Creadas a ser Camino, Verdad y Vida
#LectioDivinaFeminista
Te doy gracias Abbá-Imma, porque me reconoces como hija amada tuya.
(Buscamos el momento y el lugar adecuados en este tiempo de gracia y oración. Podemos encender una vela, colocar un icono, la Biblia o el Evangelio)
- Nos preparamos a escuchar la Palabra. Hacemos silencio exterior e interior. Acompasamos la respiración inhalando y exhalando lenta y profundamente. Relajamos todas las partes de nuestro cuerpo.
Abbá-Imma, tú que has querido hacernos hijas e hijos tuyos, míranos siempre con amor y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la promesa eterna. Amén.
- Lectura creyente (Lectio). Leemos el evangelio saboreando la Palabra y descubriendo el mensaje de fe que guarda el texto bíblico. Nos fijamos en el diálogo con Tomás, con Felipe… pero también con cada una de nosotras. Sus palabras nos interpelan hoy también.
- Meditamos la Palabra (Meditatio)
- Oramos con la Palabra (Oratio)
- Contemplamos al que es la Palabra (Contemplatio)
- Vivimos la Palabra, compromiso (Actio).
5º Domingo de Pascua (A) (Jn 14,1-12)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- No os inquietéis; confiad en Dios y confiad también en mí. La casa de mi Padre tiene muchas estancias. Si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os lo prepare, volveré para llevaros conmigo; así, donde esté yo, estaréis también vosotros. Ya sabéis el camino para ir a donde yo voy.
Tomás le dice:
- Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde:
- Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie se acerca al Padre sino por mí; si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre, aunque ya desde ahora lo conocéis y lo estáis viendo.
Felipe le dice:
- Señor, preséntanos al Padre; con eso nos basta.
Jesús le replica:
- Con tanto tiempo como llevo con vosotros, ¿todavía no me conoces, Felipe? Quien me ve a mí está viendo al Padre, ¿cómo dices tú: “preséntanos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí; al menos dejaos convencer por las obras mismas. Os lo aseguro: quien cree en mí, también hará las obras que yo hago y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.
Palabra de Dios.
Meditación – Reflexión
Sin duda hemos escuchado estas palabras muchas veces: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). Las interiorizamos de nuevo, dejándonos llevar por el aliento vital que nos remite a la Promesa, a la revelación de Dios que se va manifestando a través de la historia y que, al mismo tiempo, determina la vivencia del Pueblo de Dios y la llena de sentido.
La promesa de Dios interrumpe el destino de su pueblo porque afirma una verdad que desafía la realidad. Es lo que recoge Juan en su Evangelio: “Yo soy el Camino (que conduce al Padre), yo soy la Verdad (que ilumina los pueblos), yo soy la Vida (que aviva al mundo)” (14,1-6) Es una expectativa cierta, aunque no haya tenido lugar. Su palabra es una acción que ensancha la verdad y la realidad y crea en ella nuevas posibilidades.
Es una verdad que se convierte en compromiso al ser proclamada. Su eficacia se manifiesta en el fuerte vínculo con su pueblo y lo orienta hacia el futuro a través de la fidelidad y el mandato del amor. Las promesas de Dios hablan del futuro, pero se gestan en el presente tomando decisiones y acciones necesarias.
La confesión de Jesús tiene lugar al tratar de explicarles el sentido de su partida. Este pasaje está dentro de los discursos de despedida que ocupan la segunda parte del evangelio de Juan (13-17). Jesús se despide de ellos en el ámbito de una cena. Judas se ha marchado tramando su inminente traición. Jesús en ese espacio de intimidad quiere instruirlos para cuando él ya no esté y dejarles su testamento espiritual.
Comienza con unas palabras de consuelo y esperanza: “No os inquietéis. Confiad en Dios y confiad también en mí”. El anuncio de su partida les va a provocar tristeza, pero les promete que la separación no será por mucho tiempo; que volverá a encontrarse con ellos en la casa del Padre (14,2) porque allí hay estancias para todos. Jesús quiere que sepan que, aunque se marche, siempre estará con ellos y cuando llegue el momento se los llevará consigo (14,3).
