León XIV, hijo de Gaudium et Spes
Apuntes sobre el viaje apostólico del Papa a España a la luz de la constitución pastoral sobre "La Iglesia en el mundo de hoy!, del Concilio Ecuménico Vaticano II
Introducción
El viaje apostólico del Santo Padre ha sido riquísimo de doctrina, de gestos y de mensajes dirigidos a los fieles de la Iglesia y a toda la sociedad. No haciendo justicia a esa riqueza de gestos y de contenidos de sus alocuciones, queremos detenernos únicamente en unos pocos asuntos por él abordados, seleccionando algunos de los textos de sus intervenciones que nos resultan más significativos.
León XIV y Gaudium et spes
Pensamos que se puede hacer una lectura del viaje apostólico de León XIV a España a la luz de la constitución pastoral Gaudium et spes, del Concilio Vaticano II. Dicha constitución comienza así: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombre de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo, y nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. (…) La Iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia” (GS 1). Gaudium et spes, un documento que después de más de 60 años de su promulgación sigue siendo un faro iluminador para la comprensión de la misión de la Iglesia en cada momento histórico, también el nuestro.
Y León XIV es hijo del Vaticano II, y de modo particular de Lumen gentium y Gaudium et spes. De esos dos textos se nutre fundamentalmente su teología. Con lo aprendido, León supo hacer teología comprometida con los pobres a los que sirvió como misionero en Perú y “embarrada” en el lodo de las calles y suburbios de Chiclayo como Obispo. Y dialogante y a la escucha del otro, por la responsabilidad de ser Prior General de su orden durante 12 años.
Gaudium et spes marcó un giro radical en la relación entre la Iglesia y el mundo, abriendo la puerta al diálogo y a la colaboración mutuos (cf., en particular, GS 40-45), y León XIV lo ha asumido en plenitud con naturalidad.
Presentación de León XIV
En primer lugar, en ese contexto doctrinal del Vaticano II, León XIV se presentó solemnemente ante el pueblo español, a través de sus representantes parlamentarios y su gobierno, con una nítida definición de su carácter y de su intención:
“Vengo ante todos ustedes como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia católica, consciente de que la misión confiada al Sucesor del apóstol Pedro como principio y fundamento de unidad de los Obispos y de los fieles (cf. Lumen gentium, 23), coloca a la Santa Sede, de modo peculiar, en diálogo con los pueblos y con los Estados. Mi presencia entre ustedes quiere ser un gesto de cercanía hacia España, en el marco de la mutua cooperación, y una palabra ofrecida desde el servicio a la persona humana.” (Discurso ante las Cortes, 8-6-26)
Lo ha dejado claro con sus primeras palabras en las Cortes: viene a hablarles el Obispo de Roma, el Pastor de la Iglesia católica. Se rompe así la quasi ficción, tan socorrida, de que León XIV es bienvenido en España porque es “un jefe de Estado”. La jefatura del Estado Vaticano del Papa dejó de operar cuando acabó la solemne y protocolaria recepción en el Palacio Real. A partir de ahí, ha sido el Obispo de Roma, sucesor de Pedro, el que ha caminado por las calles de nuestro país, el que se ha dirigido a la Nación y el que, con sus palabras y sus gestos, ha suscitado entusiasmo y afecto en millones de personas en nuestro País. Ningún jefe de Estado habría conseguido lo mismo.
Mensaje humanista
Muchos ámbitos de opinión saludan los mensajes del Papa por su carácter “humanista”, en lo cual se reconocen. Pues bien, el mensaje del Papa, en todas sus intervenciones, es un mensaje evangélico y no sólo humanista, y así lo ha subrayado el propio Papa reiteradamente. El cristianismo no es un humanismo, si se entiende por ello uno antropocéntrico (cf. J. M. GONZÁLEZ RUÍZ, El cristianismo no es un humanismo, 1966), sino que plantea un humanismo integral o teocéntrico y, más aún, cristocéntrico (cf. J. MARITAIN, Humanismo integral, 1936), un humanismo radical, que tanta influencia tuvo en el Concilio Vaticano II. GS lo expresa diciendo: “El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado.” (GS 22.a). Se debe tener muy en cuenta el magisterio de los últimos papas al respecto (cf., de manera eminente, JUAN PABLO II, Redemptor hominis, 1979).
