Han pasado 45 años desde aquella tarde del 24 de marzo, donde mataron a Monseñor, que cantaba doña Eva, pero en estos 45 años “la voz de los sin voz” no se ha apagado, sigue gritando en cada una de las casas de Arcatao y de todos los cantones, sigue clamando justicia
Su voz, su palabra, su mensaje no fue capaz de acallarla la bala asesina que lo mató aquella tarde. Su voz se sigue escuchando como la voz de Jesús de Nazaret después de más de dos mil años
Jesús fue molesto para los ricos de su tiempo, y por eso lo asesinaron, como lo fue también Monseñor Romero, Rutilio Grande, los jesuitas de la UCA, los catequistas y campesinos salvadoreños… y todos los que en cualquier parte del mundo defienden la igualdad de cada persona y su derecho a ser feliz y a poder disfrutar de la vida
Ver las imágenes de los presos en las cárceles nos estremecen y nos hacen seguir pensando que la causa de liberación que llevó a Romero a la muerte, sigue estando presente en El Salvador. Nos sigue haciendo pensar que no podemos olvidar a los salvadoreños y salvadoreñas que siguen siendo “crucificados” y que siguen sufriendo cada día por causa de la violencia que origina la pobreza del país