¡Lo siento, no me ha tocado los Euromillones!
Sí, Santo Padre, es una lástima pero no me han tocado los Euromillones.
Me hubiera encantado poder aprovechar su visita a España para contarle, en primera persona, como cuando yo era un niño un fraile dominico me agredió sexualmente de forma continuada. Querría haberle relatado como este delito, y también pecado, cambió mi vida para siempre.
Pero no, no me han tocado los Euromillones.
Creía necesario que usted conociera como, cuando a pesar de todo pedí ingresar en la Orden de Predicadores, primero el fraile que me realizaba las pruebas psicológicas y posteriormente un formador, me agredieron sexualmente.
Pero no, desgraciadamente no me han tocado los Euromillones.
Me parecía incuestionable que usted quisiera conocer como estas agresiones han marcado toda mi vida y la vida de tantas y tantas víctimas y supervivientes. Como estas agresiones minaron mi salud mental con grandes depresiones e intentos autolíticos; como cambió radicalmente mi rendimiento académico; como torpedeó mi vida laborar…
Pero no, no me han tocado los Euromillones.
Creía fundamental relatar cómo mi sufrimiento se ha visto incrementado a lo largo de mi vida por el desprecio, el abandono y la revictimización por parte de la institución eclesiástica. Le hubiera relatado una larga historia de negación (“son solo tres o cuatro casos”) o incluso de ataque (“solo pretenden dañar a la Iglesia”) y siempre de tomadura de pelo y de revictimización constante. Me hubiera gustado poder contarle el dolor que, como creyente practicante, siento al tener que acudir a las Cortes, al Defensor del Pueblo y al Gobierno para un proceso de verdad, justicia y reparación porque la Iglesia ha sido incapaz de realizarlo sino que han añadido sufrimiento sobre sufrimiento a las víctimas. Tampoco se puede esperar mucho más de un episcopado encubridor.
Pero no, no me han tocado los Euromillones.
Entiendo, Santo Padre, que realizar el encaje de una visita papal tiene que ser tarea ardua y compleja. Le agradezco que haga hincapié en rodearse de los colectivos más desfavorecidos y necesitados. Apostar por la cercanía con migrantes o con presos me parece fundamental. Agradezco también su apuesta por Caritas. Pero entre todos los colectivos que sufren me falta uno al que creo que debería prestar especial atención. Las víctimas y supervivientes de agresiones sexuales o de conciencia en el seno de la Iglesia somos un colectivo que sufre precisamente por causa de la Iglesia. Ha sido la Iglesia la que destrozó nuestra infancia y ha condicionado nuestras vidas. Comprendo que, como dice el cardenal Cobo, con sus chascarrillos hirientes, usted necesita dormir. Pero tal vez hubiera sido posible reservarnos unos minutos en su agenda.
Pero no, no me han tocado los Euromillones.
No se qué le habrán contado desde la Conferencia Episcopal Española y la Confer. Seguramente se sientan muy orgullosos de los pasos que van dando en relación con las víctimas: negación, obstaculación, informe Cremados, plan Repara, plan PRIVA… Todo ello ha podido satisfacer a un pequeño número de víctimas pero la inmensa mayoría de víctimas y supervivientes y las grandes asociaciones han rechazado sistemáticamente estas acciones. Me hubiera gustado contarle como hemos tenido que acudir al poder político para sentirnos escuchadas y bien tratadas.
Pero no, no me han tocado los Euromillones.
Si me hubieran tocado los Euromillones podría haber dedicado entre medio y un millón de euros para asegurarme un hueco en su agenda. Es el precio que la organización del viaje ha puesto para un encuentro privado.
Si me hubieran tocado los Euromillones podría haberle relatado todo esto en persona. Podríamos haber orado juntos por los agresores para que, siendo conscientes del infinito daño causado, trabajaran sin descanso por la justicia y la reparación. Podríamos haber orado juntos por la Iglesia, pueblo de Dios, para que nunca de la espalda al sufrimiento de un menor y ponga toda la carne en el asador para lograr medidas eficaces que protejan a nuestros niños y niñas. Podríamos orar juntos por la jerarquía eclesial para que por fin y de manera real ponga a las víctimas y supervivientes en el centro. Podríamos haber orado juntos por usted, para que su ministerio sea siempre en favor de los mas pobres, desfavorecidos y necesitados. Y podríamos a ver orado juntos por nosotros y nosotras, las víctimas de las agresiones sexuales en el seno de la Iglesia, para que podamos realizarnos como personas en una vida vivida con dignidad a pesar de todas las dificultades.
Pero no, no me han tocado los Euromillones.
Aún así, y a pesar de haber estado en ocasiones al borde la apostasía por el daño causado por la jerarquía eclesial, sigo rezando por usted, por la Iglesia y por nosotros y nosotras. Amén.