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El abuso espiritual y el 'giro católico' de la generación Z

“Señor, dame de esa agua” (Jn 4,5-42)

#LectioDivinaFeminista

Jn 4,5-42

Dame de esa agua

(Buscamos el momento y el lugar adecuados en este tiempo de gracia y oración. Podemos encender una vela, colocar un icono, una cruz, la Biblia o el Evangelio)

Nos preparamos a escuchar la Palabra. Hacemos silencio exterior e interior. Acompasamos la respiración inhalando y exhalando pausado relajando nuestro cuerpo.

Abbá Dios, tengo sed de Ti. Mi egoísmo, mi tristeza, mis rencores, mis rutinas, mis apegos, mis seguridades, mis pertenencias, los méritos… nada de eso me colma. Tengo sed de Ti y sólo podré saciarme en Ti. Señor, dame de tu Agua: tan solo un sorbo de esperanza bastará.

2. Lectura creyente (Lectio). Leemos el texto saboreando la Palabra y descubriendo el mensaje de fe que guarda.

3. Meditamos la Palabra (Meditatio). ¿Qué me dice a mí, personalmente el Evangelio leído? ¿Soy receptiva al agua que Jesús me ofrece?

4. Oramos con la Palabra (Oratio). Desde el texto leído y meditado, entramos en diálogo personal con el Señor. Podemos compartir lo orado en nuestro grupo, en la comunidad.

5. Contemplamos al que es la Palabra (Contemplatio). Contemplo a Jesús en el trasfondo de esta escena, en su vida.

6. Vivimos la Palabra, compromiso (Actio). ¿A qué me compromete el mensaje de fe?

“Señor, dame de esa agua” (Jn 4,5-42)[1]

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era cerca del mediodía. En esto, una mujer samaritana se acercó al pozo para sacar agua. Jesús le dijo:

Los discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:

Jesús le respondió:

Contestó la mujer:

Jesús replicó:

Entonces la mujer exclamó:

[…]

Señor, veo que eres profeta. Nuestros antepasados rindieron culto a Dios en este monte; en cambio vosotros, los judíos, decís que es en Jerusalén donde hay que dar culto a Dios.

Jesús respondió:

La mujer le dijo:

Entonces Jesús le dijo:

[…]

Muchos de los habitantes de aquel pueblo creyeron en Jesús por el testimonio de la samaritana, que aseguraba: “Me ha dicho todo lo que he hecho”. Por eso, cuando los samaritanos llegaron donde estaba Jesús, le insistían en que se quedara con ellos, y se quedó dos días. Al oírle personalmente, fueron muchos más los que creyeron en él; de modo que decían a la mujer:

Palabra de Dios.

Reflexión

En este camino intenso hacia la Pascua, la samaritana nos representa a todas y todos: cántaros vacíos que nunca terminamos de saciar nuestra sed más profunda. Jesús espera, ruega, mendiga y nos ofrece su Agua Viva: el Espíritu Santo-Ruah. La conversación discurre entre las resistencias, la desconfianza y las hábiles artimañas de la mujer. El agua es el tema obligatorio.

Jesús comienza a hablar con ella de lo que lleva en su corazón. En un momento de la conversación, la mujer le plantea los problemas que enfrentan a judíos y samaritanos. ¿Dónde hay que adorar a Dios? ¿Cuál es la verdadera religión? ¿Qué piensa el profeta de Galilea? El discurso se ensancha. Se sigue hablando del agua, pero da la impresión de que no se trata del agua que tienen delante. El forastero se refiere a una fuente, que nada tiene que ver con el pozo. Menciona el tema de la sed, pero la mujer tiene la impresión de que sus palabras adquieren un sentido que le resulta desconocido, incluso misterioso.

¿Qué problemas enfrentan, hoy, a los hombres y mujeres de nuestro mundo? Tenemos muchos recursos para escapar de la verdadera cuestión. Con frecuencia, nos ponemos a la defensiva y nos detenemos en cuestiones periféricas, nos enzarzamos en discusiones bizantinas o en cosas que no tienen importancia y los asuntos esenciales no los afrontamos, los eludimos para no comprometernos demasiado.

La religión y el culto han sido utilizados por el hombre para encubrir la falta de seriedad y responsabilidad ante la vida. Han amparado el egoísmo, la hipocresía, la opresión, el abuso de las personas, la explotación de los/as trabajadores/as, la irresponsabilidad, la mentira… La mujer de Samaria desvía la conversación hacia la cuestión de la legitimidad del culto que ella celebra. Es una forma de engañarse. Igual que lo hacemos nosotros/as hoy.

