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La regularización de migrantes en España: Una lectura desde la Doctrina Social de la Iglesia

El 26 de enero de 2026 marcará un hito en la historia de la política migratoria española y, por extensión, europea. Tras años de intenso debate social y una movilización ciudadana sin precedentes —cristalizada en la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que reunió más de 700.000 firmas, con un apoyo eclesial determinante—, el Gobierno de España, en coalición y tras un pacto parlamentario con fuerzas de izquierda y grupos nacionalistas, anunció una regularización extraordinaria de personas migrantes. Este mecanismo administrativo, lejos de ser una mera gestión burocrática, se presenta como un acontecimiento de profunda relevancia ética y teológica que interpela la conciencia social desde los principios de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

Tendiendo Puentes

El Real Decreto-ley, cuyos detalles fueron desgranados en la nota publicada por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones (2026), establece un proceso de documentación para extranjeros en situación administrativa irregular que puedan acreditar su permanencia en suelo español antes del 31 de diciembre de 2025. Los beneficiarios estimados oscilan en torno a las 500.000 personas, una cifra que incluye no solo a trabajadores de la economía sumergida, sino también a solicitantes de asilo con expedientes denegados o paralizados y a familias en situación de vulnerabilidad sobrevenida.

Los pilares técnicos de esta regularización, operativa entre abril y junio de 2026, destacan por una flexibilidad inédita, fruto de la presión de la Plataforma del Tercer Sector y entidades como Cáritas. Según las FAQs publicadas por el Ministerio (27/01/2026), se exime de la presentación rígida de un contrato laboral prospectivo de larga duración —principal escollo de procesos anteriores—, permitiendo la acreditación de medios de vida a través de informes de arraigo social, historial de empadronamiento (con un mínimo de 5 meses de permanencia) o, en casos excepcionales, informes médicos y escolares que demuestren la presencia efectiva. El efecto inmediato es la concesión de una autorización de residencia y trabajo por un año, renovable, y la paralización cautelar de expedientes de expulsión no penales.

Si miramos el contexto de adopción de la medida, algunos sectores hablan de una inteligente estrategia política para acercar a los dos partidos en el gobierno de cara a la aprobación de los presupuestos. Asimismo, otros sectores han sembrado dudas sobre la vía elegida, un Real Decreto, supone dejar de lado la tramitación parlamentaria de la Iniciativa Legislativa Popular, que se presentó en el Congreso hace ya más de 2 años, aportando más de 800.000 firmas y el fuerte apoyo de más de 100 organizaciones, y respaldada por la Iglesia católica.

Desde la perspectiva de la Teología de las Migraciones, este evento político no puede leerse de forma aséptica. La DSI ofrece un marco ético para evaluar la justicia intrínseca de esta medida. No se trata solo de "papeles", sino de reconocimiento de la dignidad ontológica de la persona y de la restitución de derechos fundamentales vulnerados por la exclusión administrativa. Como señalaron la Conferencia Episcopal Española (CEE) y Cáritas en sus comunicados conjuntos tras el anuncio, estamos ante un "acto de justicia social" que, aunque perfectible, resuena con el imperativo evangélico de la acogida.

Se intentará analizar la regularización de 2026 no solo desde su facticidad jurídica, sino como un locus theologicus, un lugar donde se juega la fidelidad al Evangelio en la esfera pública. Para ello, articularemos un marco teórico basado los pilares de la DSI y el magisterio de los últimos Papas, para discernir las luces y sombras de este proceso histórico.

Cabe precisar que las siguientes líneas se presentan como un ejercicio que, con humildad, intenta aportar luz desde la mirada de la DSI. No pretende sentar cátedra ni agotar la complejidad del fenómeno, sino contribuir al discernimiento común sobre esta medida y ayudar a situar la humanidad y la hospitalidad en el centro del debate social.

1. La DSI ante el desafío migratorio

La respuesta de la Iglesia ante el fenómeno de la irregularidad administrativa no es técnica, sino antropológica y teologal. Se fundamenta en la dignidad inalienable del ser humano, creado a imagen de Dios (Imago Dei), y en el destino universal de los bienes. Tomemos cuatro de los últimos documentos eclesiales que, leído en su conjunto, ofrecen una hermenéutica de la "cultura del encuentro".

