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¿Religión digital o corpórea? Las redes sociales y la experiencia religiosa

El fenómeno de la religión digital no supone simplemente un cambio de medio, sino una transformación profunda en las formas de creer, practicar y pertenecer

Jesús en red

Las redes sociales han transformado profundamente la comunicación contemporánea. Plataformas como Instagram, Facebook o TikTok han convertido la interacción global en algo inmediato, accesible y constante. En este contexto, la religión no ha quedado al margen: también se ha desplazado hacia estos entornos digitales, donde se reconfiguran formas de creer, pertenecer y practicar la fe. 

Como señala Zhang (2025), las plataformas digitales han democratizado el acceso a contenidos religiosos, permitiendo a individuos y comunidades expresar su identidad de fe sin limitaciones geográficas. Sin embargo, este proceso no está exento de tensiones: la sobreabundancia de información, la fragmentación de discursos y la superficialidad en la vivencia religiosa pueden debilitar la comprensión profunda de las tradiciones espirituales. En este sentido, algunos autores han hablado incluso de un tránsito hacia un “Dios digital” (Harari, 2016), donde la experiencia religiosa se reconfigura en clave tecnológica. 

Durante y después de la pandemia de COVID-19, este fenómeno se intensificó. Iglesias, mezquitas y templos comenzaron a utilizar transmisiones en directo, mientras que aplicaciones móviles de oración, como Pray.com, y meditación (Insight Timer) ampliaron las formas de participación religiosa. La llamada “religión en red” ha favorecido nuevas dinámicas de participación, especialmente entre los jóvenes, que tienden a identificarse más como “espirituales” que como pertenecientes a una institución concreta. 

Sínodo de jovenes

Este desplazamiento también ha generado nuevas formas de interacción interreligiosa y de debate público. Campañas en redes sociales, como #LETUSTALK, han evidenciado la complejidad de los discursos sobre identidad, género y religión en espacios digitales, en los que las mujeres musulmanas relatan sus experiencias de opresión vinculadas al uso del hiyab exponiéndose a posicionamientos feministas diferentes. Por un lado, encontramos a feministas blancas, europeas y laicas que defienden el uso del hiyab como el máximo símbolo de represión y opresión hacia las mujeres musulmanas y, por otro, posicionamientos feministas decoloniales que argumentan que tales discursos son occidentalocéntricos, eurocéntricos y racistas. Asimismo, una influencer judía ortodoxa, Melinda Strauss (BBC, 2021), pone en evidencia la importancia de transmitir a través de las redes sobre su vida cotidiana y sostiene que exponerse lleva a que cada día reciba comentarios antisemitas de distintas tradiciones. A su vez, defiende que esto no la frena a postear sino todo lo contrario, la motiva a hacerlo más frecuentemente, debido a que ella considera que el odio viene de la ignorancia y cuanto ella más comparta en las redes, más conocimiento la gente tendrá sobre el judaísmo y consecuentemente, se respetará. 

Ejemplos como el de las #MediaNuns en TikTok con más de 690.000 visualizaciones en uno de sus videos más famosos, 4272 mensajes y 19.700 guardados, muestran cómo las comunidades religiosas utilizan las redes para acercarse a nuevos públicos, romper estereotipos y humanizar la vida consagrada. Del mismo modo, algunos monasterios han integrado el uso controlado de internet en su vida cotidiana, mientras otros optan por la desconexión digital como práctica de ascetismo, especialmente en tiempos litúrgicos como la Cuaresma o el Ramadán (Jonveaux, 2020). 

La expansión de lo digital ha dado lugar también a nuevas formas de “movilidad religiosa” (Garma, 2018), donde los creyentes transitan entre distintas comunidades y propuestas espirituales con mayor flexibilidad. Este fenómeno redefine la pertenencia religiosa, que ya no depende exclusivamente de la adscripción institucional, sino también de la experiencia individual y la búsqueda personal de sentido. En la era digital esto se facilita, puesto que el creyente puede entrar y salir sin compromiso alguno a las comunidades virtuales que le apetezca. 

