22 may 2026
Cómo la Iglesia construyó una fábrica de culpa en la infancia y por qué los adultos aún cargan con sus secuelas
Hablemos de la confesión. Un niño se arrodilla en una gran caja oscura. Al otro lado, un hombre adulto con autoridad absoluta. El niño debe contarle sus secretos, sus pensamientos, lo que hizo y lo que no hizo pero pensó o tan solo imaginó por un instante. El hombre escucha, juzga y decide si el perdón se concede o no. ¿En qué otro contexto aceptaríamos esto? Si lo hiciera un profesor, llamaríamos a la policía. Si lo hiciera un vecino, sería un depredador. Pero si lleva alzacuellos, es un sacramento. La culpa nunca terminaba. Salías "limpio" hasta el próximo pecado, y el listón estaba puesto donde nadie puede llegar.