La exquisita pedagogía de Jesús suscita en los/as discípulos/as preguntas a las que él responde. También a nosotros/as hoy. Utiliza la fórmula ‘Yo soy’ que revela su identidad más profunda. Juan pone en boca de Jesús la expresión ‘Yo soy’: el pan vivo (6,51), la luz del mundo (8,12), la puerta (10,1.7), el buen pastor (10,11-14), la resurrección (11,25), el camino, la verdad y la vida (14,6), la vid verdadera (15,15), el rey (18,37) …
En el A.T. Dios se manifestó a Moisés con la misma expresión ‘Yo soy’ (Ex 3,14). El cuarto evangelio nos recuerda que Él habla y actúa en nombre de Dios, algo que escandalizaba a los judíos que le escuchaban (Jn 8,58-59) pues se identificaba igual a Dios y eso era considerado una blasfemia inadmisible.
Jesús se nos presenta como camino, verdad y vida. Son tres dimensiones que se complementan. Cristo es el ‘camino’ que lleva a la vida. Cristo es el ‘camino’ que nos lleva a la verdad. Cristo es la verdad hecha camino. Cristo es la vida verdadera. Nuestra salvación es seguirle, conocerle y amarle[1]. Amarnos unos/as a otros/as.
Para Jesús el ‘camino’ que lleva al Padre pasa por la no violencia, el perdón, la reconciliación, la humildad, la entrega, el servicio. En ese itinerario están en un lugar privilegiado los enfermos, los pobres, los que sufren, especialmente las mujeres; la pobreza tiene rostro de mujer, mujeres sin derechos, sin voz, maltratadas, violentadas. El ‘camino’ es Cristo, el ‘camino’ es la persona, el ‘camino’ son los/las vulnerables.
El camino no es un conjunto de doctrinas, dogmas, cumplimientos o méritos, sino una persona, Él mismo. Creer en Jesús es confiar en él, aceptar su palabra, seguir sus pasos. El camino que Cristo nos muestra es el camino del amor.
Las mujeres acompañan a Jesús desde los comienzos: María Magdalena, Juana, la mujer de Cusa, Susana, y otras muchas… ellas le reconocen como maestro y anuncian la Buena Nueva al igual que los discípulos. El evangelio apócrifo de Pedro las nombra ‘discípulas’, hecho insólito tratándose de un ‘maestro judío’ que nunca dejaría que le acompañaran en sus desplazamientos ni que se iniciaran en el aprendizaje de la Ley. Lucas, lo señala de nuevo al final, con ocasión de la muerte de Jesús (Lc 23,49).
¿Qué pensar de las restricciones y/o discriminaciones que la Iglesia católica sigue manteniendo con las mujeres respecto a la predicación oficial de la Palabra, su negativa al acceso del diaconado y del presbiterado? ¿Por qué se priva, y se nos priva, de la inmensa riqueza que las mujeres podemos aportar a las comunidades cristianas, muchas de ellas ya sin atención espiritual? Si el Maestro rompió todos los convencionalismos sociales, culturales y religiosos, si hizo caer las barreras que existían y todavía persisten entre hombres y mujeres, e inauguró el discipulado de iguales como espacio abierto al encuentro fraterno-sororal, ¿cómo se mantiene todavía esa injusta división y opresión?
En los escritos joánicos la palabra ‘verdad’ aparece con frecuencia y con muchos matices. El sentido bíblico de ‘verdad’ remite a un significado existencial. Proviene del término hebreo ‘emet’, que expresa ‘ser firme’, ‘estar seguro’, ‘ser fiel’. Sin embargo, la ‘verdad’ bíblica también incluye la idea de la integridad moral y ética. En el texto que nos ocupa, la verdad se emplea para describir a Jesús como la realidad suprema y la revelación definitiva de Dios.
Asimismo, la verdad en la Biblia tiene un aspecto liberador. Jesús dice a los judíos que habían creído en él: ‘conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres’ (Jn 8,32). Conocer la verdad significa experimentar a Cristo aceptando sus enseñanzas como verdad absoluta y viviendo en fidelidad a ellas. El verdadero discipulado supone conocer la verdad de Cristo de forma experiencial. No se trata de una verdad conceptual de la mente o el intelecto, sino la verdad de quién eres/soy más allá del nombre y la forma.
La gran novedad cristiana es que Cristo mismo es la verdad (Jn 14,6). Jesús es el camino que lleva al Padre, porque él es la verdad y comunica un conocimiento vital de Dios; eso es dar la vida. La ‘verdad’ es Jesús mismo, su enseñanza y su obra redentora, liberadora.