Dilexi Nos (2024): La reparación social desde el Corazón de Cristo

Corrigiendo lecturas superficiales que relegan la devoción al Corazón de Jesús al ámbito privado, la encíclica Dilexi Nos (Francisco, 2024) recupera la dimensión social del amor de Cristo. El Papa Francisco nos recuerda que "en el Corazón de Cristo, el centro de la persona, se encuentra la llave para sanar un mundo herido" (n. 28).

La situación de irregularidad administrativa es, teológicamente, una "herida" en el cuerpo social, una ruptura del vínculo de fraternidad. Al negar la existencia legal al migrante, la sociedad endurece su "corazón", volviéndose indiferente al sufrimiento ajeno. En este sentido, la regularización puede interpretarse a la luz de Dilexi Nos como un acto de reparación. El Papa insiste en que el amor no es solo un sentimiento, sino que exige "obras de justicia que reparen el daño causado a los predilectos de Dios" (n. 165).

La irregularidad estructural es una ofensa a la dignidad que requiere una reparación jurídica y social. Dilexi Nos nos invita a mirar al migrante no como una estadística o una amenaza, sino desde la "lógica del corazón" que reconoce en el otro a un hermano. Como afirma el texto: "Solo el corazón es capaz de crear vínculos auténticos, allí donde la burocracia crea distancias" (cf. n. 102). La regularización es, pues, una manifestación política de este amor social que busca "sanar las estructuras de pecado" que condenan a la invisibilidad.

Dilexi te (León XIV, 2025): El amor preferencial y el "tesoro de la Iglesia"

La reciente Exhortación Apostólica Dilexi te ("Te he amado"), publicada por el Papa León XIV el 4 de octubre de 2025, es la piedra angular para entender el compromiso eclesial actual. León XIV, asumiendo un proyecto iniciado por Francisco, vincula directamente el amor de Cristo con el cuidado de los pobres y migrantes. En su n. 1, citando el Apocalipsis (3,9), el Papa se dirige a los vulnerables diciendo: "A pesar de tu debilidad... yo te he amado".

Este documento establece que "el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la historia" (n. 5). Al calificar a los necesitados como los verdaderos "tesoros de la Iglesia", León XIV despoja a la migración de su estigma administrativo y la sitúa en el centro de la santidad cristiana. La regularización extraordinaria de 2026 responde precisamente a esta llamada de "prestar más atención al sufrimiento y a las necesidades de los demás" para participar en su "obra de liberación".   

Fratelli Tutti (2020): La gobernanza global de la fraternidad

Fratelli Tutti ofrece la arquitectura política de la inclusión. El Capítulo IV, "Un corazón abierto al mundo entero", es la carta magna de la ética migratoria contemporánea. Francisco rechaza explícitamente la "cultura del descarte" (n. 18-21) que trata a los seres humanos como bienes de consumo que pueden ser usados y luego desechados (como ocurre con la mano de obra irregular).

El Papa es contundente al exigir una gobernanza global que garantice el derecho a no migrar, pero también el derecho a migrar y a ser acogido. En los puntos n. 129-132, Francisco detalla medidas concretas que la Iglesia exige a los Estados, entre ellas: "incrementar y simplificar la concesión de visados", "abrir corredores humanitarios" y, crucialmente para nuestro análisis, ofrecer "un concepto de ciudadanía plena" que evite la creación de guetos o ciudadanos de segunda clase. La regularización se alinea con el principio de que "la llegada de personas diferentes, que proceden de un contexto vital y cultural distinto, se convierte en un don" (n. 133), siempre que se faciliten los cauces para su integración legal y social.

Laudato Si' (2015): Ecología integral y dignidad laboral

Laudato Si' conecta la cuestión migratoria con la crisis socio-ambiental. "No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental" (n. 139). Un buen número de los beneficiarios de la regularización de 2026 son migrantes climáticos o económicos expulsados por la devastación de sus ecosistemas, una realidad que la ley de extranjería ordinaria a menudo ignora.

La encíclica subraya la centralidad del trabajo: "El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal" (n. 128). Mantener a 500.000 personas en la economía sumergida viola este principio, sometiéndolas a lógicas de explotación que degradan tanto al trabajador como al empleador. La regularización, al permitir el acceso al mercado laboral formal, restaura la dimensión dignificante del trabajo y permite al migrante "cuidar la casa común" a través de su contribución lícita y reconocida.

2. Análisis de la regularización a la luz de la DSI

Sería bueno analizar la nueva regularización bajo un discernimiento crítico desde estos principios expuestos. ¿Es esta regularización un verdadero acto de justicia o una medida utilitarista?

