Arzobispo Gallagher: "La Santa Sede sigue siendo la conciencia crítica del sistema global"
Con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, el arzobispo presenta un análisis geopolítico para principios de 2026. Llama a superar la lógica armada y la resignación: "Una señal concreta para comenzar el año podría ser la elección de gestos verificables"
(SIR).- Disuasión nuclear, crisis olvidadas y el peso de las palabras en los conflictos globales. Con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, el arzobispo Paul Richard Gallagher, Secretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales, hace balance del orden global a principios de 2026. Desde la fragmentación geopolítica hasta la normalización de las emergencias humanitarias, el prelado británico enfatiza el papel de la Santa Sede como "conciencia crítica" del sistema internacional y pide "gestos verificables" para una verdadera reconciliación.
-Excelencia, el Papa habla de una paz "desarmada y desarmante". En un mundo basado en la disuasión, ¿qué medidas realistas pueden indicar un cambio de paradigma?
-Durante la Guerra Fría, la disuasión nuclear se aceptó a veces como una medida provisional de equilibrio, mientras se realizaban esfuerzos para trabajar, de manera concertada, hacia un desarme progresivo. Posteriormente, se firmaron diversas convenciones internacionales destinadas a limitar la proliferación de armas de destrucción masiva, en particular las armas nucleares. Lamentablemente, este esfuerzo ha quedado incompleto. Cabe destacar que, con el menor compromiso con el desarme y la paz, también se ha perdido de vista la lucha contra el hambre, la pobreza, la migración forzada y la promoción de los derechos humanos fundamentales.
-¿Qué se ha perdido al abandonar la vía del desarme progresivo?
-De hecho, la verdadera paz no es fruto únicamente del desarme, sino que se basa en la confianza y las relaciones pacíficas entre los pueblos. Solo la verdadera paz garantiza una seguridad integral, que no se reduce a cuestiones meramente militares. En el contexto actual, donde reina cierto "desorden internacional",
No podemos resignarnos a una lógica puramente oposicional, en la que las relaciones entre los pueblos corren el riesgo de limitarse al miedo mutuo y, por tanto, a la dominación de la fuerza
No olvidemos que siempre es posible, más aún, deseable, el camino del diálogo, un diálogo “humilde y perseverante” , como nos exhorta el papa León XIV, para contribuir a un cambio de rumbo, a reconstruir relaciones de confianza y para el bien de toda la humanidad.
-Se habla de una crisis en el orden internacional, de un retorno a los bloques o de un pluralismo inestable. ¿Qué escenario le parece más realista?
El escenario que vivimos no es simplemente multipolar: es profundamente inestable. No estamos presenciando un retorno ordenado a los bloques del pasado, sino una fragmentación en la que...
Las alianzas cambian, la ley a menudo se subordina a la fuerza y el miedo se convierte en un criterio político
Vemos esto claramente en Ucrania, Oriente Medio, el Mar Rojo, el Sahel y otras partes del mundo.
-En este contexto de inestabilidad, ¿qué espacio le queda a la Santa Sede como mediador creíble?
-El papa León XIV advirtió contra un sentimiento generalizado de impotencia que, en realidad, es rendición: cuando se considera inevitable el resultado de las decisiones humanas, se pierde la claridad. En este contexto, la Santa Sede se presenta no como un actor geopolítico entre otros, sino como una conciencia crítica del sistema internacional, un centinela en la noche que ya ve el amanecer, que reclama responsabilidad, derechos y la centralidad de la persona. Su credibilidad como mediador reside en su negativa a aceptar la guerra como algo normal y en su capacidad de mantenerse firmemente anclada en la dignidad de las personas y los pueblos involucrados.
-La polarización mediática parece tener un impacto directo en la dinámica de los conflictos. ¿Cuánto influye el lenguaje en la construcción o el fracaso de la paz hoy en día?
-Tiene un impacto enorme. Hoy en día, el lenguaje no se limita a describir los conflictos: a menudo los precede, los prepara y los alimenta.
La simplificación, la demonización del adversario, el uso sistemático del miedo y la psicosis de la guerra hacen que la paz sea impronunciable incluso antes de ser impracticable
Este es un hecho que afecta tanto a los medios de comunicación como a la comunicación política. Crea un clima en el que el compromiso se percibe como debilidad y se deshumaniza al enemigo.
