«Una de las condiciones para alcanzar la paz, pocas veces respetada, es la de la libre circulación de las personas. Frente a este derecho, qué egoísmo supone nuestro cierre de fronteras, las rejas que levantamos en Ceuta y Melilla, los muertos de Lampedusa, y de todo el Mediterráneo y de las rutas atlánticas.
Qué vergüenza, qué cobardía, cuando no reconocemos ni proclamamos que las migraciones son una realidad histórica, que todos los pueblos hemos vivido, y que crean riqueza demográfica, cultural y espiritual; y cuando callamos y no rechazamos las leyes y políticas de extranjería de nuestro Estado o los reglamentos de la Unión Europea, tan absurdas e inhumanas»[1].
[1] Palabras de Arcadi Oliveres de un texto titulado “Acercarse, con confianza y sin desfallecer, a la Paz”, 2014.