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La Resurrección de las Ancestras: Donde el Velo se Convierte en Bandera

#8MCuaresma

¿Es posible que la fe de la abuela y nuestra sed de justicia beban del mismo cáliz violeta?

#traslashuellasdesophía (15)

Recuerdo esta época en la casa de mi infancia en San Pedro Nonualco, el morado llegaba con el olor al sahumerio y el silencio denso de la Cuaresma. Mi tía Maurita Hernández, bordaba los vestidos de mi abuelita y de las mujeres del pueblo, vestidos de color obispo, pesados y solemnes, para habitar un duelo que parecía eterno. Para ellas, el morado era la realeza del sufrimiento; para nosotras, las mujeres que hoy habitamos la madurez de los 50, ese mismo color ha estallado en las calles como el símbolo de la realeza de nuestra autonomía.

¿Es posible que la fe de la abuela y nuestra sed de justicia beban del mismo cáliz violeta?

Esta historia es un tejido vivo de fe y resistencia. En San Pedro Nonualco, El Salvador, el bordado no es solo adorno; es una narrativa de soberanía y devoción que ha pasado por las manos de generaciones de mujeres.

Las Costureras de San Pedro Nonualco: El Hilo que Sostiene lo Sagrado

En este rincón de la zona paracentral de El Salvador, existe una tradición que desafía el tiempo. Las mujeres de San Pedro Nonualco no solo bordan ropa; ellas visten la divinidad. Su labor más emblemática es la confección y el bordado de la túnica de Jesús Nazareno, una pieza que el pueblo considera sagrada y que se convierte en el centro de las miradas durante la Semana Santa.

1. El Bordado como Oración y Poder

Para estas costureras, cada puntada en el terciopelo morado de la túnica del Nazareno es una oración. Pero desde nuestra perspectiva de teología feminista, es algo más: es la demostración de que lo sagrado necesita del trabajo de la mujer para manifestarse. Sin sus manos, el Nazareno no tendría majestad. Ellas son las que otorgan la "realeza" a la imagen a través de hilos de oro y aplicaciones meticulosas que pueden tardar meses en completarse.

2. La Resistencia en el Pespunte

San Pedro Nonualco es tierra de tradiciones arraigadas (como las famosas "Palancas"), pero el trabajo de las bordadoras a domicilio ha sido históricamente una de las formas más invisibilizadas de economía y arte.

3. El Vestido de las Mujeres y el Vestido de Dios

Hay una simetría poética en San Pedro: las mismas manos que bordan los vestidos de las mujeres del pueblo para las fiestas patronales o la Semana Santa, son las que bordan la túnica de Jesús.

"En las manos de las bordadoras de San Pedro Nonualco, el morado de la Cuaresma deja de ser un color de luto para convertirse en una cartografía de identidad. Cuando ellas bordan la túnica de Jesús Nazareno, no solo están cumpliendo una promesa; están dejando su huella dactilar en la historia oficial de la fe. Cada hilo de oro es una palabra que sacamos de la nota al pie de página para decir con orgullo: Aquí estuvimos las mujeres, tejiendo la esperanza cuando el mundo solo veía dolor."

El Diálogo Imaginario: Dos Mujeres, un Solo Tinte

En un instante, me imagino, que me siento en la silla de madera junto a la máquina de coser. Frente a mí está ella: mi tía Maurita Hernández, con sus hilos, agujas y su costura impecable. Llego con mi cabello encanecido con orgullo, mis lecturas de teología feminista bajo el brazo y ese pañuelo morado que es mi escudo.

En ese espacio sagrado que es el cuarto de costura. En ese espacio silencioso, me doy cuenta de que su resistencia silenciosa (esa capacidad de sostener la vida contra viento y marea) fue la semilla de tu resistencia activa. Ella guardó silencio para que nosotras pudiéramos hablar; ella rezó por un "mañana mejor" que nosotras, hoy, estamos construyendo con nuestras propias manos.

La Resurrección no es un Evento, es un Acto de Memoria

La teología feminista nos enseña que la resurrección no es solo un dogma del futuro, sino un compromiso con el presente. Resucitar a nuestras ancestras significa sacar su historia de la nota al pie de página y ponerla en el cuerpo del texto.

Es entender que el morado del duelo de Semana Santa y el morado del feminismo se cruzan en el concepto de la Dignidad. Ambas vertientes declaran que el cuerpo de la mujer no es un territorio para el sacrificio inútil, sino un espacio de revelación divina.

"No estamos solas frente al altar ni solas en la marcha. Caminamos sobre los hombros de gigantes que usaron velos morados para cubrir sus lágrimas, mientras nosotras usamos pañuelos morados para secar las de las que vienen".

EL OLOR DE LA SEMANA SANTA.

En muchos de los pueblos salvadoreños, si hubiera que definir un olor que los caracteriza durante la Semana Santa, seguramente ese olor sería el de la flor de coyol. Si bien, también está presente el aroma del incienso, éste último no es exclusivo de la Semana Santa; mientras que la floración del corozo, sí.


La floración y el fruto de la palmera de coyol se han usado, desde hace cientos de años, en contextos rituales en San Pedro Nonualco. La flor y los tiernos brotes, se usan en cuaresma; y sus frutos, en gajos, eran adornos tradicionales de los altares navideños. Estos son los símbolos de la tradición indígena de la comunidad, parte de la memoria persistente, que ha quedado como un legado de las viejas creencias y prácticas, y siguen teniendo sentido y valor para los pobladores.

Un Altar de Arte y Bordado: El Ritual de las Fotos

Para cerrar este círculo de sanación, te propongo un ejercicio de intervención artística:

  1. Busca una fotografía antigua: Esa imagen de tu madre, tu tía o tu abuela donde se vea contenida, seria o quizás demasiado "devota".
  2. Toma aguja e hilo violeta: Comienza a bordar sobre la imagen. No para taparla, sino para liberarla.
  3. Borda símbolos de poder: Una corona de flores sobre su cabeza, alas que brotan de su espalda o palabras que ella nunca se atrevió a decir: Libre, Amada, Dueña, Santa.

Al perforar el papel con la aguja, estás rompiendo el tiempo. Cada puntada es un "te veo", "te reconozco" y "te libero". Ese hilo morado es el cordón umbilical que nos une a través de las generaciones.

Oración de las Agujas Soberanas

Dios de los hilos y de las tramas,

Bendice hoy las manos de mis abuelas, las bordadoras de San Pedro,

esas que con el ojo cansado y el corazón encendido,

convierten el terciopelo del duelo en el manto de la realeza.

Bendice el morado de su hilo,

porque en cada puntada sobre la túnica del Nazareno,

ellas están bordando también nuestra propia libertad.

Que al perforar la tela, rompan el silencio de los siglos;

que al anudar la hebra, aten nuestra historia al cuerpo del texto sagrado.

Diosa de la Vida,

Que el mundo no solo vea la procesión que pasa,

sino la huella dactilar de la mujer que, en la penumbra,

sostuvo la belleza para que el dolor no tuviera la última palabra.

Que nuestra fe sea como su bordado:

meticulosa, resistente, dorada y, sobre todo,

hecha por nosotras mismas.

Amén.

Canto: Dignificada de Lila Downs

https://youtu.be/RuYDLbifj70?si=MNI5Kyr0jz53Rlyb

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