Jesús le hace caer en la cuenta de que el culto verdadero no está en las formas, sino en la vida. El culto que no refleja las actitudes ante la vida y las situaciones humanas es falso. Por el contrario, establecer condiciones justas para poder realizar la fraternidad-sororidad, conquistar la libertad para todos y todas, optar por los/as más débiles y vulnerables, tomar en serio la comunión con los demás, desarrollar las posibilidades de la persona humana… es celebrar el culto en espíritu y en verdad.

Jesús, al pedirle agua a la samaritana entra en diálogo con ella, es decir, al estar sediento de la fe de aquella mujer, infunde en ella la gracia de la fe, la hace centrarse en su ser esencial.

El alma ignorante o la mente dispersa, representada en el pasaje por la mujer samaritana, se acerca al pozo, a uno de los muchos pozos del mundo donde espera calmar su sed. El pozo es también símbolo de cada alma humana en cuyas aguas permanece oculto el Yo esencial en espera de ser descubierto cuando la persona esté preparada para el encuentro.

El tiempo, la hora de que habla Jesús, habrá de llegar cuando se ha comprendido que el Dios verdadero, el Padre, a la vez trascendente e inmanente, cercano, no ha de buscarse en ningún lugar físico: catedral, monte, capilla, Roma o Jerusalén, sino que ha de ser adorado en el santuario del cuerpo; esto es, en espíritu y en verdad. En cualquier cárcel, en la sala de cuidados intensivos de un hospital, entre ‘pucheros’ de una cocina o lugar de trabajo, en el silencio de la casa puedo tomar una decisión que va a cambiar mi vida. Hoy, no mañana. El futuro esperado o temido se ha inaugurado ya. Jesús obliga a la mujer -y a nosotros/as con ella- a plantar cara al presente, al aquí y al ahora. Eso es elevar nuestro corazón hacia Dios.

Jesús no habla a la samaritana de “adorar a Dios”. Su lenguaje es nuevo. Hasta por tres veces le habla de “adorar al Padre”. El verdadero culto empieza por reconocer a Dios como Padre querido que nos acompaña y nos habita en nuestro interior a lo largo de nuestra vida. Solo el descubrimiento de la presencia del Ser eterno en el corazón de la persona calma su sed verdadera.

La experiencia viva de lo Real disipa el temor, el deseo, los’ yoes’ con los que nos identificamos que resultan engañosos y no calman nuestra sed de Dios. Es lo que ella llama ‘sus maridos’. El verdadero esposo del alma es el Espíritu-Ruah y es ahí donde se va a encontrar el agua viva que Cristo ofrece.

Los cinco maridos pueden también hacer referencia a los cinco sentidos corporales, a través de los cuales el alma se pierde seducida por los numerosos señuelos y demandas del mundo exterior.

Cuando los ‘yoes’ son contemplados por la conciencia despierta, vigilante, como meras potencialidades del alma, ayudan a la persona a entrar en sí misma hasta encontrar la fuente de donde mana el agua viva de la Vida Eterna.

Meditamos la Palabra

¿En qué pozos nos dispersamos con cierta frecuencia? ¿Soy receptiva al agua que Jesús me ofrece?

El encuentro entre Jesús y la persona humana nunca es inocuo, jamás deja las cosas tal como estaban antes. La samaritana lo había intuido desde el principio; por esa razón había intentado sustraerse a tal encuentro. Y ahora no queda otro remedio que ponerse a conjugar el verbo ‘cambiar’ hasta sus últimas consecuencias. Es un verbo incómodo, exigente, comprometedor, que casa muy bien con el adverbio ‘inmediatamente’. Nos obliga a abandonar cosas que antes parecían esenciales y a darnos cuenta de realidades que hasta el momento habían permanecido ocultas.

Oramos con la Palabra

¿De qué tiene sed mi corazón? De libertad: vivir sano y sin esclavitudes, sin dependencias. De verdad: que la mentira no se adueñe de mí, de nosotros/as. De justicia: de un mundo sin maldad, sin opresión, sin violencia. De amor: sentirme querida/o y saber amar. ¡De Dios!: “de ti tengo sed y por ti desfallezco en una tierra árida, seca y sin agua” (Sal 63,1-2)

Contemplamos al que es la Palabra

Cuando el encuentro alcanza el ‘mediodía’, la hora de la luz plena, de la gran revelación y de la respuesta decisiva, algo estalla dentro de ti y adviertes la necesidad de involucrar también a los demás, de hacerlos partícipes de ese gozo. El descubrimiento personal se hace participación, relato, comunicación, celebración compartida. La mujer, al igual que el/a cristiano/a, descubre su vocación misionera. No es un lujo, algo añadido, un apéndice del que se puede prescindir, sino una urgencia:Venid a ver un hombre que me ha adivinado todo lo que he hecho. ¿Será acaso este el Mesías?”.

Cuestión abierta que, cada uno/a, ha de llegar a su propia conclusión personal, a hacer su propio camino. No es el punto de llegada, sino el de partida.

