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CONVIVIUM: los curas de Madrid toman la palabra

Democracia y cristianismo de base

Democracia y cristianismo de base

Hará cosa de un mes que me invitaron a participar en una mesa redonda con una intervención bajo el título “La Iglesia en el franquismo. Los curas rojos y el movimiento obrero y vecinal”. Formaba parte de un encuentro que se denominaba “El género de la democracia”, y que responde a una iniciativa que impulsa el Comisionado 50 años de España en Libertad, que depende del Ministerio de Administración Territorial y Memoria Democrática.

Entre los más de 400 actos que están programados este año, este es era el tercer encuentro que realizaban jóvenes de toda España para debatir sobre uno de los cambios más decisivos de la democracia, que tiene relación con el género, las identidades sexuales, la posición de las mujeres y de los hombres en la sociedad y ante las nuevas relaciones que han ido surgiendo en este tiempo.

Se ofrece en estos encuentros a los jóvenes la escucha de unas comunicaciones, para pasar posteriormente a un debate enriquecedor entre ellos y ellas y personas de otras generaciones que vivieron su juventud en otra época, la de la dictadura y la transición democrática, para que puedan enterarse de primera mano de variadas experiencias que les ayuden a comprometerse con la democracia de una forma responsable y participativa, aportando su frescura y creatividad, reclamando una nueva forma de hacer política para el bien de su generación y la de todos los ciudadanos y ciudadanas.

Este encuentro en el que participé hablaron Sejo Carrascosa de la disidencia sexual; Luz Pichel del mundo y éxodo rural, inmigración y poesía; Myriam, una mujer trans, de el sexo, la represión, la libertad, la noche y sus protagonistas; Maite Serrano de Telefónica en los años 70, el trabajo femenino y la organización sindical y Carmen de Vallecas, que formó parte de Madres contra la droga, grupo amparado en el Centro San Calos Borromeo de Entrevías, en su lucha radical por sus hijos dependientes en los años 80 y 90 principalmente. Fueron magníficos testimonios que dieron lugar a preguntas, debate y un profundo interés por parte de los y las jóvenes.

Yo expresé al comienzo de mi intervención que me parecía que el tema que me habían propuesto disonaba bastante con lo que estaba escuchando, pero no me cabía otra que abordar el tema planteado. Comenzando por la época del nacionalcatolismo, la estrecha unión entre el régimen dictatorial y la Iglesia, que duró 40 años; la organización clandestina de los partidos democráticos y de izquierda en la clandestinidad; el cambio que supuso el Concilio Vaticano II en la Iglesia; el surgimiento de los curas obreros y su vivencia de la fe desde el compromiso con las clases más desprotegidas mediante su lucha sindical, política, social y vecinal; el surgimiento de los movimientos laicos de la Acción Católica y posteriormente de otros más comprometidos social y políticamente, como Cristianos por el Socialismo, Comunidades Cristianas Populares o Iglesia de Base de Madrid; para terminar con un testimonio personal de la participación en mi comunidad cristiana de base a lo largo de unos 45 años, con lo que di por finalizada mi intervención, diciendo al terminar, que la comunidad estaba plenamente identificada con la cuestión de género, el matrimonio igualitario, las demandas del colectivo LGTBI+, las luchas del feminismo por los derechos y la dignidad de la mujer en todos los ámbitos, etc.

Mi testimonio dio lugar, para mi sorpresa, a varias preguntas que demostraban un notable interés por el tema, y el agradecimiento posterior de muchos de los y las jóvenes que vinieron a hablar conmigo, por mostrarles otra forma de vivir el ser cristiano, de una forma más sencilla, humana y comprometida, abandonando dogmas, posturas rígidas, amenazas, alejamiento de la realidad, lenguaje arcaico e incomprensible, etc.

Me mostraban también su disgusto y/o su discrepancia y alejamiento con los planteamientos de la Iglesia jerárquica e institucional por muchos de sus postulados. Les respondía que yo también mantenía serios desacuerdos con esas posturas que me planteaban y que para mí lo más importante, lo único necesario, era seguir de la forma más coherente y sencilla posible el evangelio de Jesús, su buena noticia de liberación para la gente más empobrecida y marginada y trabajando en frontera para que la utopía y la esperanza encarnada en el día a día, hicieran posible ese otro mundo posible que tanto anhelamos y necesitamos.

Fue una auténtica alegría participar en este encuentro tan animado y gozoso. No sé si habré conseguido aclarar alguna duda. No me lo planteaba. Sí que he intentado mostrar una forma distinta de vivir la fe que la mayoría de las y los jóvenes y parte de los participantes de la mesa y de las organizadoras del evento, desconocían. Aporté mi granito de arena, sin más pretensiones. Creo que hice lo que debía hacer. Y volví así a mi casa agradecido y satisfecho.                  

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