Gallagher: "La diplomacia prepara el camino para la paz; un gesto puede abrir un camino"
El diplomático vaticano participó en Asís en el seminario anual de formación de la Universidad Católica del Sagrado Corazón. En su intervención evocó el histórico encuentro que sentó las bases de los Pactos de Letrán entre el cardenal Merry del Val y el ministro Pietro Fedele
(Antonella Palermo/Vatican News).- “Ningún acuerdo nace sin la disposición a encontrarse, pero los gestos piden ser traducidos en reglas justas y duraderas”. Así lo afirmó monseñor Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales, durante un pasaje de su intervención, con la que inauguró en Asís el seminario anual dirigido a profesores de Teología y asistentes pastorales de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, dedicado este año al tema “San Francisco y los caminos de la reconciliación”.
Entre los invitados al encuentro “El Señor te dé paz. Por una teología pacificada y pacificadora” —cuyo programa de formación se desarrollará durante cuatro jornadas, hasta el 10 de septiembre— también estuvieron Maria Tripodi, subsecretaria de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional, y monseñor Marco Malizia, asesor para asuntos religiosos del mismo Ministerio.
Dieron inicio a los trabajos el alcalde de Asís, Valter Stoppini; Elena Beccalli, rectora de la Universidad Católica del Sagrado Corazón; monseñor Mario Delpini, arzobispo de Milán y presidente del Instituto Giuseppe Toniolo; y monseñor Claudio Giuliodori, asistente eclesiástico general de la Universidad.
Este último recordó la fuente de inspiración del compromiso de una universidad que, durante décadas, ha hecho mucho para combatir las derivas nazi-fascistas mediante una cultura del diálogo y de la paz, formando también a numerosos jóvenes intelectuales que realizaron una contribución fundamental a la redacción de la Constitución italiana, “cuya grandeza de visión, riqueza de valores y solidez de estructura apreciamos cada año más”.
Beccalli compartió este planteamiento y destacó el papel de una “cultura de la negociación”, el valor fundamental de la teología para las distintas disciplinas y la misión de las universidades como instituciones de paz.
La rectora también anunció la próxima publicación de un libro, editado por Vita e Pensiero, sobre la herencia de san Francisco en los diferentes ámbitos académicos de la Universidad, y afirmó: “Las universidades, particularmente las católicas, deben construir puentes entre las civilizaciones. Deberíamos invertir mucha energía en esto”.
Hace un siglo, el encuentro que sentó las bases del Concordato
El representante del Vaticano recordó una página significativa de la historia de las relaciones entre la Santa Sede y el Estado italiano, remontándose al encuentro que tuvo lugar el 4 de octubre de 1926, en el mismo Palacio de los Priores donde hoy se celebra el evento.
En aquella ocasión se encontraron el cardenal Rafael Merry del Val, legado pontificio —definido por León XIV como un “verdadero diplomático del encuentro”—, y el diputado Pietro Fedele, ministro de Instrucción Pública.
Fue un gesto que contribuyó a poner en marcha el proceso formal que llevaría, tres años después, a la firma de los Pactos de Letrán.
“Un gesto puede abrir un camino —subrayó Gallagher— el derecho puede darle estabilidad”.
A partir de ahí, profundizó en la importancia de considerar el contexto institucional y político en el que nació el Concordato, profundamente diferente del actual. Sin embargo, señaló que los criterios fundamentales siguen siendo válidos y deben continuar inspirando una “sana colaboración”, como precisa la Gaudium et spes, en favor del bien común.
La libertas Ecclesiae no es un privilegio corporativo
Por un lado, el Concilio Vaticano II y, por otro, la maduración de la sociedad civil y la evolución del ordenamiento estatal condujeron posteriormente al Acuerdo de 1984, que modificó de común acuerdo la normativa concordataria. En él se establece el compromiso bilateral de respetar el principio de independencia y soberanía tanto del Estado como de la Iglesia católica.
Es precisamente en este punto donde insistió monseñor Gallagher, al afirmar que “distinción” no significa “ajenidad” y que “colaboración no significa confusión”.
En particular, señaló: “La libertas Ecclesiae no es un privilegio corporativo: garantiza a la Iglesia la libertad necesaria para cumplir su misión y protege la dimensión comunitaria e institucional de la libertad religiosa”.
Colaboración leal por el bien común
El propio hecho de que se haya firmado el Acuerdo, continuó Gallagher, demuestra que “la estabilidad no coincide con la inmovilidad: la continuidad de una relación basada en acuerdos puede requerir también la capacidad de adaptar de común acuerdo su normativa a las condiciones históricas cambiantes”.
Luego destacó los dos tipos de frutos que produjo aquel gesto. Para la Iglesia, significó libertad y seguridad jurídica en el ejercicio de su misión; para el Estado, proporcionó un marco estable para abordar asuntos de interés común, alejándolos de la precariedad de las circunstancias políticas.
Para ambas partes, abrió también la posibilidad de colaborar en ámbitos que van desde la educación hasta la protección del patrimonio cultural y la asistencia caritativa.
“No es un privilegio”, recordó nuevamente el diplomático vaticano, reconocer la realidad social de la Iglesia, citando al cardenal Casaroli, porque debe valorarse su contribución dentro de una sociedad pluralista, en la que también actúan otras religiones y personas con distintas convicciones.
Convivencia de las diferencias
La intervención de monseñor Gallagher concluyó con una afirmación de plena actualidad: “El diálogo auténtico no elimina las diferencias, sino que busca las condiciones para que puedan convivir mediante una colaboración leal”.
Finalmente, puso el acento en la dimensión de don que tiene la verdadera paz, aquella de la que escribió san Francisco de Asís en su Testamento.
Por lo demás, la labor humana prepara el terreno y lo hace fértil para acoger este don: “La diplomacia no produce por sí sola la paz; pero puede preparar las condiciones humanas, políticas y jurídicas para que esta pueda echar raíces”.