Cuaresma Feminista
#8MCuaresma
En el #8M, el color morado vuelve a ser señal de conversión, cambio y renovación
La Palabra de Dios nos invita hoy a atravesar las puertas que, una vez atravesadas, hacen posible el diálogo, la escucha, la conversación, el reconocimiento mutuo.
La voz de Jesús resuena alta y clara en su diálogo con la samaritana. Él rompe barreras y supera el miedo al qué dirán y a los prejuicios. Para Él lo más importante es que aquella mujer salga del “siempre fue así”, salga de su zona de confort.
Jesús quiere y consigue traspasar esa puerta al lado del pozo y consigue que la mujer haga lo mismo. A los ojos de Dios no hay diferencias entre las personas: la dignidad que Él nos regala nos iguala y nos hermana. Nosotros vamos levantando muros y barreras con los prejuicios, con la distancia, con la violencia, con el maltrato.
Como sabemos el color de la cuaresma es el violeta, color de conversión, de cambio, de renovación y transformación personal. Cada domingo se nos invita a traspasar la puerta violeta de nuestra vida que supone dejar atrás, y sin ningún tipo de remordimiento, todas aquellas actitudes y comportamientos que van contra el proyecto de Jesús, que nos hace iguales, que rechaza el desprecio a causa del género, de la manera de vivir el amor y los afectos, de la manera de entender la vida o del color de piel que podamos tener. De este modo el color violeta se convierte para todas las personas creyentes en un color de esperanza, de novedad para encarar el futuro desde lo presente. Un presente que no supone silencio delante del menosprecio de las personas ni desigualdad en un mundo en el que, diciendo que somos iguales, acaba por marcar diferencias de desigualdad.
En el #8M, el color morado vuelve a ser señal de conversión, cambio y renovación: que sepamos también todas y todos nosotros atravesar la puerta violeta que deje atrás perjuicios, violencia, discriminación y desigualdad.