Francisco de Javier, alma de José María Guibert

Ante el fallecimiento de un gran jesuita

José María Guibert, SJ, ha sido uno de esos vascos de una pieza en la escuela de San Ignacio, honesto, libre, humilde, entregado y enormemente capaz.

Puedo dar testimonio de dos aspectos importantes de su identidad: la entereza, aceptación y espíritu profundo con que aceptó su grave enfermedad, y la gran admiración por San Francisco Javier, su alter ego.

José María Guibert, SJ
José María Guibert, SJ

Ayer, 26 de abril de 2026, dejó la apariencia de este mundo José María Guibert, SJ, uno de esos vascos de una pieza en la escuela de San Ignacio, honesto, libre, humilde, entregado y enormemente capaz. Con Guibert, donostiarra, doctor ingeniero industrial, licenciado en teología y exrector de la Universidad de Deusto, además de especialista en liderazgo ignaciano, tuve la suerte de convivir los últimos años de su vida en Madrid. No estoy autorizado, pues, a trazar un obituario propiamente dicho como quienes hayan vivido más años junto a él. Pero sí, a dar testimonio de dos aspectos importantes de su identidad: la entereza, aceptación y espíritu profundo con que aceptó su grave enfermedad, y la gran admiración por San Francisco Javier, su alter ego.

               Inteligente y lúcido, han sido, por ejemplo, admirables la alegría y paciencia con que ha soportado las disminuciones de su última etapa. En una habitación doble de la clínica de la Paz durante más de cuarenta días, aislado de otro enfermo solo por una cortina, siempre te recibía con la sonrisa en los labios y la aceptación plena de su enfermedad. Antes, en la vida comunitaria en Madrid, se ha destacado por su sencillez, sin presumir nunca de sus cargos y capacidades, que lo habían encumbrado en la Compañía de Jesús.

               Pero aquí quiero subrayar su gran devoción a San Francisco Javier, a quien dedicó cuatro de sus libros, escritos en medio de su enorme actividad:

El primero es una biografía alternativa, titulada El viaje de Javier: un itinerario de discernimiento (Mensajero, 2021), donde investiga la realidad interna de tanta correría, sus motivaciones y sentimientos, que respondían al discernimiento, continuas preguntas, que pueden iluminar al hombre de hoy.

      Su segunda aproximación a Javier aparece en Las cartas de Javier, cuarenta claves para una vida más plena (Mensajero 2022) a través de sus 137 misivas, que fueron best sellers en su tiempo, buceando también en su interior, la inspiración en los Ejercicios Espirituales y en grandes temas de sus vivencias, como la alegría, la tristeza, la madurez, la solidaridad, etc.

El tercer libro es Envíame, Señor: Nueve días con San Francisco Javier. En esta nueva entrega, fruto de la predicación de una Novena de la Gracia, Guibert ahonda en la pastoral javeriana. “El mensaje de Javier es que Dios nos habla y nos consuela”, gracias a su anuncio de la salvación desde la “pedagogía de la amistad”.

Quienes hemos estudiado la figura del misionero coincidimos en la capacidad de seducción y simpatía con que transformaba a las personas de su entorno. Y el secreto que subraya Guibert es su alegría, su interclasismo inclusivo en las “clases bajas”, lo que, lejos de rebajarle, le daba autoridad moral. Además, una preeminencia de lo espiritual sobre lo material, por lo que, según sus visitadores, “los niños conocen aquí mejor el catecismo que en cualquier ciudad europea”. También el valor apostólico de los estudios, carisma muy propio de la Compañía, como el buen uso del dinero. Pese a ser universitario y partidario de los libros, prefería los “libros vivos”, las personas, por las que creía que un sacerdote había de entregarse a ellas sin medida. Guibert termina su lúcido recorrido volviendo a su gran tema, el discernimiento, para concluir que, como él, necesitamos una personal experiencia de Dios que solo se alcanza por la vida de oración. Quizás el mejor fruto de este libro, escrito con lenguaje muy asequible y buena prosa, es hacer inteligible para hoy día al Javier más hondo y desconocido.

               Su cuarta obra javeriana, cuya recensión publiqué en Vida Nueva, y conoció pocos días antes de morir, lleva por título: Escritos esenciales de Francisco Javier: Vida, misión y sabiduría de un apóstol universal (Mensajero, 2026). Como sabemos, quien mereciera ser nombrado patrono de las misiones presenta el riesgo de ser conocido desde su apariencia más activista. La aportación de Guibert a su estudio es ir más allá de sus hechos admirables para profundizar en su alma, pensamiento y trayectoria espiritual.

