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Hasta que llegue a ser luz…

En nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua con Cristo, hoy, en la liturgia, se proclama el evangelio de la curación del ciego de nacimiento… Busca a Cristo Jesús y cree… 

Detalle de 'La curación del ciego' de El Greco (año 1567, The Metropolitan Museum of Art, Nueva York)

En nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua con Cristo, hoy, en la liturgia, se proclama el evangelio de la curación del ciego de nacimiento.

Para la Iglesia de todos los tiempos, ese relato ha sido -es- una catequesis, que nos permite adentrarnos, a la vez, en el misterio de Cristo -luz del mundo-, en el misterio del bautismo -por el que los catecúmenos, iluminados por Cristo, pasan de las tinieblas a la luz-, y en el misterio de la eucaristía -por el que los bautizados crecemos en la comunión con la luz que es Cristo-.

La curación del ciego de nacimiento es considerada por el evangelista, no como un milagro del que el ciego se beneficia, sino como un signo que al ciego se le da para que llegue a ver en Jesús de Nazaret al Hijo del hombre, para que llegue a reconocer en Jesús al Enviado del Padre. La curación es un signo ¡para que el ciego crea!

La incapacidad natural de aquel hombre para ver la luz del día, representa nuestra incapacidad espiritual para ver la Luz de Dios que es Cristo Jesús: ¡Todos somos ciegos! Sólo la conciencia que tenemos -o no tenemos- de la propia ceguera, introduce en la humanidad un elemento de diversificación: los hay que saben que no ven; y están aquellos otros que dicen que ven… 

Ceguera

¡Paradojas del evangelio!: Entre el fariseo y el publicano, la fe hace suya la oración del publicano; entre el fariseo y la mujer de mala reputación, la fe se arrodilla con aquella mujer a los pies de Jesús; entre los acusadores, dispuestos a lapidar, y la adúltera, que va a sufrir el castigo, la fe se queda en el corazón de aquella mujer acogida y perdonada; entre Zaqueo y los que murmuran de Jesús porque ha entrado en la casa de un recaudador, la fe hace fiesta con el recaudador de baja estatura… Ahora, entre los que se reconocen ciegos, y los que dicen que ven, la fe se queda en el corazón de los ciegos, clamando en ellos con el deseo de ver… 

Jesús lo dijo así: “Para un juicio he venido yo a este mundo: para que, los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos”.

En el encuentro de Jesús de Nazaret con el ciego de nacimiento, y en el camino que el ciego recorre hasta hacer su confesión de fe en el Hijo del hombre, está representado el encuentro de Cristo con todos nosotros, y también el camino que todos recorremos hacia la luz que nos viene de Dios. En aquel ciego, vemos representado, en figura, lo que vivimos realmente todos los bautizados en Siloé -en el Enviado-, todos los que bautizados en Cristo Jesús. Bautizados en Cristo, bautizados en la luz, somos hijos de la luz, nos hacemos de la luz que es Cristo Jesús, nos hacemos luz...

Cada vez que entres en la iglesia donde fuiste bautizado, busca la fuente bautismal, busca tu Siloé, busca al Enviado, busca a Cristo Jesús, pues él es la fuente en la que te has sumergido, es en él en quien te has purificado, es en él en quien te has lavado, es en él en quien comenzaste a ver, es él la fuente de tu santidad… 

Busca a Cristo Jesús y cree… 

Busca a Cristo Jesús y escucha su palabra: quédate a sus pies, como aquella mujer que mucho amó, como aquella otra que escogió la mejor parte, como aquella otra que lo ungió para la sepultura… Busca a Cristo Jesús, y di, con el ciego de nacimiento: “Creo, Señor”, y póstrate ante él… 

Jesús, luz del mundo

Tú que naciste ciego y fuiste iluminado por Cristo Jesús, comulga con él: comulga con la Luz hasta que llegues a ser luz… y que nadie se aparte de ti sin que se le ilumine el corazón porque en ti ha visto reflejada la luz de Dios…

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