-¿Qué consecuencias concretas tiene esta dinámica en el plano diplomático?
-El Papa recordó que la paz fracasa cuando se vuelve indecible, cuando ya no se encuentran las palabras adecuadas para concebirla como inminente. Un lenguaje que renuncia a la verdad y a la complejidad crea un mundo distorsionado, en el que el compromiso se presenta como traición y la violencia como necesidad. Incluso en el plano diplomático, este es uno de los principales obstáculos para la paz. La Santa Sede sigue insistiendo en un lenguaje que no divida ni alimente el miedo ni el odio, sino que una y facilite el reconocimiento mutuo, incluso entre adversarios.
-La Secretaría de Estado de la Santa Sede
-La Secretaría de Estado asiste directamente al Romano Pontífice en el ejercicio de su misión universal. Se divide en tres Secciones: Asuntos Generales, Relaciones con los Estados y Organizaciones Internacionales, y Personal Diplomático. En concreto, la Sección de Relaciones con los Estados gestiona las relaciones diplomáticas de la Santa Sede, la firma de acuerdos internacionales y la representación ante organismos multilaterales, actuando como interlocutor estable entre la Iglesia y la comunidad internacional.
-Muchas crisis humanitarias siguen marginadas de la atención internacional. ¿Cuáles corremos el riesgo de ignorar en 2026?
-El mayor riesgo para 2026 es la normalización de la emergencia. Pienso en particular en varias zonas del África subsahariana, las poblaciones afectadas por conflictos olvidados y las consecuencias humanitarias de las crisis climáticas, que exacerban las tensiones existentes. Incluso algunas situaciones en Oriente Medio corren el riesgo de ser interpretadas solo estratégicamente, perdiendo de vista el impacto humano.
-¿Qué denunció el Papa respecto a esta "normalización de la emergencia"?
El papa León XIV denunció claramente una tendencia preocupante:
Mientras el gasto en rearme crece enormemente, la capacidad de ver a las víctimas disminuye
Cuando la seguridad se piensa casi exclusivamente en términos armados, todo lo que no encaja en esta lógica se vuelve invisible.
-¿Qué medidas urgentes deben tomarse?
-Las medidas urgentes son bien conocidas: protección de los civiles, acceso a la ayuda humanitaria, apoyo a las poblaciones más vulnerables, un compromiso renovado con la prevención de conflictos y el fortalecimiento de las instituciones supranacionales. Sin este cambio de perspectiva, el riesgo es que la indiferencia se vuelva estructural. Esto plantea otro problema preocupante: los focos de conflicto abierto se han multiplicado y extendido tan ampliamente con el tiempo que
Ya casi no hay espacio en la atención pública para las 'crisis menores', como la pobreza, la corrupción, la discriminación y la explotación de personas
Estas son las crisis que corren el riesgo de caer cada vez más en el olvido. Y es aquí donde la Iglesia y la Santa Sede pueden hacer tanto, llamándolas la atención y trabajando por el bien de todos.
-En un contexto de desconfianza y fragilidad social, ¿qué significa hoy educar para la paz?
-La paz proviene de Dios. Justificar la violencia con la religión es una ofensa al Dios Trinitario, que es amor. Educar para la paz hoy significa contrarrestar una cultura de cerrazón y oposición que permea no solo las relaciones internacionales, sino también las sociedades internas. El papa León XIV enfatizó la conexión entre la paz y la cohesión social, recordando que no puede haber paz entre las naciones sin que primero se restablezca la confianza dentro de las comunidades.
-¿Qué señal concreta puede dar un país para comenzar el 2026 como un tiempo de verdadera reconciliación?
-El Jubileo está llegando a su fin, pero sigue siendo tiempo de reconciliación. Una señal concreta para comenzar el 2026 podría ser la elección de gestos verificables, no simbólicos: reabrir los canales de diálogo interrumpidos, apoyar iniciativas humanitarias conjuntas incluso entre países en tensión, respetar los acuerdos ya firmados y promover políticas que reduzcan la desigualdad y la exclusión. Como nos recordó el Papa, la paz no nace de grandes declaraciones, sino de decisiones concretas que demuestren que otro camino es posible y viable.