Esta nueva entrega se suma a las numerosas ediciones de las 137 cartas del jesuita navarro, que llegaron a ser best sellers en su tiempo, pues suponían para Occidente una primicia informativa sobre el entonces desconocido Extremo Oriente. Constituyen también un lúcido espejo de su interior, su inspiración en los Ejercicios Espirituales, sus vivencias, y el modo de proceder humano e ignaciano de su fecundo apostolado.

Son bien conocidas las ediciones de sus cartas, recogidas en Monumenta Historica Societatis Iesu, Monumenta Xaveriana, y en obras de Schurhammer & Wick y Zubillaga, entre otras. La originalidad de esta antología es que Guibert nos facilita su lectura, no compilándolas íntegras y de forma cronológica, sino a través de una selección de sus mejores textos temáticos. Esto permite al lector acceder al perfil humano, histórico y espiritual del santo a través de 600 fragmentos clave. Vienen precedidos de un breve comentario en cursiva para comprenderlos y contextualizarlos.

La estructura viene articulada por grandes temas, que recogen primero las etapas de su vida y experiencias geográficas, para adentrarse luego en su formación en la Compañía naciente, su actividad misionera, su talante apostólico y modo de proceder, para culminar en su vida interior y consejos espirituales. De este modo, en medio de la espesura que supone sumergirse en la prolijidad de esta correspondencia, el lector es provisto de una lupa inteligente que le conduce a lo esencial de su identidad y mensaje.

¿Qué Javier revelan estas páginas? Un apóstol que invitaba al conocimiento mutuo y la superación de impedimentos para llevar a cabo su misión; que daba preeminencia a la oración y el discernimiento, desde el saboreo ignaciano de la consolación, incluso en medio de los sufrimientos y las dificultades; que en sus últimos años creció en confianza y humildad. Y, sobre todo, que estaba convencido de que no basta con volcarse en la acción exterior, sino que es imprescindible “cuidarse” por dentro.

Hay un escollo hoy día para leer a Javier: la teología subyacente en el siglo XVI, por su insistencia en el mal, el demonio y el infierno, que curiosamente no están tan presentes en el lenguaje de San Ignacio. José María Guibert los contextualiza gracias a sus introducciones, resituándolos. El mensaje vertebral de Javier es que “Dios nos habla y nos consuela”, gracias a su anuncio de la salvación desde la “pedagogía de la amistad” y el amor cristiano.

De mi experiencia al escribir la novela histórica El aventurero de Dios (Mensajero, 2023), saqué una conclusión: que Japón supuso para él un paso decisivo de evangelización en mayor profundo diálogo con la cultura, tras las pruebas de las “Islas de confiar en Dios” y el encuentro con el japonés Anjirô. Sus fracasos y giro evangelizador, la transición de Dainichi a Deus y el diálogo con los monjes Zen, despiertan al intelectual y al místico, personalizan su pastoral y culminan en su muerte y glorificación frente a China, tras la traición del “judas” Ataide. El mensaje de Javier y su ejemplo para el mundo actual es el de la espiritualidad del idealismo realista que parte de la experiencia de los Ejercicios y la virtud de una confianza absoluta. Hay un paralelismo entre la eclosión cultural del siglo XVI y el siglo XXI y una irrupción de lo gratuito en su papel del instrumento de Dios en lo que fuera entonces la primera globalización.

A su muerte descubrimos en J.M. Guibert no solo un especialista en Javier, sino un imitador suyo en la confianza y plena disponibilidad. Existe una especie de testamento de Javier, sus recomendaciones a su hijo predilecto Gaspar Berceo, sobre los que debería reflexionar diariamente durante una o media hora y que parece un retrato espiritual del propio fallecido exrector de Deusto:

1.           Atribuir a Dios lo que se refiere a la predicación.

2.           Atribuir al pueblo la capacidad de sentir a Dios.

3.           Trabajar por amor al pueblo, ya que Dios me dio por su intercesión el don de ayudarles.

4.           Que este bien me viene por los méritos de los compañeros, su amor y humildad. Compañía.

5.           Pensar continuamente en sentirme pequeño, instrumento.

6.           Pedir a Dios que me dé a sentir los impedimentos que pongo de mi parte.

7.           Dar ejemplo ante un Dios que ve los corazones de los hombres.

8.           Fijarse mucho en cuanto Dios nos da a sentir dentro de nuestra alma.

9.            Estar firmemente persuadido de que las buenas obras las hace Dios.

10.         No despreciar a nadie y valorar más a los que hacen trabajos más humildes

(Cfr. San Francisco Xavier entre el 6 y el 14 de abril de 1552: 117).

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