Ante el fallecimiento de un gran jesuita
Francisco de Javier, alma de José María Guibert
Él vive junto a mí
«Yahvé es tu guardián, tu sombra; Yahvé está a tu derecha.»
(Sal 121, 5)
Al lado, inseparable,
al tamaño de mí,
hecho a medida
e inmenso como el hueco
que llevo dentro ardiendo.
Él vive junto a mí.
Él es mi sombra.
Aquí, entre estas páginas,
rompiendo la penumbra
de la tarde,
allí, junto al volante,
copiloto.
Más grande que los montes
y menudo,
para el bolsillo, oculto
en ese afable
rumor de pipa y de cerillas.
Él vive junto a mí.
Él es mi sombra.
Lo ignoran los viandantes,
se oculta tras semáforos,
despide olor a Metro
y vende «magazines»
por las tardes,
imposible de ver
sentado en un kiosco.
Se duerme en aquel banco,
lleva un casco de guardia
y una boina.
Vocea por las calles sus tiovivos
y antorcha, con la muerte,
es su despido de lágrima y pañuelo
todo madre.
Él vive junto a mí.
Él es mi sombra.
Y miro al rascacielos
encerrado
entre grises paredes
de silencio.
Levanto la mirada hacia los postes,
que marcan la tardanza
y el camino,
y escucho el traqueteo
entre dos soledades del viaje
que va dejando el rastro
de mi paso.
¿Desde dónde el auxilio
cada tarde?
Él vive junto a mí.
Él es mi sombra.
Pedro Miguel Lamet
También te puede interesar
Ante el fallecimiento de un gran jesuita
Francisco de Javier, alma de José María Guibert
¿Vivimos dentro de un comic de terror?
Miedo universal
Se resucita al vivir despierto
Resurrección cósmica
Lo último