Lo que sucede es que el humanismo, sobre todo el occidental ―se quiera reconocer o no―, tiene sus raíces en el propio cristianismo, que ha sido base de su tesoro de pensamiento y de su organización social a lo largo de los siglos, como han puesto de relieve sin ambages los últimos papas, a comenzar por Juan XXIII y hasta ahora con León XIV.
Afrontar la complejidad, frente a las simplificaciones
La realidad es muy compleja, y hay que hacer las cuentas con esa complejidad, alejándose de toda simplificación que no le hace justicia y es pasto de las ideologías más aberrantes. “Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad. Veo aquí una vocación específica de Europa, de la que España es protagonista original y fundamental. Es el regalo que el Viejo Continente puede hacer al mundo si quiere permanecer joven, pues joven es quien siente que tiene un futuro y una misión que aún interpelan. Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos: he aquí la tarea de quien tiene una gran historia a sus espaldas. Las nuevas tecnologías se han convertido en un entorno artificial en el que nuestras opciones fundamentales se ponen a prueba: en su interior, los prejuicios se exacerban, el pensamiento crítico se debilita, los intereses prepotentes siembran pulsiones de muerte. Por otra parte, el bien puede resistir y comunicarse.” (Discurso a las autoridades y el Cuerpo diplomático, 6-6-26)
Se presenta el diálogo como método de entendimiento dentro y fuera de la Iglesia, cf. PABLO VI, Ecclesiam suam (1964): “La Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo en que le toca vivir. La Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio.” (ES 34.a)
La dignidad humana
En aras de la dignidad inviolable de la persona, León XIV defiende el respeto de la vida humana desde su concepción hasta su ocaso natural, el papel central de la familia y la acogida a los inmigrantes.“La afirmación de la dignidad humana no puede permanecer abstracta cuando tantas personas se ven obligadas a dejarlo todo para buscar paz, seguridad y futuro. (…) Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”(Discurso ante las Cortes, 8-6-26). Se hace así eco, casi a la letra, de GS: “La igualdad fundamental entre todos los hombres exige un reconocimiento cada vez mayor. (…) Toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan de Dios.” (GS 29.a-b)
La opción preferencial por los pobres, prioridad de la Iglesia
La opción preferencial por los pobres, fulcro de toda la teología de León XIV, pone a los pobres, a los enfermos, a los inmigrantes, a los desamparados, a los descartados por delante de todos. Ellos son los primeros en el amor de Dios y han de ser los primeros en todas las opciones personales y sociales de los cristianos. “Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano” (Madrid, Homilía en la Misa de Cibeles, 7-6-26). Los pobres son la prioridad de la Iglesia, una “opción fundamental” irrenunciable (cf. todo el magisterio de Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y el mismo León XIV, por ejemplo en Dilexi te). “La Iglesia sabe que ese encuentro con los pobres tiene para ella un valor de justificación o de condena, según nos hayamos comprometido o inhibido ante los pobres. Los pobres son sacramento de Cristo.” (COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL SOCIAL, doc. La Iglesia y los pobres, 1994, n. 9)
A los jóvenes: ¡Sed humanos! Comprometeos, embarraos, pronunciaos, optad, tomad partido
Alocución a los jóvenes: “Quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas. Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo.” (Madrid, Vigilia de oración con los jóvenes, 6-6-26)
Los abusos en la Iglesia
Es difícilmente asumible el trato dado durante el viaje apostólico a las víctimas de abusos por parte de clérigos. En contra de las normas y disposiciones más recientes de la Iglesia a este respecto, el trato que se les ha dado en el viaje apostólico ha sido deplorable. No pudiendo dudar en absoluto del compromiso de León XIV (acreditado ya desde muy antes de ser cardenal y más tarde como Papa) en la lucha contra esta lacra o plaga (como él mismo la definió ante el Pleno de la Conferencia Episcopal Española), debemos concluir que lo que se ha hecho y el resultado que se ha obtenido ―después de comprobar por los medios de comunicación el calvario de algunos de los representantes de organizaciones de víctimas, yendo de un lado a otro para intentar sin éxito ser recibidos por el Papa (Madrid, Nunciatura, Barcelona, Montserrat, Canarias)―, ha sido un fallo garrafal (intencionado o no) de las autoridades eclesiásticas españolas encargadas de la coordinación del viaje, máxime cuando era notorio el interés y la expectación suscitados en la sociedad española por ese drama tantas veces denunciado. A las víctimas se les debe justicia y reconocimiento, no hay otra, y no humillación y menosprecio, como ha sido el caso.
