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UNIDAS EN EL DOLOR POR LA ESPERANZA

#8MCuaresma

¿Qué hago como MUJER que sé y escucho gemir a otras MUJERES y a la MADRE TIERRA?

#traslashuellasdesophía (22)

La voz de cualquiera de las madres buscadoras mexicanas asume la voz del salmista, implorando la misericordia divina. Sea o no una creyente activa, pero si una, lacerada por el dolor, que no encuentra a la hija o al hijo, y que en cada día que se aleja de la última vez que supo de su existencia, es muy improbable que siga viviendo. Hijas e hijos que tal vez fueron secuestrados por narcotraficantes con todas las implicaciones consecuentes, desde la trata de blancas hasta la muerte.

La voz de las madres del conflicto palestino-israelí, que desde los últimos años del siglo XIX [1] hasta el hoy, siguen siendo unas que claman por las suyas y los suyos que mueren, lacerados por las armas o en guetos bajo circunstancias inhumanas o de hambre, o como botín de guerra.

La voz de las mujeres ucranianas que desde hace ya dos años viven una guerra por conflictos de disputa por posesión de tierras raras, entre sus actuales dirigentes políticos, mientras aquellas entierran a sus muertos, a sus hijos.

La voz de las mujeres afganas que bajo regímenes autoritarios y limitantes las quieren anular, utilizándolas como objetos de placer, reproducción y sometimiento, bajo cárceles de tela.[2]

La voz de mujeres iraníes que dependiendo de quién sea su líder, les permita o no ser sometidas en su persona, queriéndolas adiestrar ideológicamente para beneficio de los varones.

La voz de las mujeres activistas latinoamericanas que defienden sus tierras y ríos de empresas trasnacionales extractivistas que lo que quieren es arrasar con los recursos naturales para su beneficio particular.

La voz de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que desde marzo de 1976 empezaron a denunciar al ver desaparecer a sus hijas e hijos por el gobierno que amparaba la última dictadura cívica militar que ha vivido el país argentino.

La voz de las mujeres africanas en sus diferentes puntos geográficos que viven una pobreza extrema ocasionada en mucho por el cambio climático y que ven morir de hambre y sed a sus hijos e hijos con desnutrición severa.

Señor, escucha mi oración, 

que mi grito llegue hasta ti; 

no me escondas tu rostro 

el día de la desgracia. 

Inclina tu oído hacia mí; 

cuando te invoco, escúchame en seguida.

Sal 110, 1-3

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Reflexionando e interpelándome es: ¿Qué hago como MUJER que sé y escucho gemir a otras MUJERES y a la MADRE TIERRA, para erradicar la injusticia y el dolor sobre ellas y los que las rodean y habitan? Porque escuchando al salmista:

“Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.” Sal, 26, 14

Tal pareciera que conlleva a una espera pasiva, ¡por supuesto que no! Ya que es una invitación que contiene una necesidad de fortaleza, de fe y valentía que cada uno posee gracias a la Ruah divina y que confiando en estos dones como parte de nuestra riqueza entonces podemos ponerlos en práctica para beneficio comunitario, especialmente de los más necesitados, pero también es una propuesta implícita para que utilicemos la herramienta más potente que el creyente tiene, la ORACIÓN. Y entonces sí, trabajando desde nuestras plataformas particulares, pueda una desde lo más profundo de nuestro corazón y con las manos ampolladas por nuestro trabajo, clamar: Porque espero en Ti sabiendo y sintiendo que me sostienes, te traigo mi confianza y mi trabajo, para que Tú los magnifiques donde y con quién se necesiten.

Martha Eugenia,

Mujer Mariposa.


[1] https://humanidades.com/cronologia-del-conflicto-entre-israel-y-palestina/

[2] https://www.rtve.es/noticias/20251101/aliyeh-ataei-escritora-afganistan-mejor-mujeres-no-suenos/16789907.shtml

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