Sin piedad con los Legionarios de Cristo
La estructura está podrida y dañada. Aunque en la Legión de Cristo florezcan algunas hojas o algunos frutos en las ramas más alejadas, el tronco está irremisiblemente carcomido. Por dentro. Agusanado. Contaminado en profundidad por la doblez, el delito y el pecado del fundador. Con la connivencia de la actual cúpula. La única salida es cortar el árbol de raíz, tras ubicar en otros árboles o en otros cestos a los frutos (de las bases, que también los hay y numerosos) sanos. Y eso es lo que, al parecer, va a hacer el Papa. Ni refundación ni reforma ni gaitas. Disolución pura y dura.
Será, para el Papa, la prueba del algodón de su tolerancia cero contra la pederastia. Empezando por uno de los máximso símbolos de ese y de otros terribles escándalos. Y de sus cómplices: Los Corcuera, Garza y demás...
Será también un aviso a navegantes. Para la galaxia de congregaciones y órdenes religiosas nacidas al socaire de una vuelta atrás en la dinámica conciliar y aupadas por obispos y por la propia Roma. Instituciones que, sin haber pasado por el decantamiento imprescindible del tiempo y de la Historia, se hicieron con las riendas de la Iglesia. Simplemente, porque le proporcionaban curas en época de invernía vocacional. Ahí están las consecuencias. Que deberían pagar no sólo las instituciones, sino también los obispos que se echaron en sus brazos con armas y bagajes. Sin discernimiento.
Y será, por último, un aviso "mayor" a esa jeraquía renuente todavía en adoptar la línea marcada por el Papa en torno a la pederastia. Porque los hay (y muchos) que siguen queriendo lavar los trapos sucios en el interior de la institución. Y los hay que siguen pensando que el obispo es padre y, por lo tanto, no debe denunciar a sus hijos sacerdotes pederastas. ¡Como si sólo fuese padre de los verdugos! Y cuando debería ser, especialmente, padre de las víctimas, que tamibén son hijas de Dios.
José Manuel Vidal