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Susana

En el colegio María Auxiliadora había una alumna, Susana, muy disruptiva. Pues dormía en un centro de acogida, no podía contar con sus padres, apenas asistía a la escuela y muchas veces las monjas la expulsaban: no sabían lo que hacer con ella.

Esa hermosa mañana de abril, Susana chillaba y despotricaba en el despacho de la directora, sor Amparo, que hacía todo lo posible por apaciguar a la niña, acompañada por otras hermanas maestras, aunque sin conseguirlo.

Llevaban así un buen rato, demasiado, para el escándalo de lloros y quejas que estaba montando la niña y que se oía en todo el colegio.

Sor Consuelo lo oyó, bajó al despacho de la madre priora y se fue derecha a Susana para abrazarla con fuerza, mientras le decía:

-Ya está. Yo te quiero. Te amamos. Porque Jesús te quiere.

Y Susana se calmó al instante.

Y las hermanas se quedaron atónitas alrededor.

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