Luces: La primacía de la persona y el Bien Común

A mi modo de ver, el aspecto más destacado de esta medida es su carácter humanitario y pragmático, que prioriza la realidad de la persona sobre la rigidez de la norma administrativa.

Reconocimiento y Visibilidad: Al conceder documentación, el Estado español reconoce la existencia civil del migrante. Desde la DSI, esto es fundamental: la persona precede al Estado. Como afirmaron varias entidades de Iglesia, esta medida saca de las sombras a nuestros vecinos y vecinas, permitiendo que la fraternidad se haga estructura.

Justicia Restaurativa: Siguiendo Dilexi Nos, la medida repara una injusticia estructural. Miles de estas personas trabajaron como “empleados esenciales” durante crisis pasadas sin derechos. La regularización es un acto de gratitud y justicia conmutativa.

Integración Laboral: Al permitir el trabajo formal, se ataca la explotación laboral. Los requisitos flexibles de acreditación (empadronamiento, informes médicos) muestran una "inteligencia pastoral" en la administración, reconociendo que la irregularidad a menudo impide tener ofertas de contratos formales previos.

Sombras y retos

Sin embargo, la DSI nos impide caer en triunfalismos ingenuos. A mi modo de ver, existen algunas limitaciones éticas en el diseño de la regularización de 2026:

La trampa de la temporalidad: La autorización es por un año. Si tras un año estas personas no logran cotizar lo suficiente debido a la precariedad del mercado laboral español, ¿volverán a la irregularidad? La DSI advierte contra la utilización del migrante como "válvula de ajuste" del mercado laboral. Una acogida que no tiende a la estabilidad no es una acogida integral.

La fecha de corte (31/12/2025): Si bien toda regularización requiere límites temporales, la DSI nos recuerda que las causas de la migración continúan. Laudato Si' urge a atacar las causas en origen y establecer vías legales y seguras permanentes. Una regularización extraordinaria es, por definición, un parche a un sistema ordinario (Reglamento de Extranjería) que sigue generando irregularidad.

Utilitarismo económico: En el debate político, algunos sectores defienden la medida solo por el aporte a la Seguridad Social. Aunque legítimo, la DSI y en nuestros días Benedicto XVI en Caritas in Veritate, nos recuerda que el migrante no es un recurso, sino un fin en sí mismo. Basar la acogida solo en el beneficio económico es frágil; cuando la economía caiga, ¿caerá la acogida?

3. Posicionamientos eclesiales españoles ante el anuncio

La Iglesia española ha jugado un rol profético y activo en la consecución de este logro, demostrando una sinodalidad práctica.

La Conferencia Episcopal Española (CEE) a través del Departamento de Migraciones emitió una nota el 27 de enero valorando la medida como un "paso necesario para la cohesión social". Los obispos destacaron que la regularización no es una "concesión graciosa", sino un deber de justicia hacia quienes ya construyen sociedad con nosotros. Tanto Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid, como Fernando García Cadiñanos, presidente de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y obispo de Mondoñedo-Ferrol, , El obispo de Mondoñedo-Ferrol han celebrado la medida y la han definió como un "reconocimiento de la dignidad humana", aunque han insistido en que no se olviden de los que quedan fuera y en exigir que el proceso administrativo sea "ágil, eficaz y seguro", evitando retrasos que prolonguen el sufrimiento.

Cáritas Española, CONFER, el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) y  buena parte del Tercer Sector han acompañado la ILP desde el principio, celebrando el acuerdo como la victoria de la perseverancia. En su análisis, Cáritas destaca la importancia de la flexibilización de requisitos documentales, una demanda histórica de sus servicios jurídicos, que a menudo veían cómo la rigidez burocrática impedía regularizar a personas con arraigo real. También han alertado sobre la necesidad de reforzar las oficinas de extranjería para evitar que el colapso administrativo convierta la regularización en una carrera de obstáculos, lo cual sería una nueva forma de violencia institucional.

Frente a críticas minoritarias de algunos sectores que alegan un "efecto llamada" —argumento refutado repetidamente por la sociología de las migraciones—, la Iglesia española ha mantenido una voz unísona basada en el Evangelio: "Fui forastero y me acogisteis" (Mt 25).

