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Pedagogía evangelística y Jesús

JUAN SIMARRO

Hemos hablado ya en algunos artículos sobre los métodos evangelizadores de Jesús, fundamentalmente sobre el hecho de que Jesús evangelizaba a todos desde su posicionamiento al lado de los más pobres, excluidos y proscritos, además de la evangelización que emanaba de sus estilos de vida, compromisos y prioridades. He pensado que quizás vendría bien ver algunos ejemplos de personas contactadas por Jesús o algunas de las parábolas que nos fueran iluminando también en torno a lo que podríamos llamar la pedagogía evangelística del Maestro.

En algunos casos Jesús llamó con autoridad, como en el caso de Mateo, un hombre pecador, publicano. Jesús le sacó del banco de los tributos con un “sígueme”. Un hombre al que ningún religioso hubiera invitado a ser uno de sus seguidores y, menos aún, se hubiera sentado a comer con él. Sin embargo Jesús se sentó a la mesa con él rodeado de muchos otros publicanos y pecadores. En cierta manera, Jesús provocó a las gentes, a los escribas y fariseos, que jamás se hubieran sentado a la mesa con estos proscritos. Jesús, en su tarea evangelística, escandalizó a estos grupos hasta que estos religiosos, escribas y fariseos, no pudieron callarse.

Los escribas y fariseos se sintieron retados por esa forma evangelizadora de Jesús, que para ellos era provocación, y se enfrentan a los discípulos por seguir a un maestro que come con publicanos. Esta provocación escandalosa para los fariseos, resultó en un mensaje evangelístico de Jesús: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. Pocas veces, con nuestras actitudes no verbales, provocamos nosotros a las autoridades religiosas o políticas, pocas veces les escandalizamos ante gestos de solidaridad máxima con los pobres, con gestos límite con vistas a la dignificación de los proscritos, con gestos de amor a los más estigmatizados y pecadores, con gestos de bajarnos a la basura de la realidad para limpiar lo manchado. Nos falta valentía, novedad, reto, fuerza y frescura. Nos falta sentirnos libres para romper tabúes en solidaridad con los pobres y los perdidos, los marginados y los proscritos, los apuntados con el dedo como pecadores típicos. Nuestra evangelización, en la mayoría de los casos, no es buena noticia hoy para los pobres y proscritos.

Pueden leer aquí el artículo completo de este filósofo y escritor de fe protestante titulado Pedagogía evangelística y Jesús

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