Un elemento emergente en este escenario es el papel de la inteligencia artificial. Según Munibi et al. (2025), la IA está comenzando a influir en la interpretación de textos sagrados, la comunicación religiosa y la personalización de experiencias espirituales. Un chatbots en un templo budista en Japón hasta avatares digitales de acompañamiento espiritual ofrecen respuestas automatizadas a las preguntas de los usuarios sobre la fe y la práctica. Estos ejemplos resaltan el potencial de la tecnología para democratizar y personalizar la fe, sin embargo, también plantean profundas preguntas sobre la naturaleza de la experiencia religiosa, como si es posible que un pastor con IA pueda comprender y responder verdaderamente a las complejidades de la fe humana. El auge de la fe digital ha suscitado debates sobre la autenticidad de la fe virtual. Asimismo, los críticos de las experiencias religiosas argumentan que la tecnología no puede replicar el espacio sagrado de un lugar físico de culto ni el valor de la interacción humana. 

Descorporización

Precisamente, uno de los peligros de la religión digital que señala Gasser (2020) es la descorporización. En las prácticas religiosas o litúrgicas la presencia corporal es muy importante debido a que en los rituales se hacen gestos, se adoptan posturas, se leen las sagradas escrituras, se canta, se encienden velas, etc. El propio cuerpo es el principal vehículo para adorar a Dios, para compartir la fe con los demás y para formar comunidad de fieles. Gasser sostiene que si bien la digitalización puede apoyar las prácticas religiosas y fortalecer los lazos comunitarios entre los creyentes, la sustitución total de las formas tradicionales de servicios religiosos por digitales sería un error, debido a que es necesario respetar la naturaleza corpórea del ser humano con todo lo que eso conlleva (dolor, vulnerabilidad, envejecimiento y muerte). 

En una posición intermedia, Walach (2020) advierte sobre la necesidad de desarrollar capacidades críticas de discernimiento ante la sobreabundancia informativa. La exposición constante a contenidos religiosos digitales puede derivar en confusión, fragmentación o dependencia de algoritmos sin criterio ético, lo que hace imprescindible una lectura reflexiva y responsable del entorno digital. 

En el ámbito institucional, diversas iglesias han comenzado a integrar estratégicamente las redes sociales como parte de sus procesos de evangelización y comunicación. Estudios sobre diócesis españolas muestran un uso creciente de Facebook y otras plataformas para reforzar la presencia pública de la Iglesia y mantener el vínculo con los fieles en contextos de menor participación presencial (Dasilva et al., 2017). 

En conjunto, las redes sociales han ampliado las posibilidades de difusión religiosa, permitiendo el acceso global a contenidos, rituales y comunidades. No obstante, también han introducido nuevas tensiones: la autenticidad de la experiencia, la fragmentación del mensaje, la exposición a discursos extremos y la pérdida de centralidad del cuerpo en la práctica religiosa. 

Religion vs. tecnologia

En conclusión, el fenómeno de la religión digital no supone simplemente un cambio de medio, sino una transformación profunda en las formas de creer, practicar y pertenecer. Las redes sociales ofrecen oportunidades inéditas para la expansión de la espiritualidad, pero exigen también un ejercicio constante de discernimiento crítico. El desafío contemporáneo consiste en integrar las potencialidades de lo digital sin perder de vista la dimensión encarnada, comunitaria y simbólica que ha caracterizado históricamente a la experiencia religiosa. 

Cinthia Nicolini 

Filóloga y Musicoterapeuta 

Investigadora doctoral en Ciencias de las Religiones, UCM 

Explorando la intersección entre Mitología, Música y Trascendencia. 

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Referencias 

BBC (2021) NunTok: How religion is booming on TikTok and Instagram: https://www.bbc.com/ news/av/world-59513177 

Dasilva, J. A. P., & Díez, M. T. S. (2017). Redes sociales y evangelización. Galvagni, L. (2020). A digital spirituality for digital humans? 

Garma, C. (2018). Conversión y movilidad religiosa. 

Gasser, G. (2020). Digital religion and (dis-)embodiment

Godoy, P. M. (2025). Redes sociales e identidad religiosa.  

Harari, Y. N. (2016). Homo Deus

Jonveaux, I. (2020). Internet y vida religiosa. 

#LETUSTALK: https://x.com/AlinejadMasih/status/1479317697678692352 

Munibi, A. Z. et al. (2025). Faith in the Digital Era

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