El amor del Abbá-Immá ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu-Ruah que se nos ha dado. Señor, Jesús: ¡Guíanos, protégenos de todo mal!

Vivimos la Palabra, compromiso

Hoy, Día mundial de la mujer, nos hacemos eco del Manifiesto de “La revuelta de mujeres en la Iglesia” del año 2025, que hoy, actualizamos.

Revuelta de mujeres en la Iglesia.

CREYENTES Y FEMINISTAS: POR UNA IGLESIA EN IGUALDAD.

MANIFIESTO

La Revuelta de mujeres en la Iglesia sale a la calle un año más para reclamar una Iglesia de iguales. Por sexto año en toda España y por tercer año en Asturias, nos sumamos a una oleada que ya ha llegado a 32 ciudades españolas, en las que nos manifestamos a las puertas de nuestras catedrales e Iglesias para recordar que el bautismo nos otorga a todas y todos, la misma dignidad.

Como dijo San Pablo, “Ya no hay judío o griego, varón o hembra, esclavo o libre, porque todos somos uno en Cristo Jesús” (Gal 3,28)

Es hora de que las mujeres tomemos la palabra y de que esa palabra sea tenida en cuenta. Porque en la Iglesia la palabra no es propiedad privada, sino pan compartido desde la fraternidad y el servicio.

Como creyentes y feministas tomamos la palabra para llamar la atención sobre los numerosos episodios de violencia sexual conocidos este año en el mundo político y en los ámbitos deportivo y del espectáculo. Mientras crece la conciencia social sobre estos hechos deleznables, nos percatamos a la vez de la profundidad y la extensión de la plaga: que el maltrato y el abuso están presentes y normalizados en muchos entornos y que el mundo de la justicia los aborda con frecuencia con patrones inapropiados.

Tampoco la Iglesia, lo sabemos, está exenta de abusos, no solo de menores, sino también de mujeres adultas. Unimos nuestra voz al clamor de las mujeres abusadas y convertidas en objeto sexual en todo el mundo. Su clamor ha de ser también el de todos los cristianos para que llegue a las entrañas de la Iglesia.

EL BAUTISMO QUE NOS IGUALA

En esta celebración del 8 de marzo, el agua es el símbolo del bautismo que nos iguala desde la raíz. Pedimos que el AGUA VIVA del Espíritu nos renueve

- para que todas las mujeres del mundo aprendamos a ser libres,

-para que todas las mujeres creyentes, de las diferentes iglesias, comunidades y movimientos del mundo, aprendamos a reconocer nuestros dones y a hacer oír nuestra voz,

-para que el don de la sabiduría nos empuje a crear redes de cuidado, de afecto, de conocimiento y de celebración jubilosa allí donde nos encontramos.

CREYENTES Y FEMINISTAS

Necesitamos encontrarnos en una iglesia nueva, donde no exista la exclusión de la mujer.

Reivindicamos nuestra presencia en la gestión y representación de la institución eclesial.

En la toma de decisiones.

En el acceso a todos los ministerios.

En la reflexión teológica, la predicación y la trasmisión de la fe.

En el acompañamiento y dirección de los seminarios.

En una visión positiva de la sexualidad que evite tanto sufrimiento.

En un cambio de la imagen de Dios, exclusivamente masculina.

Queremos dar la bienvenida a los avances del Sínodo que ha reconocido que la Iglesia necesita contar más con las mujeres.

Lamentamos que no se haya avanzado más, pero sabemos que el camino emprendido es irreversible y que las mujeres seguiremos nuestra lucha para que la Iglesia sea de verdad una comunidad de iguales, como la quiso Jesús.

No nos resignamos ni nos frustramos.

Seguiremos poniendo nuestras manos, nuestro corazón y nuestro espíritu para lograrlo.

Sabemos que la tarea es larga, porque el patriarcado no acepta perder sus privilegios, ni dejar de seguir imponiendo su visión mientras relega a las mujeres en un lugar secundario.

Por esta razón estamos aquí todas juntas, por eso la Revuelta de mujeres en la Iglesia ha salido a la calle, en 30 ciudades de España, para decir QUE SOMOS CREYENTES Y FEMINISTAS.

Y que seguiremos luchando HASTA QUE LA IGUALDAD SE HAGA COSTUMBRE, en el mundo y en la Iglesia. AMÉN.

También, un NUEVO LIBRO de Mª José Torres Pérez (Pepa) para quienes la conocemos y leemos. Vivas nos luchamos, Ed. San Pablo, Madrid, 2025

https://www.religiondigital.org/otro_mundo_es_posible/Vivas-luchamos_7_2838086170.html


[1] Reproduzco los párrafos más significativos, por razón de brevedad.

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