos que dan firmeza y hondura a cada uno de los aspectos del Pontificado del Papa llegado desde el fin del mundo. Sólo los referimos para ilustrar que no se limitó a la palabra y los discursos, las homilías y las catequesis sino que la autoridad que se le reconoce también fuera de la Iglesia, la admiración que ha conquistado en creyentes y no creyentes está cimentada en una gran coherencia donde lo realizado da fuerza a lo dicho. 

Francisco consuela a un hombre

Pero todavía es poco decir: Francisco tenía la convicción de que este cambio de época es tiempo de poetas sociales y de profetas de esperanza. Y que no alcanza con que cada uno haga lo mejor que pueda en su lugar. Porque son imprescindibles las estructuras para que las cosas no queden en meras buenas intenciones. Se trata de la noción de la Doctrina Social de la Iglesia que nos recuerda que el bien común no es la suma de los bienes particulares sino un todo distinto y mayor, un todo dinámico que nos incluye y nos desborda por todos lados, un todo que para ser justo no es ni meritocrático ni da lugar a individualismos porque todos somos uno, y todos llevamos en nuestra biografía vital la deuda que tenemos con el presente, el pasado y el futuro: esa deuda es la de la concreción de un nosotros cada vez mayor. El yo de cada uno sólo es posible porque antes hay un nosotros que lo hace posible. De ahí que dijera que no se trata de ocupar lugares sino de acompañar procesos, como así también de iniciarlos. En todos sus ámbitos de actuación reconoció procesos a los que acompañó para hacerlos crecer. Como por ejemplo, cuando dijo que esta economía mata, recogió y cobijó un movimiento mundial de economistas jóvenes que se llama “la Economía de Francisco”, donde el nombre Francisco hace referencia al Pobre de Asís y que está integrado por economistas menores de 35 años que profesan diferentes cultos y que vinculó también con los encuentros de los movimientos sociales. Del proceso de la economía de Francisco ha sido parte esta casa de altos estudios.

Muchas veces la actuación de Francisco en el orden de las estructuras ha tenido que transitar los espacios críticos de la renovación de tales estructuras. Y por eso, tomó decisiones que purificaron estructuras: la administración de la Santa Sede fue totalmente renovada para adquirir transparencia, luego de siglos de oscuridades y desmanejos. Este es otro renglón de la actuación de Francisco que lo saca del rol de viejito simpático para traerlo a su estatura real: un hombre de Dios que puede dar un catálogo interminable de pequeñas historias sorprendentes porque al mismo tiempo tiene puesta su mirada y su energía en la transformación de las estructuras de la Iglesia y, desde allí, hacia el horizonte de la humanidad. Así también hace fructífero el incomparablemente valiente gesto de renuncia de Benedicto XVI, motivado sobre todo por la crisis administrativa y los escándalos de la pederastia. Francisco toma el testigo que Benedicto le deja y sanea estructuras, genera nuevas estructuras, desmonta viejas estructuras que hoy ya no sirven a la Evangelización. Se pueden citar muchos ejemplos como la renovación total de Caritas Internacional, la reestructuración de la Curia Vaticana, la creación del Grupo de Cardenales, los sínodos y, especialmente el Sínodo de la Sinodalidad, la creación de la Conferencia Episcopal de la Amazonia y, dentro de ella, el aliento para la novedad de un nuevo rito enraizado en las culturas originarias de la gran región de la Amazonia. 

Sorprenderá a más de uno saber que, en cuanto estado, el Vaticano está hoy gobernado por una mujer nombrada por el Papa Francisco y el Papa León ha firmado días pasados el nuevo marco legal que sostiene tal decisión. Insisto: hoy el Estado Ciudad del Vaticano está gobernado por la Hermana Rafaela Petrini. Y dentro de la estructura ministerial, que también fue reformada por Francisco, en el Dicasterio para Vida Religiosa, la prefecta es otra mujer, Simona Brambilla, junto a quien está el Cardenal Fernández Artime, pero como pro-prefecto. También en la Pontificia Comisión para América Latina está la Dra. Emilce Cuda, laica argentina y madre de familia, trabajando en el lugar de mayor importancia dentro del organismo. Francisco ha dicho que el genio femenino es superior, en numerosos ámbitos; y, entonces, eso se hace nombramiento, se hace firma, se hace estructura: palabras, gestos, estructuras: tres conceptos que ofrecen una hermosa pintura de un inabarcable pontificado.

