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Feliz Pascua. ¡Cristo ha resucitado!

Los “pasos” que, a todos,  nos pide la PASCUA

Pascua

Judíos y cristianos, anualmente celebramos la fiesta de la Pascua. Pascua es una palabra de origen hebreo: “pesah”, que significa “salto” o “paso”. Los judíos conmemoran el “paso” por el mar rojo, la liberación de Egipto y todo lo que ese acontecimiento significó para los israelitas del antiguo testamento hasta hoy. Los cristianos, con la fiesta de Pascua, conmemoramos la principal confesión de nuestra fe: la Resurrección del Crucificado, Jesucristo, el Señor, el Hijo de Dios, como el “paso” de la muerte a la vida, la victoria del bien sobre el mal, el triunfo del proyecto de vida y obra de Jesús de Nazaret, de lo antiguo a lo nuevo, de una vida de esclavos a una vida de hijos, de las leyes a la plenitud de la ley por el mandamiento nuevo del amor.

Por lo que, sin importar el credo que cada quien profese, la Pascua es una celebración que contiene un profundo significado y mensajes antropológicos y sociales de gran calado que inspiran a todo ser humano.

Pascua

Porque la Pascua, en primer lugar, nos enseña que el final no es el final. Si la cruz simboliza el sufrimiento, la aparente victoria del mal sobre el bien, el aparente fracaso de todo proyecto humano, el caos y la destrucción como destino del ser humano, la Pascua confiesa que la disrupción es posible y que siempre hay una nueva oportunidad sobre la tierra. 

La Pascua propone una narrativa inversa a la entropía, al desorden y al caos. Pascua es la celebración de la fuerza vital, de la recuperación del trauma, de la resiliencia, del optimismo contra el pesimismo, del sentido contra el sin-sentido y el absurdo. Por lo que, a todos, la Pascua nos invita a apostar por la vida, en todas sus formas y manifestaciones, sobre la muerte; incluso cuando guerras, crisis climáticas, injusticias, violencias y toda clase de conflictos y angustias sugieren que todo está perdido.

Si la condena injusta impuesta a Jesús de Nazaret, su pasión y muerte en cruz hubiesen quedado en el olvido, entonces la injusticia hubiese tenido la última palabra. Pascua es la validación de la víctima inocente. Pascua representa la esperanza del triunfo de la Verdad, de la paciente y terca persistencia en la Verdad, el triunfo de la ética y de los mejores valores humanos sobre la fuerza bruta, la reivindicación del triunfo seguro, al final, de las mejores luchas humanas en favor del hombre y de un mundo mejor.

En el norte, la Pascua coincide con el comienzo de la primavera, y una y otra nos hablan del renacer de la naturaleza y de la naturaleza humana. De un nuevo comienzo, de un “hombre nuevo” paulino con una vida nueva. Pascua afirma la posibilidad de reinventarnos siempre. Nadie está condenado a su pasado. Todo hombre puede levantarse de la tumba de sus errores, de sus fracasos, de sus condicionamientos para empezar siempre de nuevo, para emprender un camino nuevo, una vida nueva en una sociedad nueva.

Porque todo lo confesado y celebrado en la Pascua contiene un motor de cambio social contra todo determinismo y fatalismo: lo que parecía imposible de vencer, el mal y la muerte, han sido vencidos. Pascua es un grito de protesta contra el cinismo y la tiranía del mal, contra toda resignación. Pascua es el grito de la rebeldía de la esperanza contra toda forma de desesperanza. Por la Pascua, toda forma de vida indigna e inhumana, toda forma de empobrecimiento, discriminación, odio, violencia e injusticia puede y debe ser superada y vencida. 

Pascua

La celebración de la Pascua protesta contra una visión inmanente y ciega de este mundo y propone una visión trascendente de la vida humana y de la historia. La Pascua es el anticipo de la vida nueva, abundante, feliz y plena que todos anhelamos. Por la Pascua, el ansia de plenitud humana no fracasa. “La vida pasa por la muerte, pero no es tragada por ella.” (L. Boff). La última palabra y el destino último del hombre no es la muerte sino la vida más perfecta. Por la Pascua, hay rayos de luz y de vida nueva que penetran e iluminan nuestras oscuridades. 

Pero la Pascua sigue aconteciendo hoy en el mundo… Y todos hemos de ir construyendo Pascua cotidiana y permanente. Siempre que triunfa la justicia sobre la injusticia, siempre que el bien supera el mal, siempre que la verdad y la esperanza se imponen sobre la corrupción y la mentira, siempre que las relaciones fraternas y solidarias se imponen sobre la mezquindad y el egoísmo, siempre que triunfan el amor, el perdón y la alegría sobre el odio y la tristeza: es Pascua.

Así, la celebración de la Pascua nos recordará siempre que la vida posee una terquedad definitiva y superior a cualquier forma de mal y de muerte y que todos hemos de dar siempre un “paso”, un salto hacia adelante, hacia lo nuevo, hacia lo bueno y lo mejor. ¡FELICES PASOS, FELICES PASCUAS!

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