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La lección de San Romero de América

Hoy me escribía mi amigo Ángel desde Cuba y otros varios amigos me comentaban la mediocridad reinante en la comunidad eclesial. Hoy quiero compartir algo con mis amigos: ¿En la Iglesia de hoy, obispos, sacerdotes, religiosos, laicos respondemos a Jesús, al Reino que anunció, al mensaje profético de Francisco, en el nuevo contexto de la modernidad liquida?

En esta sociedad consumista, injusta, insolidaria, olvidada de Dios y entregada al ídolo dinero, ¿tenemos algo de la voz profética de San Oscar Romero, o más bien estamos afónicos o sin voz, en comunidades instaladas, aburguesadas, que parece que han perdido el Norte del Concilio Vaticano II, la aplicación creativa de Aparecida o el mensaje del Obispo de Roma?

Todavía queda en el aire dos preguntas ¿La Iglesia de hoy refleja aquella Iglesia misionera y profética, que nos evocan los sencillos e imponentes templos levantados por los jesuitas de los siglos XVI y XVII? ¿Nuestra Iglesia se parece a la que reclama el obispo de Roma, el jesuita Francisco, porque todo el Pueblo de Dios y particularmente los pastores mayores, obispos, y menores sacerdote se encuentran en las periferias geográficas y existenciales, pisando el barro y los basurales de los barrios marginales, o acompañando al mundo marginal, indígena, rural, abandonado a su suerte?

¿Dónde queda la Teología de la Liberación?

“¿Dónde están los profetas?,

que en otro tiempo nos dieron

las esperanzas y fuerzas para andar ”

Sin profecía se oscurece la utopía del Reino. Esta es la gran lección de San Romero de América.

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“Espíritu Santo, nuestra “gloria”: “yo les he dado la gloria que tú me diste” (Pentecostés 24.05.2026)