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Alberto Gatón: «El verdadero cura de aldea entrega el alma y la vida por sus vecinos»

A primera vista, nadie pensaría que se trata de un cura de pueblo. Es joven, distinguido, preparado... y además su curriculum vitae aparece poblado de licenciaturas en Ciencias Sagradas, diplomaturas en Filosofía Pura y doctorados en Derecho y Derecho Canónico. Pero la trayectoria de Alberto Gatón al servicio del Señor le ha llevado a distintos destinos, últimamente al extremo más occidental de Cantabria. Desde el año 2003 ejerció como párroco de Cillorigo, Peñarrubia y Lamasón. Últimamente, desde el año 2006, atiende 'tan sólo' las parroquias de Lafuente, Burió, Cires, Río, Quintanilla, Sobrelapeña y La Venta, todas ellas en el término municipal de Lamasón.

Puede que el destino -y la jerarquía eclesiástica- le depare nuevas misiones dentro de la Iglesia. Y, además, muy pronto. De momento, la mayor alegría se la han proporcionado sus propios feligreses, porque el Ayuntamiento de Lamasón, a propuesta de los vecinos, ha decidido otorgarle la distinción de Hijo Adoptivo del municipio. Lo entrevista Iñigo Fernández en Diario MOntañés.

-El nombramiento de Hijo Adoptivo ¿Es el principal reconocimiento que un pueblo puede hacerle a su sacerdote?

-Yo digo más: a un pueblo y a cualquier persona. Realmente a mi no me reconocen tanto como sacerdote, como por la promoción de los valores, la cultura, la identidad y hasta el tipismo de la zona.

-¿El acuerdo suscitó la unanimidad?

-Hubo un detalle: ha sido a petición de los vecinos de un pueblo, pero como en ese pueblo firmaron todos, no fue preciso seguir recogiendo firmas. Esas firmas recogían el sentimiento unánime de todo el valle.

-¿Por eso le ha hecho tanta ilusión?

-Me he emocionado cuando me enteré por parte del alcalde, de los concejales y del secretario del Ayuntamiento. Me he emocionado hasta saltárseme las lágrimas. El amor, el cariño, los gestos cotidianos hacia mi persona... los encuentro en toda su belleza en este nombramiento.

-¿Cambiaría Lamasón por algún otro destino?

-Es muy complicado saberlo. Yo, si me lo permite Don Vicente -el obispo-, a quien sólo puedo dedicar palabras de agradecimiento en este tiempo, voy a seguir vinculado como vecino a Lamasón.

-Pero esas palabras suenan a despedida.

-He cumplido en Lamasón el tiempo pastoral que determina el Derecho Canónico y por tanto en cualquier momento me pueden destinar a otras funciones sacerdotales.

-Pero ¿Usted es propiamente un cura de pueblo?

-En los curas de aldea hay una constante: el verdadero cura de aldea entrega el alma y la vida por sus vecinos, que son las almas encomendadas a él. Yo me considera cura de aldea porque amo a este pueblo con todo mi corazón.

-¿Qué es más bonito? ¿Lamasón o Roma?

-En Roma me busqué unas parroquias para colaborar como cura de aldea en la zona del Abruzzo.

-¿Nunca le han llamado las misiones?

-Estaba en contacto con una diócesis de Bolivia para incorporarme como misionero cuando me enviaron a Lamasón. Fui por obediencia.

-Un sacerdote ¿Dónde es más útil a Dios?

-Si es capaz de amar, donde esté.

-Si asume nuevas responsabilidades ¿Qué le motivaría especialmente?

-Me gustaría simultanear la labor pastoral como cura de aldea con responsabilidades universitarias y culturales, como ocurrió en mi primera etapa sacerdotal. Pero yo no mando. Sólo me toca obedecer.

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