"Coincidimos en Guatemala, creo que al inicio del 1991, durante un curso que estaba dando a los religiosos y religiosas de aquel país. Yo llegaba, como consejero general, a hacer una visita al centro de formación de los Claretianos en esa ciudad. Nos encontramos juntos con los Estudiantes claretianos y, dirigiéndose a ellos, les dijo: 'Traten bien al P. Aquilino porque será vuestro superior general'. Me sorprendió y me eché a reír. Sólo le añadí: 'Pedro, serás muy profeta, pero en esto te equivocas'. Luego, al poco tiempo, resultó que, efectivamente, fui nombrado superior general"
"Mostraba y demostraba la gratuidad, que él tradujo en intuición, libertad, rebeldía, sensibilidad y compromiso solidario. Supo de cruces y llagas encendidas. Su poesía, tan densa y rica, revestía un tono profético, mitad denuncia y mitad compasión"