4. Entre la "Europa Fortaleza" y la Hospitalidad Profética: Un desafío al paradigma de la securitización

La regularización extraordinaria de 2026 en España no puede comprenderse cabalmente sin situarla en el tablero geopolítico actual. Mientras Madrid anuncia la documentación de medio millón de personas, el contexto global en Europa y Estados Unidos está marcado por una deriva hacia la securitización y la externalización de fronteras. Este fenómeno, denunciado repetidamente por la DSI, reduce el fenómeno migratorio a un problema de "orden público" o "amenaza a la seguridad nacional", ignorando la dimensión humana y el Bien Común universal. Por esta razón, es bueno entender el contexto de esta medida dentro del contexto actual europeo y mundial.

La respuesta al Nuevo Pacto de Migraciones y Asilo

En el marco de la Unión Europea, el reciente Nuevo Pacto de Migraciones y Asilo ha sido criticado por organizaciones eclesiales por poner el énfasis en el control, los retornos, y la solidaridad a la carta, a menudo a costa de las garantías de derechos humanos. En este clima de "Europa Fortaleza", la medida española actúa como un contrapunto ético. Demuestra que es posible cumplir con los marcos regulatorios europeos sin renunciar a la primacía de la persona. España lanza un mensaje claro: la seguridad no es "mal entendida" cuando se levantan muros, sino cuando se garantiza que nadie viva en la sombra de la ilegalidad, pues una sociedad con miles de personas excluidas es, por definición, una sociedad insegura e injusta.

El triunfo de la Sinodalidad Civil: La ILP como modelo

Este proceso es un ejemplo paradigmático de lo que el Papa Francisco denominaba en Fratelli Tutti como la "mejor política" (n. 154), aquella que se pone al servicio del bien común y escucha los movimientos populares. La Iniciativa Legislativa Popular (ILP), impulsada por más de 800.000 ciudadanos y respaldada con firmeza por la Iglesia española, representa el triunfo de la voz de la base sobre la burocracia fría. Es la demostración de que otra sociedad es posible cuando la ciudadanía alza la voz para decir que el Bien Común está por encima de los cálculos electorales de corto plazo. Aunque la iniciativa y la via parlamentaria llegará a un callejón sin salida, no quiero olvidar el poder de la ciudadanía, que está en los orígenes y la base de esta medida.

La voz del Servicio Jesuita a Migrantes (JRS) Europa

Desde Bruselas, en nuestra oficina del JRS Europa, donde coordinamos el trabajo de 23 oficinas nacionales, sirviendo anualmente con 200.000 personas migrantes y refugiadas aplaudimos esta decisión:

"La decisión de España es un soplo de esperanza en una Europa que a veces parece haber olvidado su alma hospitalaria. Es una llamada a todos los Estados miembros para que recuerden que poner a la persona en el centro no es una utopía, sino una opción política viable y necesaria. Animamos a que otros países puedan recrear medidas similares que hagan nuestras sociedades más justas, humanas y coherentes con los valores fundacionales de la Unión". (Alberto Ares, SJ)

Un faro para la comunidad internacional

Frente a las políticas de externalización (como los acuerdos con terceros países) y la creciente retórica de exclusión en Estados Unidos y otros países europeos, la regularización de 2026 se erige como un "faro de hospitalidad". Desde la Doctrina Social de la Iglesia, esta medida valida la idea de que la soberanía nacional no es un cheque en blanco para la exclusión, sino una responsabilidad para la protección de la familia humana. España está demostrando que la humanidad y la legalidad no son conceptos opuestos, sino que se encuentran en el reconocimiento mutuo de nuestra común dignidad.

5. Para seguir el camino

La regularización extraordinaria en España es, sin duda, un triunfo de la sociedad civil y un avance significativo alineado con la Doctrina Social de la Iglesia.

Sin embargo, como ciudadanos, no podemos conformarnos. La DSI nos impulsa a proponer horizontes mayores, como es una reforma integral de la Ley de Extranjería que flexibilice las vías ordinarias de acceso, evitando que la bolsa de irregularidad se regenere en pocos años.

Nuestra “Iglesia en salida”, está llamada a escuchar el clamor de los pobres, como el Papa León XIV nos anima en Dilexi Te. Asimismo, la Iglesia debe seguir anunciando que la soberanía de los Estados no es absoluta, sino que está al servicio del bien común universal.

En definitiva, en el contexto que vivimos esta medida nos ofrece un signo de los tiempos: es posible legislar desde la fraternidad. El reto ahora es transformar este evento extraordinario en una cultura ordinaria de la hospitalidad.

Como recordaba León XIV en Dilexi te, "en los pobres, el Señor sigue teniendo algo que decirnos". España, al abrir este proceso, ha decidido empezar a escuchar esa voz.

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