El olvido del "Tercer sector"
Se programó y desarrolló un encuentro del Papa con el mundo social, cultural, deportivo y económico (encuentro Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte, Madrid, 7-6-26) y por eso se dio voz ante él a los empresarios y a los sindicatos, entre otros. Pero, ¿qué pasó con el llamado “Tercer sector”? Éste lo componen el conjunto de organizaciones e iniciativas que no son públicas, son no gubernamentales (no pertenecen al Estado), y son entidades sin ánimo de lucro. Juegan un papel importantísimo en todas las sociedades democráticas desarrolladas, también en la nuestra, y se dedican a practicar la solidaridad tanto en el ámbito nacional como en el internacional y a ayudar de múltiples maneras a quienes más lo necesitan, ya sean personas, grupos o países en penuria.
Piénsese en todo el universo de asociaciones, fundaciones, comunidades, cofradías, grupos e iniciativas de todo tipo surgidas o ligadas directamente a la Iglesia (en parroquias, diócesis, institutos religiosos, comunidades, movimientos, etcétera). De ellas pueden hablar muy bien Cáritas y la Coordinadora de ONGs para el desarrollo de España. En ese sector se inscriben los miles de personas voluntarias, de todas las edades y condiciones económicas y sociales, creyentes y no creyentes, que ofrecen gratuitamente su tiempo, su esfuerzo y, muchas veces, su sacrificio para ayudar a los demás y colaborar con el bien común, tanto dentro como fuera de las fronteras españolas. Y ésa es también una gran riqueza de la Iglesia española, de la cual, por cierto, se siente muy orgullosa con razón, pues su contribución al bien social es enorme y muchas veces es lo único que le sirve de carta de presentación aceptable ante la sociedad. Siendo eso así, ¿cómo se las ha podido dar de lado (intencionadamente o no) en un momento tan significativo? Piénsese, por último, en los miles de voluntarias y voluntarios que colaboraron en la preparación y el desarrollo del viaje en todas sus sedes: merecieron, por tanto, un encuentro personal del Papa con quienes habían colaborado en Madrid, en la sede de IFEMA, el día de su partida de la capital.
Inmigrantes-aporofobia
Las personas inmigrantes merecen un capítulo aparte, que no cabe en esta pequeña reflexión, muy a nuestro pesar. Son, en realidad, las justificantes en última instancia del viaje apostólico del Papa. Y su doctrina y sus gestos respecto a esas personas han sido riquísimas y tremendamente claras y explícitas.
