Si miramos nuestra realidad latinoamericana, la escena del evangelio adquiere resonancias muy concretas. Muchas personas conocen bien lo que significa el cansancio del camino y la necesidad del agua.
Es tiempo de no bajar la guardia, empujando la transformación de la sociedad patriarcal porque todos -mujeres y varones- tenemos derecho a vivir en una sociedad sin exclusiones de ningún tipo y, mucho menos en razón del sexo.
Reivindicar nuestra capacidad teológica: exigir a las iglesias, seminarios, universidades que nos reconozcan esa capacidad teológica que el Maestro nos compartió.
La suerte de Vastí la determina un juicio hecho por varones que, ante un “No” dicho con libertad y determinación, sienten amenazada su estructura patriarcal y la fragilidad de su masculinidad.
Este 8 de marzo no esperamos rosas, ni chocolates, mucho menos felicitación, lo único que pedimos es que comprendan que somos iguales en dignidad y propósito desde la creación
Desde siglos atrás, la gran mayoría de las MUJERES de diferentes culturas, han percibido y vivido un cautiverio emocional, en otros físicos, en algunos psicológicos, y en muchos casos de todos los anteriores.