Hoy seguimos manteniendo barreras por el mero hecho de ser diferentes unos de otros, tener otra cultura, lengua, religión, raza, sexo, género, estatus social, etc. Creer en la buena noticia de Cristo es trabajar para que desaparezca todo lo que separa y divide a los hombres y mujeres, a los pueblos... Recordar a Pablo: “¿Quién te hace a ti superior?, ¿qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿a qué tanto orgullo, como si nadie te lo hubiera dado?” (1Cor 4,7)
Darnos cuenta de que dones, talentos, carismas o conocimiento todo proviene de la gracia divina y nos permite reconocernos hermanos/as unos/as de otros/as. Descubrir la verdad es fruto del encuentro personal con el Dios de Jesús. De hecho, nos puede llevar a buscar la verdad en lugares totalmente inesperados o con personas de otras creencias y en cualquier circunstancia.
El concepto ‘vida’ es la expresión más rica para expresar la capacidad de nacer, respirar, desarrollarse, procrear, evolucionar y morir de un ser vivo. Algo difícil de definir en pocas palabras.
Los hombres y mujeres del A.T. no pueden entender la vida si no es en referencia a Dios. Toda vida procede de Dios (Gn 2,7). Dios crea la vida y está detrás de todos los procesos naturales que la conservan: “Amas todo cuanto existe y no aborreces nada de lo que hiciste; pues si odiaras algo, no lo habrías creado…/… Pero a todos perdonas, porque todos son tuyos, Señor, amigo de la vida. Todos llevan tu soplo incorruptible” (Sab 11,24.26)
‘Vida’ es el término teológico preferido de Juan. Es la vida de Dios que se comunica a los hombres y mujeres por medio de Jesús, su Hijo. Expresa un don especial de Dios: “Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn 10,10). Jesús, Mesías e Hijo de Dios es la Palabra de la vida, la vida misma manifestada; el contenido de esa Palabra es el amor leal, incondicional.
Cristo viene a la tierra a traer palabras de vida, a eliminar todo lo que impida a una persona vivir en plenitud. Apuesta por la calidad de vida de hombres y mujeres, les hace saber que son hijos e hijas y no siervos, así como el cuidado de la creación.
Meditamos la Palabra
¿Qué me dice a mí, personalmente el Evangelio? Miramos nuestra propia vida. ¿Cómo lo vivimos en nuestra familia, grupo, parroquia, comunidad…?
Oramos con la Palabra
Te doy gracias Abbá-Imma, porque me reconoces como hija amada tuya.
Creo que soy gracia y don en medio de mis hermanos y hermanas y todo lo he recibido de Ti.
Eres Camino, Verdad y Vida y me invitas a serlo también entre y con los demás.
Dame audacia en este mundo escéptico y autosuficiente.
Dame esperanza en esta sociedad indiferente y cerrada.
Dame amor en medio de tanto desamor y egoísmo.
Dame perseverancia y resiliencia en este ambiente superficial y conformista.
Soy hechura de tu Ser y modelas cada acción, aunque reconozco mis limitaciones: yo también tengo miedo, a veces desconfío de las personas y siento cansancio...
Ayúdame a compartir mis dones, mis talentos con los/as que más lo necesitan.
Enséñame a ser como tú, a amar con tu corazón, a gastar mi vida amando y sirviendo a los/as que sufren.
Dame fuerza, Abbá-Immá para ser camino, verdad y vida y continuar tu obra.
Amén.
Contemplamos al que es la Palabra
Guardo silencio. “La esencia del movimiento es la quietud y la esencia de la palabra es el silencio” (Friedel Kloke-Eibl).
Repito en mi interior: Eres Camino, Verdad y Vida. Acompáñame, guíame.
Vivimos la Palabra, compromiso
¿A qué me compromete el mensaje de fe de este relato?
Como hermanas, unimos nuestras fuerzas confiadas en el espíritu nuevo que nos infunde nuestro Padre-Madre Dios. Acoger, escuchar, integrar, salir a las periferias, compartir nuestros bienes, sanar, sostener, afrontar las adversidades, alzar nuestra voz institucional y comunitariamente, evangelizar, orar… son algunas de las acciones para ser camino, verdad y vida.
Música: Camino, verdad y vida. Salome Arricibita (You Tube Music)
Tú eres mi Camino, Jesús. Patricia Morales.
Camino, verdad y vida. Coro Misión País.
[1] I. Vega Amado, Yo soy el camino, la verdad y la vida, Y vosotras, ¿quién decís que soy yo?, DDB, Bilbao, 2000