"Es una lección para el mundo": Sarah Mullally ya es, oficialmente, arzobispa de Canterbury
Los príncipes de Gales y el primer ministro Starmer acompañan a la sucesora de San Agustín al frente de la Comunión Anglicana, entre tambores de cisma por el papel de la mujer y la cuestión LGTBI, y la voluntad de acabar con la crisis de los abusos
“Hoy doy gracias por todas las mujeres y los hombres… que allanaron el camino para este momento. Y a todas las mujeres que me precedieron, gracias por su apoyo y su inspiración”. Por primera vez desde que, hace ahora casi 500 años, el rey Enrique VIII abandonara la Iglesia católica, haciendo posible la Comunión Anglicana, una mujer es nombrada arzobispa de Canterbury. Se trata de Sarah Mullally, una antigua enfermera que, esta tarde, entre amenazas de cisma y empoderamiento de la mujer, ha sido entronizada en la catedral de Canterbury, en presencia de autoridades religiosas de todo el mundo, y también de los príncipes de Gales.
Y es que, como se recordará, la cabeza de esta Iglesia es el rey de Inglaterra, en la actualidad Carlos III. Aunque, no hay que olvidarlo, durante siete décadas la líder de la Comunión Anglicana fue Isabel II.
Mullally entró en el templo por la catedral de San Agustín, en memoria del santo que, según la tradición, llevó el Evangelio a estas tierras. Como él, y como hacen los agustinos (en esto, Prevost también es un ejemplo), la nueva arzobispa de Canterbury hizo un llamamiento a "crear un espacio donde todos sean bienvenidos", independientemente de sus posturas teológicas.
"La investidura es una maravillosa celebración de todas las personas que han apoyado el ministerio de las mujeres, tanto hombres como mujeres. Y mi naturaleza siempre ha sido crear un espacio donde todos sean bienvenidos. Y ciertamente, para mí, lo que busco hacer es apoyar el ministerio de todos, independientemente de su postura teológica. Y hay, en cierto modo, una lección para el mundo", recalcó en su toma de posesión, en la que expresó su "intención de ser una pastora que permita que el ministerio y la vocación de todos florezcan, sea cual sea nuestra tradición”.
No lo tendrá fácil. Su nombramiento ha venido marcado por duras críticas por un amplio sector de la Comunión Anglicana, especialmente la Iglesia africana, que ya ha convocado un cónclave e iniciado el proceso para separarse de la Iglesia de Inglaterra. No es el único tema, el de la mujer, por el que se encuentran enfrentados desde hace décadas. Y es que la Iglesia anglicana ordenó a sus primeras diaconisas en 1994, y a sus primeras obispas en 2015. La apertura a las comunidades LGTBIQ+ también es otro punto de fricción.
Sea como fuere, a la ceremonia de esta tarde acudieron, además de los príncipes de Gales y del primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, representantes de la mayoría de las 42 iglesias miembros del Anglicanismo, así como representantes del Vaticano o la Iglesia ortodoxa. Entre sus planes más inmediatos, erradicar los escándalos de pederastia en el seno de la Comunión Anglicana, cuya gestión le costó la cabeza a su antecesor, Justin Welby, quien anunció su renuncia en noviembre de 2024, tras ser criticado por no actuar con determinación ni informar a la policía sobre denuncias de abuso físico y sexual por parte de un voluntario en un campamento de verano afiliado a la iglesia.