Rafaella Petrini

Francisco ha escrito dos encíclicas sociales, que son centrales en su magisterio. Laudato sí, sobre el cuidado de la Casa Común y Fratelli tutti sobre el diálogo y la amistad social. Ambas han tenido grandísimas repercusiones, sobre todo fuera de la Iglesia. Ambas nos sacuden: la cuestión ecológica no es simplemente un problema “verde”, es un problema social que interpela el corazón de todo ser humano, pero especialmente de los creyentes: oigamos el grito de la tierra y el clamor de los pobres, porque sendos alaridos están íntimamente relacionados; la política es el más alto y noble de los quehaceres humanos, porque no se ocupa del bien particular sino del bien de todos, el bien común; y en la política, el diálogo es imprescindible como lugar y como herramienta, la amistad social es el hogar de la política rectamente entendida y las religiones no son el acicate de las guerras sino el instrumento necesario para la paz. Se adivina en ellas la presencia del hijo de Pedro Bernardone, el Francisco original, el de Asís. Dicen que Bergoglio eligió llamarse así porque en el Cónclave, al ser elegido, un Cardenal Brasileño le dijo “no te olvides de los pobres”. Se corrobora esto en su preocupación por la casa común expresada en Laudato sí, donde nos dice que la tierra es como una madre y una hermana, y que no será la técnica o la ciencia desprovista de ternura la que sanará las heridas que le hemos provocado.

También podemos corroborar el espíritu del Poverello si, leyendo Fratelli tutti, nos encontramos con el trasfondo que significa el diálogo con el Imán Ahmed Al Tayyeb y la firma del acuerdo de Abu Dabi, un hermoso ejemplo de que el camino es el diálogo y que las religiones no son una amenaza sino una oportunidad. El sueño de san Francisco de Asís se actualiza en ese diálogo y compromiso; así como el Sultán quedó impactado del pobrecito de Asís, el Gran Imán dirá que el Papa Francisco es lo mejor que le ha sucedido a la Iglesia en su historia. Pero nadie es profeta en su tierra: cuando en la Umbria medieval se hablaba del Loco, todos sabían que se referían al hijo de doña Pica; igualmente, nuestro Francisco ha vivido la incomprensión de muchos, no todos, desde dentro de ésta, su Patria.

Por ese motivo creo que este DHC In Memoriam es un acto de justicia, que como todo acto de justicia es reparador e iniciador de algo nuevo. Sé que han quedado fuera de este discurso un montón de temas que estuvieron presentes en las Comisiones Ad Hoc que trabajaron la propuesta, y pido disculpas; lo dicho seguramente podría haberlo sido de mejor modo y por alguien mejor que yo. Gracias, Padre Obispo, Mons. Adolfo Uriona por el apoyo y acompañamiento en este proceso; gracias a la Sociedad Israelita de Río Cuarto, al centro Islámico de Argentina y al Pastor Néstor Míguez, de la Iglesia Evangélica Metodista, al querido Cardenal Victor Manuel Fernández, que depositó en manos del Papa León la resolución y nos envió un mensaje y a mi amiga y compañera en las lides de la Ética Teológica, la Dra. Emilce Cuda; a José Ignacio, Lucía y Sophie; a Federico y su familia. Quiero destacar el trabajo de los jóvenes, que en la comisión tuvieron un protagonismo tal que podríamos decir que “nos llevaron a la rastra”. Destaco también la unanimidad de la aprobación del Consejo Superior, sesión en la cual no pude hablar porque el nudo en la garganta me lo impedía. Agradezco también a quienes en estos años de Pastoral Universitaria pusieron el cuerpo y hoy podemos ver un fruto maduro.

Digo que es un acto de justicia que repara e inicia algo nuevo. Me parece que eso nuevo estará presente en la Cátedra Abierta Papa Francisco, donde la Universidad y la Iglesia, a través de la Pastoral Universitaria, profundizaremos en el legado que nos ha dejado el querido Papa Francisco. Como lo ha dicho muchas veces en estos tiempos el Sr. Decano, Prof. Cristian Santos: este doctorado marcará el futuro de esta universidad. Espero que la nueva Cátedra Abierta dé frutos en ese estilo de Francisco, que describimos en palabras, gestos y estructuras para construir puentes y derribar muros. 

@juanKa_molina

Me parece, como a muchos, que el Papa Francisco no hubiera estado contento con tantas alabanzas para con su persona, pero vuelvo al pueblo fiel de Dios. Francisco nos enseñó que el pobre no es un problema a resolver sino un misterio a contemplar. En muchas partes, cuando ven a un argentino, dicen: extrañamos a Francisco. Me gustaría decirte, Padre Jorge: echamos de menos a Francisco, nos falta Francisco y, sobre todo, ¡nos hacés falta Papa Francisco!

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