La ideología
El peligro más agudo en nuestra Iglesia y en nuestro País es el de las ideologías. “Si lo pensamos bien, en realidad, «también los cristianos, en muchas ocasiones, se dejan contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por posicionamientos políticos y económicos que llevan a injustas generalizaciones y a conclusiones engañosas. El hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el Evangelio, para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana. No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico» (Dilexi te, 15).” (Madrid, Centro social de Cáritas CEDIA, 6-6-26)
¿Cómo funciona la ideología? La filosofía tradicional de la Iglesia dice que las cosas son lo que son en realidad, no lo que pensamos, ideamos o imaginamos que son, y que la verdad es la adecuación del pensamiento a la realidad (cf. Sto. Tomás de Aquino). “Creo que es muy importante que cada uno de nosotros busque desarrollar la capacidad de estar en silencio (...). En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece. Aquí también quisiera subrayar la importancia de buscar la verdad, porque muchas voces, muchas cosas en las redes nos engañan y nos cuentan mentiras. ¡Buscad siempre la verdad! ¡Dios es verdad! ¡Si te lleva lejos de Dios, no es verdad! ¡No lo olvidéis!” (Madrid, Vigilia de oración con los jóvenes, 6-6-26)
Por el contrario, la ideología, cualquier ideología, dice que las cosas son lo que ella dicta (y, por ende, el partido, grupo o facción que la sustenta, y, finalmente, su líder), no como son en realidad o como nos son presentadas por personas sensatas y honestas. Lo real no importa: importa lo construido por la propia ideología. “Como nos ha enseñado el Papa Francisco, existe, en efecto, «una tensión bipolar entre la idea y la realidad. La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma» (Evangelii gaudium, 231). De hecho ―concluía―, «la realidad es superior a la idea». La verdad es siempre más grande que nosotros y por eso nos sorprende y nos atrae hacia caminos de purificación y reconciliación, en los que el diálogo con los demás ―y con el Otro con mayúscula― se vuelve fundamental.” (Discurso autoridades y Cuerpo diplomático, 6-6-26)
La ideología tiene una fuerza descomunal, que le posibilita pasar por encima de la fe, de la pertenencia a la Iglesia, del ejemplo de Jesús y de las enseñanzas del Evangelio, y, por ende, por encima de Dios. Contra la ideología no vale nada el razonamiento cuidadoso, el diálogo sereno, la discusión respetuosa con quien no piensa lo mismo: no hay nada que hacer. Basta poner un ejemplo: el llamado “sionismo cristiano”, el cual, en nombre del Evangelio y de Jesús, justifica el peor genocidio de los tiempos modernos, que es el que se está produciendo en Gaza y en toda Palestina por parte del gobierno, el ejército y los colonos de Israel, con decenas de miles de víctimas civiles palestinas. ¿Qué tiene eso de cristiano? Nada, absolutamente nada. Por eso el Papa ha denunciado la manipulación interesada de las claves cristianas para fines que son directamente contrarios al Evangelio. Las ideologías, como ha denunciado el Papa, están sustentadas por grupos de poder económico, político y social, que miran sólo por sus propios intereses. Y con ellas dominan el mundo, a cualquier precio.
¿Y qué pasará, entonces, con los gestos y las palabras del Papa? Se las acogerá con respeto, tal vez con benevolencia, pero inmediatamente se dirá que las cosas no son como las dice el Papa, porque las cosas son como las dicta mi ideología. Y no hay salida. Nada hace que quien participa de una ideología se mueva un milímetro de sus posiciones, diga lo que diga el Papa, diga lo que diga el Evangelio. ¿Se pueden, pues, esperar resultados halagüeños del viaje del Papa? No. No abrigamos esperanzas, a no ser que sean escuchadas sus llamadas a la conversión. Sí, si confiamos en la fuerza de la gracia y del Evangelio para transformar el corazón de las personas.
¿Y qué recurso le cabe a una persona cristiana consciente, crítica y sensata? Sólo le cabe el recurso al ácido vitriólico del Evangelio. Ante cualquier postulado o acción que se propone lo que cabe es acudir al contraste con el Evangelio. Es la célebre tríada “ver, juzgar y actuar” de la Acción Católica de siempre: ver la realidad de la manera más honesta y desideologizada posible, someterla al juicio crítico de Jesús en su Evangelio, y obtener las conclusiones pertinentes para actuar en consecuencia. No hay nada que se resista a ese análisis, cuando se hace con un corazón abierto, una inteligencia aguda y una decisión valiente. Justamente eso es lo que le ha venido costando la vida a los mártires de la fe a lo largo de la historia de la Iglesia.
Tarea para nuestro País
“He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratitud del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela en la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común.” (Homilía en la Misa de Cibeles, 7-6-26)